Rivalidad como la de Boca – River, pero en las montañas de Bariloche
Quienes vivieron “aquellos episodios” admiten que en la actualidad quedaron “en el terreno de las anécdotas”, pero 60 años atrás, en las alturas de Bariloche se dio una rivalidad deportiva que tuvo considerables consecuencias institucionales e inclusive, vecinales. Los enconos derivaron de una situación que terminó con el monopolio que, en la práctica, había ejercido una entidad señera de los deportes invernales.
Precisamente, “la creación del Ski Club Bariloche (SCB) tuvo lugar a mediados de la década del 60, en un punto de inflexión de la historia del esquí deportivo argentino. El centro invernal Cerro Catedral, en aquel entonces el más importante de Argentina, necesitaba urgentes mejoras para ponerse a la altura de la demanda de los esquiadores y también había voces que reclamaban que Bariloche tenga otro club de esquí”.
Hasta entonces, “los niños concurrían a esquiar a la escuela del Club Andino Bariloche que reunía los deportes de esquí y montaña, y también a la Escuela Catalina Reynal, financiada por la filántropa, residente en Buenos Aires”. Como mencionó El Cordillerano unos días atrás, por esos años “Catalina se desentendió de su escuela, que comenzó a ser dirigida por barilochenses. Algunos padres de chicos que estaban en la escuela fueron protagonistas del cambio que permitió crear una nueva institución”.
Las alternativas se relatan en el libro “Ski Club Bariloche 60° aniversario. 1966-2026”, que elaboró para marcar tan trascendente cumpleaños el periodista y escritor Toncek Arko. Por entonces, “el ambiente del esquí palpitaba la realización del Campeonato Mundial en Portillo (Chile), que por primera y única vez emigró al hemisferio sur”.
De este lado de la cordillera, “el esquí deportivo estaba concentrado en el CAB y en Buenos Aires en el Club Argentino de Ski (CAS), las dos instituciones más importantes y tradicionales del esquí argentino, cuyo peso en la Federación Argentina de Ski y Andinismo (FASA) es equivalente al de River y Boca en la AFA”, parangona el relato. Dos décadas después de su puesta en marcha, “Catedral demandaba nuevos medios de elevación y mejor infraestructura para las competencias deportivas”.
El refugio de la institución díscola en 1970. Gentileza Toncek Arko.
Desde agosto de 1965 presidía la institución barilochense Vicente Ojeda “en una revolución de socios jóvenes que desplazaron a los dirigentes ya veteranos”, contextualiza el relato de Arko. La retirada de la filántropa fue uno de los condicionantes que incidió en la aparición de un espacio nuevo. “Con el fin de revitalizar la escuela creada por Catalina Reynal y mantener su apoyo económico, numerosos padres de alumnos y también instructores, comenzaron a reunirse y delinear estrategias de acción”.
A escondidas
En consecuencia, “un grupo de ellos, liderado por Joaquín Hardt, convocó a una reunión ampliada que tuvo lugar en dependencias del hotel Tres Reyes, en la avenida Costanera”. Si bien las dimensiones de Bariloche hicieron difícil el cometido, “la convocatoria se hizo un poco a las escondidas, pues ninguno quería que se entere la gente del Club Andino”, reconoció Enrique David, socio fundador y directivo del futuro club, al igual que su esposa, Aurelia Lampa.
El proceso había arrancado unos meses atrás. En marzo “hubo una tensa reunión entre algunos padres y socios del CAB, donde Hardt intentó convencer a Charles Sisa y otros de que había que formar un nuevo club de esquí, absorber la escuela Catalina Reynal y construir un refugio en el terreno que ella tenía en Catedral”. Aquella convocatoria “fue exitosa. El acta fundacional, fechada el 7 de mayo de 1966, detalla a los presentes: Federico Lantschner, Margarita Moos de Bachmann, Enrique David y Aurelia Lampa de David, Eric Hains, Gertrudis y Jan Hijnberg, Dieter Schneider, Gustavo Kammerer” y un largo etcétera.
