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27/08/2026

El recuerdo de una charla con el Negro Rada

El músico uruguayo falleció esta semana, a los ochenta y tres años.
Una entrevista que recupera "la voz" del uruguayo.
Una entrevista que recupera "la voz" del uruguayo.

Cuando fallece un artista popular, la mayoría de la gente suele evocar imágenes que tienen que ver, desde lo personal, con quien acaba de partir. Por ejemplo, el momento en que se vio una película, el descubrimiento de alguna canción, haber presenciado un recital o una obra de teatro. Y los periodistas, en ocasiones, tenemos algún recuerdo que nos vincula directamente con la persona en cuestión, quizá porque se lo ha entrevistado.

Es lo que le sucede a quien suscribe esta nota con relación a Rubén Rada, que murió esta semana, a los ochenta y tres años.

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Más de dos décadas atrás, me tocó marcar un número telefónico con característica uruguaya, para, a través de la línea, escuchar su voz.

Desde su casa, en Montevideo, en varios momentos de la conversación, soltaba su risa, tan fácilmente identificable, que hacía trasladar su imagen a mi lado, como si estuviésemos charlando en la misma sala.

También, por el auricular, lo escuché cantar un fragmento del tema Será posible, incluido en el disco que en aquel momento acababa de sacar, Alegre caballero. “Quiero tener un trabajo que me dé para vivir…”, entonaba, para después decir: “En todos mis álbumes, manejo la alegría, la tristeza y la emoción. Hay cantantes maravillosos que hacen baladas, cantan como los dioses y venden muchos discos, pero se pasan toda la vida haciendo esas canciones y después, a menos de que hayan tenido un romance muy lindo en algún verano, raramente te acordás de ellos. La gente, por lo general, recuerda a León Gieco, Chico Buarque, Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina… personas que ‘dicen’, que además de cantar cosas alegres y baladas recuerdan que aquel que compra el disco es un ser humano y tiene sus problemas”.

Durante el diálogo, también rememoró la figura del mítico músico uruguayo Eduardo Mateo, que falleció en 1990: “Para mí, pasó a ser un artista pintor. Por lo general, la obra de los pintores se vende cuando mueren, y a Mateo le pasó lo mismo. Fue un compositor maravilloso, un músico que nunca tuvo la posibilidad de meterse en un buen estudio a grabar un buen disco, con buenos músicos y buenos instrumentos. Tocaba con unas guitarras espantosas, pidiendo por todos lados. No era un virtuoso, pero tenía emoción para componer. Dentro de Uruguay, para mí, Mateo es John Lennon. De hecho, nosotros formamos el grupo El Kinto cuando en Uruguay la música uruguaya no sonaba en la radio. Hacíamos candombe beat. Tocábamos candombe pero sonando como los Beatles”.

En cuanto a su vínculo con el rock y otros géneros, dijo: “Soy rockero porque lo llevo dentro, pero la vida me acercó a otras músicas. Más que nada, soy un músico de fusión. Nosotros (los uruguayos) somos un país colonizado, donde toda la música que escuchábamos de chicos era de afuera. Entonces, yo me acostumbré a oír a Nat King Cole, los Beatles, los Plateros, Frank Sinatra, Carlos Gardel, el Club del Clan, grupos cubanos, canciones españolas… Y el día en que me puse a componer encontré que tenía todo eso metido dentro. Por eso, en mis discos podés encontrar un tango, una samba brasilera, un rock & roll, un funky…”.

Y sumó: “El candombe es mi vida. Toda mi familia era candombera, salía en las comparsas de negros en el Uruguay, como Morenada y Fantasía negra”. De tal forma, aseguró: “Todas mis canciones, si les pongo el ritmo, pueden ser cantadas como candombe”.

La actuación también fue parte de la conversación: “Me encanta actuar, me divierto como loco. Me gusta siempre que tenga algo de humor. Las cosas dramáticas no me atraen. Además, no soy un actor dramático; soy más o menos un comediante, un loco”.

Ahora, desde el pasado, vaya a saber cómo, aquella voz vuelve a resonar, al igual que su risa, como si aquella llamada a Uruguay surgiera desde un agujero en el tiempo.

El recorte de diario con la entrevista.

Descanse en paz.

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