2026-08-11

DONÓ SU PROYECTO ARQUITECTÓNICO ALEJANDRO BUSTILLO

La Catedral de Bariloche, hermetismo medieval a pasos del Nahuel Huapi

Coloquialmente adquirió ese rango cuando todavía no existía el pertinente obispado. Se construyó con fondos del Estado y con piedras que se extrajeron del cerro Carbón.

Cuando se organizó la primera colecta para aportar a su construcción “apenas” si alcanzó para los vitrales. En el lenguaje cotidiano recibió el máximo rango de los templos del catolicismo cuando todavía Bariloche no tenía estatus de obispado y de campanario, el suyo solo tiene el nombre, porque recinto tan elevado y elegante nunca cobijó campanas. Además, su origen tiene que ver con los planes de desarrollo que, en realidad, asumió una institución civil: la entonces Dirección de Parques Nacionales.

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En efecto, las ansias por transformar la antigua aldea de montaña por parte de Exequiel Bustillo y otras personalidades de las décadas de 1930-40 fueron tan intensas, que Bariloche tuvo Iglesia Catedral antes de que las autoridades eclesiásticas crearan la jurisdicción pertinente. En consecuencia, se dotó a la ciudad de un templo mayor cuando todavía dependía del Obispado de Viedma en la organización administrativa católica.

Pasó revista a esas páginas del pasado barilochense Juan Martín Biedma en “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Ediciones Caleuche–2003), un volumen relativamente sintético que se publicó por primera vez en 1987. En los párrafos que el autor consagró al emblema religioso puntualizó que “La iglesia de Nuestra Señora de Nahuel Huapi se comenzó por gestión de una comisión de damas vinculadas a la región, presidida por doña Isabel Nevares de Ortiz Basualdo”.

La presidenta integraba una familia muy pudiente que poseía vastas extensiones de tierras del otro lado del Nahuel Huapi. Junto con sus compañeras “efectuaron una colecta cuyos principales aportantes fueron las señoritas de Saavedra Zelaya y que solo alcanzó para costear los vitrales”, dice la reconstrucción del autor. Según su relato, “los diseños de los mismos (sic) fueron sugeridos por Monseñor Esandi y ejecutados en Buenos Aires por Enrique Thomas y colocados en 1947”.

Las piedras con que se construyó favorecen el recogimiento. Foto: Facundo Pardo 

Es llamativo, porque en uno de los vitrales que ornamentan la Catedral aparece Julio Roca, en cuya presidencia hubo severas desavenencias entre el poder civil y el eclesiástico. En cuanto al edificio propiamente dicho, “su concepción, con una grandiosidad que excedía el entorno aldeano, se explica por la ilusión visionaria de Exequiel Bustillo, que el tiempo vino a confirmar, al crearse un obispado en la zona andina, disgregado de la diócesis de Viedma”.

Hermetismo medieval

La propia página web del templo amplía la información: “para la construcción de la Catedral de Bariloche, el arquitecto Alejandro Bustillo ofreció su proyecto gratuitamente. Su sentimiento se orientó en un estilo neogótico con reminiscencias francesas. Un proyecto que incluía, buscado o no, algo de las herméticas ciencias medievales”, asevera el texto eclesiástico. En los primeros tiempos, el contraste con el resto del poblado resultó evidente.

Volvemos a las aseveraciones de Biedma. Tanta fue su importancia arquitectónica y sobre todo sus dimensiones, que “no en balde, a este templo que ni siquiera era parroquia, se lo conocía como la Catedral, aunque no contaba con un obispo”, consideró. “Se construyó con fondos de la Nación sobre un proyecto arquitectónico donado por el arquitecto Alejandro Bustillo”, ratifica el texto del investigador. “En estilo neogótico supo combinar el cemento con un material autóctono: la piedra”.

Como toda historia de construcción, arrancó con papeleo: “en 1942 se regularizó el dominio del terreno y dos años más tarde se concluyó la estructura de cemento armado, ejecutada por la Compañía General de Construcciones del ingeniero Pedro Faukland. El labrado de la piedra blanca de la cantera de don Ángel Pizzutti, en el cerro Carbón, demandó una paciente labor de cantería. Capataz de los picapedreros fue don José Lukman, esloveno de nacimiento, quien adquirió su arte en las cavas romanas de Aurisinia. A su habilidad se deben las piedras de encaje y la mayoría de las molduras de los arcos”, reconoce la averiguación de Biedma.

Sus vitrales generan una atmósfera particular. Foto: Facundo Pardo 

Con alguna ironía, culmina el relato del autor: “su airoso campanario culmina con una aguja de 69 metros de altura. Mal llamado campanario porque no alberga campanas, sino un carrillón con amplificadores que emiten un excelente sonido de campanas”, según su aclaración. El Obispado recién se instituyó en 1993, con la inclusión de los departamentos de Bariloche, Ñorquinco, Pilcaniyeu, 9 de Julio y 25 de Mayo. Fue entonces que la obra de los Bustillo adquirió el título formal de Catedral.

Si reparamos de nuevo en su página, veremos que “el edificio tiene forma de cruz latina. Su cabecera está orientada exactamente al este, de modo que el Sol ilumina desde el comienzo del día. Así también se logra esfumar las diversas variaciones de la luz, al pasar por los vitrales. Vista desde el exterior, se generan planos de luz y sombra acentuando sus rasgos arquitectónicos ya mencionados”.

Algo mas sobre sus paredes: “el material usado para su edificación fue la piedra blanca. Es curioso notar, expresado por algunos feligreses, como el efecto que genera este mineral, puede transportarnos a un mundo interior de sensible austeridad. Impresión vinculada acaso con las grutas de los primeros cristianos, que encontraban en estos medios de construcción (piedra) los medios para edificar”, arriesga el texto oficial. Como sea, a casi 80 años de su finalización, difícil imaginar Bariloche sin su Catedral.

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