2026-08-16

A HORAS EN VEHÍCULO SE LIBRÓ UNA BATALLA POR LA LIBERTAD AMERICANA

¿Qué tan cerca de Bariloche actuaron las huestes de San Martín?

En el área del Nahuel Huapi nunca se estableció población española duradera, pero no tan lejos tropas patriotas contribuyeron a la definitiva derrota realista.

Como el lago Nahuel Huapi y su zona de influencia nunca fueron efectivamente conquistados por España, no se estableció por aquí posesión colonial alguna. Entonces, la gesta sanmartiniana no dejó huella directa por la zona. No obstante, tuvo lugar relativamente cerca del actual emplazamiento de Bariloche una acción de armas que tuvo considerable importancia para la derrota definitiva del proyecto realista, mientras San Martín en persona se jugaba la suerte de la causa americana en el lejano Perú.

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Las cosas no pintaban fáciles para los patriotas 206 años atrás. Educación escolar mediante, en la Argentina se suele suponer que después de la Batalla de Maipú (5 de abril de 1818), el asunto en Chile quedó resuelto y solo quedaba culminar la faena libertadora en el norte, pero la realidad fue distinta. Los realistas batieron estrepitosamente a los patriotas en la Batalla de Pangal (22 de septiembre de 1820) y como consecuencia, el camino a Santiago desde el sur quedó abierto para los partidarios del rey. Dos semanas antes, San Martín y su ejército habían desembarcado en las costas peruanas y en los hechos, la capital chilena estaba prácticamente inerme.

A fines de 1819, regresaba a los puertos de Chile el célebre lord Cochrane, después de probar suerte frente al puerto peruano del Callao, con pobrísimos resultados. Ya se encontraba a la altura de Valparaíso cuando le espetó al por entonces mayor Miller: “¿Qué dirían en Santiago, si yo con este solo buque, me hiciese dueño de Valdivia?” El segundo de los ingleses forjaría amistad con San Martín y había participado del Cruce de los Andes. Como tenía alguna experiencia marinera, comandaba a los “sesenta mulatos del batallón Infantes de la Patria que guarnecían la fragata”.

La reproducción de la escena corrió por cuenta de Benjamín Vicuña Mackenna, autor de “La guerra a muerte”, voluminoso libro que, precisamente, ventila los sucesos que tuvieron lugar entre 1819 y 1832 en el actual sur de Chile, con evidentes repercusiones al este de la cordillera, como la célebre montonera de los hermanos Pincheira. La primera edición de su trabajo se publicó en 1868. La que consultó El Cordillerano es de 1972.

Partida de la flota libertadora al Perú. El sur de Chile estaba en manos realistas.

En aquella ocasión, Cochrane no esperó respuesta, aunque contó con el asentimiento de su paisano, aún herido de un combate en Pisco (Perú). El marino inglés comandaba la fragata “O’Higgins” y, mediante una estratagema, izó bandera realista en la bahía que hace de ingreso a Valdivia, de manera que pudo reconocer previamente el terreno. Luego, se dirigió a Concepción, en manos patriotas, donde solicitó al comandante Ramón Freire refuerzos y otras embarcaciones para llevar adelante su propósito. Freire sería más tarde presidente de Chile.

Bergantín rioplatense

El 22 de enero de 1820, el jefe chileno puso a las órdenes del inglés otros 250 soldados, a pesar de que nada le sobraba en su posición. Al mando de las tropas quedó Jorge Beauchef, veterano de Waterloo que se sumó a la revolución americana desde Buenos Aires. Las Provincias Unidas también contribuyeron a la conquista de Valdivia con el bergantín “Intrépido”, que navegaba para sumarse a la flota expedicionaria al Perú.

En el Fuerte de Niebla, 100 cañones apuntaban hacia el mar. Demasiados para la flota de tres barcos que guiaba Cochrane. Entonces, los patriotas optaron por desembarcar a sus hombres al sur de tan temible fortaleza. La cuestión no se dirimiría a cañonazos. El 3 de febrero de 1820, dos días después de que porteños, entrerrianos, santafesinos y correntinos se mataran en Cepeda (límite entre las provincias de Santa Fe y Buenos Aires) a 340 kilómetros del futuro emplazamiento de Bariloche comenzaba a librarse una batalla por la libertad de América. Tan poco conocida, como sorprendente su desenlace.

El complejo sistema de fuertes y torreones, que databa del siglo XVII, estaba pensado para repelar con artillería las incursiones de los corsarios ingleses y holandeses que solían merodear por las costas del Pacífico Sur. En parte de su relato, Vicuña Mackenna cedió la palabra al propio Beuchef: “Mientras más avanzaba, más aumentaba mi sorpresa al ver la confianza de los enemigos, pues con veinticinco hombres en estos desfiladeros, podían sujetar, no digo trescientos, sino tres mil enemigos”. Se refería a los senderos que unían al Fuerte de Corral con los demás bastiones realistas, en la orilla sur de la bahía.

Valdivia en 1910. Apenas 90 años antes, permanecía leal a Madrid.

La sorpresa fue absoluta. Volvamos a Vicuña Mackenna: “Beauchef, en efecto, había seguido a paso de carga, ensartando uno en pos de otros en la punta de sus bayonetas todos los castillos que iban internándose por la banda del sur de la bahía hasta el surgidero del Corral, donde existía por ese rumbo el más formidable de aquellos”. La caída del fuerte que hoy es atractivo turístico se produjo a la 1 de la mañana del 4 de febrero.

Éxito completo

Después de capturar aquellas fortificaciones y según el plan de Cochrane, las tropas patriotas volverían a embarcarse en dos de sus embarcaciones, para dirigirse hacia la ciudad de Valdivia propiamente dicha, donde aguardaba no encontrar oposición significativa. El Fuerte de Niebla sería atacado por retaguardia, aunque sin exponerse a sufrir nuevas bajas y a la espera de rendir a su guarnición ante la falta de víveres.

El 10 de febrero, el marino inglés escribía a Santiago: “el éxito de la empresa sobre Valdivia ha sido tan completo como yo me lo prometía. Las formidables fortalezas y baterías que habría desafiado el ataque descubierto del más poderoso armamento naval han caído. El golpe fue repentino e inesperado porque se ejecutó con tanta rapidez cuando había sido secreta su concepción”.

Cochrane no cabía en sus zapatos. “Los cañones montados en las diversas fortificaciones pasan de cien, además de las piezas de campaña y una enorme cantidad de municiones existentes en los diferentes almacenes, todo lo que está ahora pronto para el servicio de V.E. y el sostén de la causa de la independencia”. San Martín no estuvo ni cerca, pero oficiales y soldados a sus órdenes llevaron la revolución americana a unas horas de vehículo de donde hoy se erige Bariloche.

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