Fueron designados Joaquín Hardt y Edwin Díaz Stukemberg, como presidente y secretario de la asamblea constitutiva, donde los presentes, acordaron crear una nueva institución deportiva de esquí, que bautizaron Ski Club Bariloche”. Imagínense las tensiones: “varios de nosotros nos fuimos a una cena que había en la Asociación de Caza y Pesca, junto al lago Nahuel Huapi, donde también había gente del CAB, pero nadie les contó que ya teníamos un nuevo club”, recordó Aurelia.
Los chicos de la entidad que cumplió 60 años. Gentileza: Toncek Arko.
Se calcula que, por entonces, Bariloche contaba con bastante menos de 30 mil habitantes, de forma que debió ser difícil preservar el secreto. “Durante el primer invierno, los chicos comenzaron a esquiar en el cerro Otto. ¿Su profesor? Otto Meiling”, otrora figura emblemática del CAB. “Entre los niños estaban los hermanos Giménez, los Papa, Bachmann, Celoria, Djapic, Norma Navarro y otros, que formaron la segunda camada de corredores, a partir de 1975”, según el escrutinio de Arko.
Ojeda presidió el CAB durante 19 años y tuvo que vivir la secesión. A pedido del autor del libro, recordó los sucesos por vía escrita. “Entre otros episodios durante mi presidencia me tocó vivir la escisión de algunos socios que fundaron el Ski Club Bariloche. Este hecho merece ahondar en los antecedentes que en definitiva culminaron en aquel acto”, dice el relato del exdirectivo, que ahonda en acontecimientos en los que afloraron divergencias de criterios y hasta enconos personales.
Conmoción
El origen de la nueva entidad “provocó una fuerte conmoción en el CAB y tuve que afrontar al término de mi primer año como presidente una situación bastante complicada, tanto en el frente interno como en el externo. Lo que más me dolió fue que se esgrimiera como razón de la escisión una falta de compromiso con (Catalina) Reynal por parte del CAB, cuando en realidad se trató de apetencias personales”, consideró.
“Hay que decir que por aquel entonces el aporte de Catalina sostenía un trabajo de perfeccionamiento y entrenamiento de corredores, la mayoría de los cuales tenían una buena posición económica, cuando no muy buena”, cuestionó. “El CAB no podía financiar ese programa por lo cual fue bienvenido el aporte de Reynal. Muchos de los que participaron en aquellos cursos de entrenamiento se dicen ex alumnos de la Escuela Catalina Reynal, lo cual no tiene asidero alguno. Solo fueron cursos”.
Además, “me ha quedado el gusto amargo de saber que la ilustre dama nunca supo toda la verdad del caso. En lo personal nuestra relación siguió siendo la misma: plena de agradecimiento a quien me posibilitó, como a varios más, aprender a esquiar”, aportó el extitular del CAB en relación con la filántropa. “En el orden interno, varios miembros de la comisión directiva impulsaron una propuesta de expulsión de aquellos socios que habían protagonizado la situación”.
Ojeda se opuso “pues entendí que ello profundizaría las diferencias que, en todo caso, deberían pasar por una distinta visión de la política deportiva, y no por una enemistad personal. Pude sostener la situación por algún tiempo, sin embargo, en una oportunidad en que estuve ausente, la comisión directiva decidió la expulsión de varios socios, llevando ello, tal cual yo lo previera, a un distanciamiento más acentuado”, lamentó.
Con tamaño mar de fondo, “en esos primeros años la rivalidad deportiva fue tremenda y en todo caso mostró que había lugar para dos clubes de esquí”, balanceó. “En el orden institucional las relaciones se encauzaron con frialdad, pero con el debido respeto. Sin duda alguna el advenimiento del doctor Arturo Delgado -quien nada había tenido que ver en el traumático episodio- a la presidencia del Ski Club allanó el camino para una relación mucho más amigable”.
“El tiempo, en su natural devenir, dejó aquellos episodios en el terreno de las anécdotas. Los personalismos cedieron lugar a acciones concertadas en beneficio de una buena convivencia.”, cerró Ojeda. “Hoy la cordialidad en el ambiente deportivo privilegia el último fin: el bien del deporte. Los antiguos amigos seguimos siendo amigos y juntos lamentamos la partida de los que ya no están”. En 2026, el Boca – River de la montaña ya no es tan tremebundo, pero a su modo, igual despierta pasiones.