Dice psicoanalista de Bariloche: “no hay casos severos, severa es la vida cotidiana”
“Los términos del psicoanálisis no son muchos y están endiabladamente intricados. Son extremadamente solidarios entre sí”, avisa Alejandro Izaguirre. El psicólogo y escritor se referirá próximamente a sus dos libros más recientes: “Fantasma, síntoma y regresión”; y “Paradojas en psicoanálisis. Farfulleos y collages”. El primero de los títulos va por una segunda edición que el autor consideró pertinente ampliar.
En intercambio con El Cordillerano, el especialista adelantó que la suya “será una charla que gire en torno a una cantidad de ideas que vengo trabajando hace varios años y que volqué principalmente en mis dos últimos libros”. A propósito, “los términos del psicoanálisis no son muchos y están endiabladamente intricados. Son extremadamente solidarios entre sí. Con esto quiero decir que las palabras que usamos no son conceptos, más bien comportan interrogantes, incógnitas y deben ser relacionadas entre sí para anudar alguna idea que siempre soportará el temblor de su fragilidad”, alertó.
Así las cosas, tales términos “adolecen de una profunda opacidad, ambigüedades no ajenas a la paradoja”, precisó. Según Izaguirre, “uno de los problemas es que estamos muy habituados a pensar de forma binaria, entonces, los términos adquieren cierta alteridad disyuntiva. Por ejemplo: vicio y virtud, bien y mal, saber y verdad, placer y displacer, goce y deseo, pulsión de vida y pulsión de muerte, etc.” Un largo etcétera.
Sin embargo, “cuando nos acercamos de manera un poco más quirúrgica, descubrimos esa imbricación que subvierte una simple oposición, reversibilidad o complementariedad”, contrapuso el psicólogo. En consecuencia, “uno de los recorridos que intentaré hacer va en ese sentido: trabajar esa complicada relación entre saber, verdad y certeza para arribar a esa fórmula por demás lacunaria (sic) o llena de opacidades, áspera y evanescente, que es la idea de un sujeto del inconsciente”.
Para el inminente expositor, se trata de “casi un oxímoron, ya que la palabra sujeto arrastra toda una tradición en la filosofía que remite a substancia, a lo que subyace como esencia. Sin embargo, “¿cuál es su condición de posibilidad? La retórica en este caso no es otra que conjetural y lo que podríamos llamar el nacimiento del sujeto, algo improbable. Por eso hablamos en psicoanálisis de metapsicología y no de epistemología”, estableció.
La conversación que prevé no se agotará en las consideraciones anteriores. “La temporalidad del inconsciente es otro de los tantos temas que trataré de abordar, si me da el tiempo y no me pierdo en estos laberintos”, ironizó Izaguirre. “La cuestión es que a estos temas los considero cruciales en nuestra práctica. Hace unos años hablaba de casos severos. Bueno, creo que estaba equivocado. La vida es severa y la psicopatología, lo es de la vida cotidiana”.
Incluso los legos en la materia podrán reconocer en la aseveración anterior la “honestidad brutal y brillante con que Freud titula uno de sus mejores libros”, explicó el psicólogo. El austriaco “también habló de patologías normales y, sobre todo, tuvo la audacia de recoger las llaves que otros dejaron caer espantados, entre ellos, su profesor (Jean Martin) Charcot, quien dijo cosas muy inteligentes, entre ellas: La teoría es buena, pero eso no evita que las cosas sean como son”.
Además, el autor ya tiene su propio y prolongado recorrido. “Cuando tenía unos 25 años escribí mi primer librito, se tituló La causa como lugar”. Ahora cuenta con 65. “En esa época, leyendo a Freud, me encuentro con una frase que para mí fue como un directo a la mandíbula. Palabras más, palabras menos, Freud afirmó en 1896, años antes de que escribiera La Interpretación de los sueños, que el saber es inoperante en la cura…. El paciente no sabría qué hacer con ese regalo que se le obsequia. Tremendo”.
A pesar de tamaño mazazo, “nuestra esperanza paradojal es que esta legalidad ligada a cierta imposibilidad de inscripción se mantenga”, reflexionó el psicoanalista. “La verdad en psicoanálisis es una operación de retorno de esa imposibilidad de inscripción. Lugar de la repetición también paradójica, ya que su causa, la causa de la repetición, es justamente la imposibilidad de repetir, lo que en cierto sentido no deja de ser una inscripción”, destacó.
“En términos de quien considero el más brillante psicoanalista argentino, Juan Bautisto Ritvo, recientemente fallecido, una nada que está lejos de ser nada. Bueno, por ahí irán los tiros”, prometió Izaguirre. El aludido falleció en mayo pasado. Su empecinado lector seguramente lo traiga a colación el próximo sábado (19 de septiembre) desde las 11 en La Compañía Café (Frey 135). Hay que pensar más en una charla que en una clase magistral.