HISTORIA DE AMOR
Quién es Patricia, la mujer que enamoró al Negro Rada y lo acompañó en sus últimos días
Detrás de los escenarios y de una trayectoria que transformó la música uruguaya, Rubén Rada construyó junto a Patricia Jodara un vínculo que atravesó más de cuatro décadas. La pareja logró combinar orígenes, costumbres y experiencias muy diferentes en una familia donde el amor y el respeto ocuparon siempre un lugar central.
La historia comenzó durante los años ochenta, en un boliche donde el artista se encontraba tocando. En aquel momento, el Negro tenía 37 años y ella apenas 21. La atracción fue inmediata, aunque la relación debió superar rápidamente un importante obstáculo: la madre de Patricia se oponía por la diferencia de edad y porque Rada no pertenecía a la colectividad judía.
Aquella resistencia inicial se fue desarmando con el paso del tiempo y dio lugar a una relación de afecto entre ambas familias. Rubén Rada y Patricia Jodara finalmente consolidaron su pareja y tuvieron dos hijos, Matías y Julieta. El músico, que también era padre de Lucila junto a María Fernanda Vivanco, destacaba con humor la diversidad cultural de su hogar: “Tenés hijos negros y judíos”.
Para el artista, esa convivencia representaba una riqueza y no una fuente de conflictos. Sus raíces africanas y la tradición judía de su esposa se integraron naturalmente en la crianza de los chicos. “El amor es el amor; vinimos a este mundo para amar, no para estar todos iguales”, afirmaba al rechazar los prejuicios y las etiquetas que podían intentar separarlos.
La pareja también atravesó un período de distancia cuando Patricia vivió en Francia, pero el reencuentro confirmó el deseo de compartir un proyecto familiar. Desde entonces, acompañó al músico durante sus viajes, sus desafíos profesionales y las distintas etapas de una carrera que no dejó de crecer. Rada también encontró un fuerte respaldo en Víctor Jodara, el padre de su esposa, a quien recordaba como una persona respetuosa y abierta.
Las diferencias entre sus historias personales también aparecieron al momento de educar a Matías y Julieta. El cantante había crecido en un hogar humilde y comenzó a trabajar siendo muy joven, mientras Patricia consideraba indispensable que sus hijos completaran su formación. “En casa de eso no se habla; estudiar hay que estudiar de cualquier manera”, era la postura que ella sostenía ante cualquier discusión sobre el tema.
El peso de un apellido tan reconocido tampoco resultó sencillo para sus hijos. Matías, que heredó la vocación musical, llegó a sentir temor frente a las comparaciones y durante un tiempo evitó cantar para no quedar reducido a ser “el hijo de Rada”. Frente a esa presión, el Negro Rada intentó acompañarlo y transmitirle la libertad que había defendido durante toda su vida y su obra.
Rubén Rada resumía su identidad como un “negro casado con una mujer judía, socialista, músico, que siempre fue un luchador”. En esa definición también quedaba condensada su historia con Patricia Jodara: un amor que enfrentó resistencias, derribó diferencias y construyó un hogar marcado por la diversidad. Tras la muerte del artista, ocurrida el 26 de agosto, ella quedó como la compañera de una vida compartida entre la música, la familia y una unión que consiguió sostenerse durante más de cuarenta años.