Columnistas
24/02/2020

Un mañana mejor

Un mañana mejor

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Hoy en día mucha gente joven (y no tan joven) es incapaz de planear a largo plazo. Entonces si alguien les pregunta: “¿Qué vas a hacer el día de mañana?”, algunos no tienen idea y, sobre todo, no creen que la vida les depare algo mejor. Como resultado, se dedican únicamente a vivir el presente y a disfrutar cada momento con intensidad.

En mis charlas por todo el país conozco a mucha gente, en especial de entre 25 y 35 años, que sienten angustia y tristeza porque no logran decidir qué harán con sus vidas. Por lo general, poseen una actitud frente a la vida de gran individualismo que los hace sentir un vacío interior permanente. Pues poco les importa el otro y solo procuran “pasarla bien hoy”. Mañana no importa demasiado.

Quien adopta esta actitud solo tiene lugar en su agenda para la planificación de corto alcance, lo cual le impide negociar su libertad para lograr sueños grandes (un título universitario, una familia, un negocio o emprendimiento que arranque de cero, etc.). Lo cierto es que si anhelamos tener logros en nuestra vida para crecer cada año que pasa un poco más, tenemos que estar dispuestos a entregar parte de nuestra libertad en pos de un objetivo hacia adelante.

Mucha gente pasa de una cosa, o de personas, a la otra todo el tiempo frenéticamente porque vivimos inmersos en una cultura que nos empuja a “disfrutar el momento” sin que todo lo demás importe. Dicha actitud nos mantiene en una insatisfacción permanente porque vos y yo fuimos diseñados para crecer y avanzar en la vida. Por eso:

Solo cuando divisamos un horizonte a largo alcance, somos capaces de disfrutar el ahora y atravesar cualquier crisis con éxito.

Cuando muchos de nosotros éramos chicos, los adultos nos decían que debíamos terminar el secundario y que, si elegíamos no estudiar, teníamos que trabajar. Aunque yo no disfrutaba la escuela secundaria, llegué hasta el final porque tenía un objetivo a largo alcance: seguir una carrera universitaria. Y conservo ese anhelo por aprender hasta el día de hoy. Estoy profundamente agradecido con mi madre que me animó a fijarme metas de largo alcance. Si sos padre, te animo a hacer lo mismo con tus hijos y a enseñarles a soñar en grande. En especial, por medio de tu propio ejemplo. Porque:

Cuando perseguimos sueños grandes, nos levantamos cada día pensando qué haremos para acercarnos a su realización.

Muchas personas caen en depresión porque no tienen claro hacia dónde quieren ir en la vida. ¡No tienen una razón por la cual vivir! Pero pase lo que pase a nuestro alrededor, un sueño hacia adelante siempre nos empuja a seguir y a no abandonar. En este tiempo te invito a atreverte a proyectar un mañana mejor, a comenzar a planificar a largo alcance (si no lo has hecho aún) y, sobre todo, a moverte para lograr eso que soñás.

Viví y disfrutá cada momento, pero proponete siempre estar un poco mejor cada día, cada semana, cada año. Es decir, perseguir y alcanzar metas que te permitan construir un mañana mejor. ¡Te lo merecés!

Por consultas, podés escribir a [email protected]

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