El arroyo Ñireco y una historia más vieja que la de Bariloche
Cuando se prolongan las sequías llega a ser noticia porque su caudal se torna escaso para abastecer de agua potable a los barrios del sur de Bariloche. Pero en tiempos de Super Niño también suele ganar la portada de El Cordillerano, porque al bajar sus aguas de forma tan torrentosa y con tantos sedimentos, dificultan sobremanera la filtración que hace falta para llegar a miles de canillas. Casi siempre hay excusas para tener presente al “agua de los ñires”.
Tal vez sea llamativo para muchos vecinos que el Ñireco nazca en la ladera oriental del cerro Ventana, pero así es y después de un recorrido por el cual atraviesa una cantidad considerable de barrios, desagua en el lago Nahuel Huapi, precisamente a la altura del barrio que también tomó su nombre.
En los últimos días adquirió protagonismo noticioso porque su considerable incremento motiva la intervención del Departamento Provincial de Aguas (DPA) y otras áreas, que desde julio último trabajan para mejorar su escurrimiento. Pero más allá de provocar dolores de cabeza o preocupación en moradores vecinos, la historia del Ñireco se entronca con la barilochense a largo plazo, a tal punto que hay menciones al curso de agua para épocas en que el poblado apenas se insinuaba.
De hecho, de la toponimia que perdura en la zona, el suyo es uno de los nombres más antiguos, a tal punto que ya se llamaba así cuando llegaron las tropas argentinas en la segunda fase de la llamada Campaña al Desierto. En febrero de 1883, es decir, algo más de 143 años atrás, una columna al mando de Jorge Rohde buscaba el famoso Paso de Bariloche. Para la jornada del 23 de febrero, anotó: “A las 6 y 45 m hago alto en la orilla del importante arroyo Nyrrye Co; así llamado por los muchos árboles nyrrye, que crecen en ambas orillas”. Esa fue la ortografía que legó el militar.
Su poblada desembocadura.
En su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004), Juan Martín Biedma consignó que “este vocablo, compuesto de ñirre o ñire, un árbol fagáceo (nothofagus pumilio) y co, agua, lo podríamos traducir como agua del ñire o de los ñires”. Para llegar a esa conclusión –más bien obvia en la actualidad– el estudioso consultó varios diccionarios español-mapuzungun de vieja data.
La descripción que sumó se detuvo solamente en la variante arbustiva. “Este árbol, de tronco elevado en Chiloé (en realidad, aquí también) y muy opuesto a pumilio, forma en la cordillera alta matorrales humifusos (sic) y bien enmarañados, bajo los cuales se defienden los zorros contra las nevadas y vendavales. Así se explica la derivación de la palabra ñirre de ngeru, zorro, y además el significado adquirido (de) matorral”. En este caso, Biedma se basó en el aporte de Ernesto Wilhelm de Moesbach, quien trabajó al oeste de la cordillera y nunca merodeó en cercanías del Nahuel Huapi.
“Algunos ñires, con el peso de la nieve invernal arrastran sus ramas por el suelo formando un tejido enredado, un nirantal que es difícil cruzar sin machete. Para Groeber, ñire derivaría de neren”, que significa tejer”, arriesgaba Biedma. En la década de 1960, cuando escribió su libro, el autor reconocía que se trata de un topónimo “de vieja data. Jorge Bronsted lo registra en su Plano y descripción topográfica de los territorios andinos en 1883, y lo escribe nyrreo-eó”.
Es que Ñireco se escribió de muchas maneras diferentes: “Con variada ortografía lo registran los mapas. Por ejemplo: Fonck en Plano ilustrativo escribe Ñirrecó; en los mapas anexos a la Memoria sobre frontera argentino-chilena, Ñirico; Bailey Willys, Ñiricó y Hosseus, Ñirico. Todas las citas refieren a trabajos que se escribieron entre 1898 y 1940.
Desde la perspectiva deportiva, hay que decir junto con Biedma que “en las nacientes del Ñireco, el Club Andino levantó un refugio a 1570 metros sobre el nivel del mar en un lugar estratégico para deportes de invierno y andinismo por su vecindad a los cerros Ventana, Ñireco, Meta o Pontoneros y las montañas que forman las nacientes el río Ñirehuau (sic). El refugio lo construyó Santiago Heinzle y se inauguró el 4 de marzo de 1945”.
Desde su apertura “fue muy concurrido, sobre todo en invierno, en oportunidad de la carrera de bajada del Ñireco, hasta que desplazada por otras canchas, fue suspendida en septiembre de 1950”. O sea, la competencia apenas si duró cinco años. En el presente, el arroyo no es noticia por los resultados de determinado slalom, sino por su importancia como fuente de abastecimiento hacia buena parte del sur de Bariloche. Además, tiene mucha historia.