Columnistas
11/07/2019

Crimen

Es barilochense de tercera generación por parte de madre y su ascendencia paterna lo acercó desde muy joven a la comunicación y la palabra. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Comahue. 

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En la ciudad perdida vivían ellos. Tenían gorros azules como el horizonte y respondían siempre al nombre que se daban. Y no es que este escritor no los sepa, pues podrían llamarse Arcturianos o Droodleanos, pero todos sabemos que nuestro nombre es lo menos.

Vivían en el futuro es cierto, en un tiempo no más lejano sino más veloz. Y no es que todas las cosas pasaban rápido como en las películas de Chaplin, sino, por el contrario, pasaban mucho, pero mucho (extremadamente) más lento.

Un gran egocentrismo entró un día a visitarlos. Trazó su mano oscura por sus cuellos. Fue tan posesivo que los incluyó en un cuento, como si fueran peluches o personajes de ficción. No puso un punto final hasta no extinguir su luz en su mente. Y se quedó aquí. Al ras del piso.

*El escritor barilochense comparte aquí los textos que componen su serie "Escenas existenciales". Los cuadros en prosa poética invitan al lector a subirse a un vuelo al borde del lenguaje, para entrever las contradicciones y vestigios palpitantes de lo específicamente humano.

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