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FUE PROTAGONISTA DEL ARTE CONTEMPORÁNEO BARILOCHENSE

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27/05/2019

Sin Ruth Viegener, quedamos un poco más pobres

Sin Ruth Viegener, quedamos un poco más pobres
Sin Ruth Viegener, quedamos un poco más pobres

La noticia de su temprano fallecimiento trascendió durante el fin de semana. Una artista de vanguardia que siempre innovó y cuestionó. Su partida dejó trunco otro de sus proyectos ambiciosos.

Siempre estuvo adelante y en los bordes. Quizá la memoria falle en el cronista y vaya a saberse dónde quedó el archivo del viejo “Diario Bariloche”, pero muy probablemente fuera Ruth Viegener la primera en montar una instalación en esta ciudad. Fue en el SCUM, hace casi un cuarto de siglo y hasta sonido tenía aquella obra, insólita para el promedio que por entonces, asumían las manifestaciones plásticas barilochenses.

Más recientemente, con sus “Heroínas” captó la atención del conjunto de sus vecinos y vecinas, estuvieran familiarizados o no con los conceptos del arte contemporáneo. Ruth se dejó imbuir por el espíritu de los bicentenarios americanos pero vio aquellos sucesos fundacionales con óptica de mujer. Primero, confeccionó nueve de los bustos, a los que pudimos apreciar en una galería de existencia tan efímera como luminosa. Luego, la serie completa se instaló en el Museo Histórico Nacional, nada más y nada menos. Corría agosto de 2015: las obras subieron al camión mientras copos de nieve molestaban el desempeño de los fleteros, pero al mismo tiempo despedían el trabajo más ambicioso y desmesurado de la gran artista.

Adelante, en los bordes y a la escucha: cuando dos años antes, las nueve iniciales nos habían dejado con la boca abierta en Farrarons Fenoglio, el autor de esta crónica confió algunas impresiones de forma personal, más allá de la reseña que escribiera para este diario. Recordemos las palabras de la inmensa que se fue prematuramente: “Por sugerencias que me aparecieron en el Facebook y también personalmente, están Guacolda y Micaela Bastidas.

Yo estaba muy enfocada en mujeres que hubieran trabajado en la emancipación, o sea entre 1810 y 1820 según la región. Pero saltaron dos pedidos que fueron escuchados, analizados y aceptados, así que se amplió el espectro. Justo cuando me hicieron la sugerencia, estaba leyendo los resultados de un congreso que se hizo en Perú sobre la participación de la mujer en la emancipación americana y la frase fundamental después de esa lectura fue: la emancipación empezó cuando Colón pisó América. Entonces, dije: listo… Está clarísimo que es así”. Guacolda fue la compañera del toqui Leftraro o Lautaro y la segunda, compartió el destino revolucionario de Túpac Amaru. Viegener, de mayores alemanes, fue americanísima.

Construir biografías

Sobre todo para sus últimos trabajos, se documentó muchísimo. Continuidad gráfica del conjunto escultórico “Heroínas” resultó “Leche de burra”, una serie de publicaciones inclasificables que tuvieron como intención ahondar en el universo de cada mujer revolucionaria. En ocasiones, la tarea resultó fundacional porque de tanta marginación patriarcal, ni siquiera existía biografía a reconstruir: había que construirla.

Los primeros números se dieron a conocer en la Fiesta de la Palabra de 2017, en una de esas noches barilochenses a las que acusar de gélidas es poco. Por entonces, las “Heroínas” estaban en el Centro Atómico pero solo se podían visitar con cita previa. Lejos de contentarse con las esculturas, Ruth quiso saber más sobre quiénes fueron aquellas mujeres, meticulosamente silenciadas por las narraciones históricas hegemónicas. Para ahondar, contó con la complicidad de Verónica Rapela y Mireya Rivarola, música la primera y artista plástica la segunda. Pero el trabajo se tornó más colectivo de manera paulatina.

Por entonces, Ruth ya era una auténtica historiadora de género. Los dos primeros números de “Leche de burra” se consagraron a Mariquita Sánchez y Javiera Carrera. La primera es relativamente conocida por los argentinos y argentinas porque según parece, fue quien interpretó inauguralmente la canción patria que luego se convirtió en el himno, aunque Viegener aportó que esa reducción tiene más que ver con una caricatura que con su real dimensión. La segunda fue hermana de los Carrera y formó parte del ala izquierda de la revolución en Chile, hasta que la derrota de Rancagua incidió en un desplazamiento hacia la derecha en las filas revolucionarias. Tal es así que sus hermanos fueron fusilados en Mendoza. Ella se vio forzada a un exilio de 12 años en Montevideo.

“Javiera Carrera no lo pasó nada bien”, introdujo Ruth esa noche. De una expresión de la trasandina había tomado el colectivo artístico su nombre porque “la leche de burra, como la música, es un alimento que tiene en su esencia el poder de la reparación. Sus propiedades han servido, desde el tiempo de los antiguos griegos hasta la época colonial, para curar tuberculosis, irritaciones abdominales y estados nerviosos”, según podía leerse en las “Palabras previas” de cada publicación.

De la lectura de estos párrafos podría sacarse una conclusión apresurada: antes que “nacional y popular”, Ruth fue una tremenda librepensadora y esa vocación por la libertad se expresó en su arte. Nunca se interesó por la moraleja fácil o la obra de fácil digestión. A veces fue enigmática, otras provocadora, siempre inquieta e inclusive, mantuvo discusiones consigo misma o con otras épocas de su producción. Sin Ruth Viegener, quedamos un poco más pobres.

En nuevas constelaciones

“Me mató el corazón”, le dijo Anahí Mariluan al que firma. Irán a disculpar la primera persona del singular pero el que avisa no traiciona: soy compañero en la vida de la cantora mapuche. Junto a Ruth, estaba trabajando en un proyecto otra vez desmesurado, que iría a llamarse “Quillango”. La intención era exponerlo en la sede neuquina del Museo Nacional de Bellas Artes y constaba de una suerte de quillango gigante que se inauguraría a través de una performance, mientras la tradicional vestimenta gününa küna o tehuelche brindaba un abrazo al público. Mariluan debía ponerle música al proyecto. Hacía un mes que no respondía sus mails. “Quedé con un dolor desconocido”, agregó.

Lorraine Green y José Martín Villalonga compartieron la que creo, fue la última muestra de Ruth Viegener en el SCUM: “Reposa bajo este cielo”. Con la primera y otras artistas, había impulsado nueve años atrás el insólito ciclo “Austrocedrus – Arte contemporáneo a cielo abierto”, cuyos testimonios todavía pueden observarse en el Paseo de las Colectividades. El segundo, publicó en unas de las redes sociales: “así te recordaré, imaginando nuevas constelaciones, reposando bajo este cielo y cuando salga por las noches a la montaña para ver las estrellas, sé que ahí voy a encontrarte”. Quizá ya esté conociendo a las heroínas que la desvelaron en la última década.

Adrián Moyano