PARA SUS CONTEMPORÁNEOS FUE UN “MERCENARIO”
En Bariloche nadie se bancaba al “fundador” del cerro Catedral
Si bien su determinación fue decisiva para el perfil económico de Bariloche, el hombre que decidió dónde debía funcionar el centro de esquí que se había propuesto desarrollar Parques Nacionales nunca gozó de la simpatía de lxs barilochenses. Cayó mal en la gente que se nucleaba alrededor del Club Andino y hasta se mereció el calificativo de “mercenario” merced a un afán de lucro que sus contemporáneos consideraron desmedido. No por nada no hubo mención alguna a su figura en el cerro Catedral hasta tiempos muy recientes.
Hans Nöbl era oriundo de la zona austríaca del Tirol y previsiblemente, “fue un eximio esquiador”, a tal punto que resultó ganador en “varias competencias europeas de esquí en los años 30. “Fue discípulo de Hannes Schneider” y, además, “logró un estilo pulido y vistoso. Usaba los dos bastones, descendiendo con los esquís juntos, en un paralelo perfecto, con profunda flexión de las piernas y la inclinación del cuerpo hacia adelante”, elogia el relato que Toncek Arko escribió para “Catedral 90 años. Trabajo e inversión en la montaña”, su flamante libro.
Antes de recalar en el país, el austriaco contrajo matrimonio con una francesa. Desarrolló una escuela de esquí alpino en Sestriere (Italia) y otra de esquí náutico en Portofino. “Sus alumnos fueron mayoritariamente integrantes de la aristocracia y realeza, empresarios y personalidades de la alta sociedad”. En consecuencia, una vez en la Argentina “se vinculó con esquiadores de Buenos Aires y no de Bariloche”, ilustra el relato.
Para el recordado Roberto Asenjo fue “un gringo muy vivo, emprendedor, rápido para los negocios, con mucho carisma y alguien que sabía convencer a la gente. Fue un gran esquiador y un buen guía de montaña. Pero también promovió el turismo, la pesca y los negocios inmobiliarios en la zona del Llao Llao”, aporta su testimonio. Según Arko, “supo ganarse la confianza y amistad de Antonio Tuco Lynch, el principal impulsor del esquí en Catedral”.
Catedral en los tiempos del tirolés. Gentileza: Toncek Arko.
En consecuencia, Nöbl participó en Buenos Aires de la fundación del Club Argentino de Ski (CAS) el 28 de noviembre de 1940, con el mencionado como primer presidente. “Hans fue un entusiasta del esquí y además de dedicarse a la enseñanza promovió numerosas competencias, inicialmente en el cerro Otto y luego en Catedral. En ese entonces los profesionales”, es decir, los instructores, “no podían competir y Hans solo descendía como piloto, abriendo la competencia”.
Bajar como se podía
Como todavía no había medios de elevación “todos ascendían caminando, con los esquís al hombro o bien con pieles de foca. Esto requería un buen estado físico y solo los más entrenados lograban hacer varios ascensos y descensos. Las pistas generalmente no se pisaban, cada uno bajaba como podía”, evoca la narración de nuestro colega. En algunos casos, el austriaco no se preocupó demasiado en hacer amigos.
En efecto, “Herbert Tutzauer, compañero de andanzas de Meiling y socio en el taller de esquí, recordó que cuando Hans vio los equipos que fabricaban con Otto no dudó en sentenciar que con ellos era imposible aprender a esquiar. Al menos, con la técnica y la velocidad que él pretendía”. Es que el recién llegado “ya tenía esquís con cantos metálicos y fijaciones Kandahar, muy superiores a los elaborados junto al Nahuel Huapi”.
Tutzauer se rindió ante el supuesto progreso. “Dejé de fabricarlos en cantidad, hice algunos a pedido y otros para mis hijos. Y me dediqué a fabricar solamente artesanías”, recordó el fabricante, que fue “múltiple campeón barilochense de esquí no federado”, recuerda Arko. Mientras duró la Segunda Guerra Mundial, “Nöbl pasó varios veranos en Bariloche, en su casa del Llao Llao, donde vivía con su esposa”.
Nöbl tenía un numerito preparado para los huéspedes del Hotel Catedral.
En esos períodos “trabajó en turismo, como guía de pesca y guía de montaña. Entre diciembre de 1939 y enero de 1944 subió nueve veces el Pico Internacional del Tronador, siempre con clientes. También registra la primera ascensión al Pico Argentino del Tronador y a la Montura Chilena”. La última elevación está Valle Encantado”. A pesar de los resquemores que despertó, “fue una persona muy sociable y con agrado oficiaba de animador en reuniones llevadas a cabo en los hoteles Llao Llao y Catedral”.
En el primero de los establecimientos “aparecía al atardecer vestido de tirolés, con pantalones cortos de cuero y borceguíes, su cabellera rubia bien peinada, que en ocasiones llegaba hasta los hombros. También llevaba su armónica y cantaba. No hablaba bien castellano, pero ello no impedía que contara chistes y anécdotas de sus aventuras en la naturaleza”. Para el segundo tenía otro numerito.
En efecto, “en el hotel Catedral tenía preparado un show de mediodía, cuando los turistas almorzaban. Descendía desde Intermedia, bajando velozmente por la montaña, haciendo piruetas y saltos. El espectáculo culminaba con los huéspedes coreando su nombre y con Nöbl acercándose al hotel para saludar y tomarse fotos con los fascinados turistas. Obviamente todo lo hacía cobrando”, aclara la narración.
¿No tiene un terrenito?
Al parecer, el tirolés no daba puntada sin hilar: “para sus clases de esquí, las excursiones de pesca y las ascensiones de montaña, Hans supo tener un público de alto poder adquisitivo, que solía pedirle que le consiga un terrenito para construirse una casa de vacaciones con vistas a los lagos y montañas. Esto derivó en uno de sus principales negocios: la venta de tierras en la zona de Llao Llao. Y generó el enojo y envidia de los lugareños que se dedicaban al rubro”.
Es que en todos los rubros en los que incursionó, “Hans, tenía una gran ventaja sobre los barilochenses que hacían lo mismo: Nöbl tenía los clientes. Supo vincularse con empresarios y hacendados de Buenos Aires. También con los socios del CAS, donde se nucleaban muchos de sus alumnos y clientes”. A raíz de esas ventajas, “Hans nunca fue bien visto en el CAB ni entre los barilochenses”.
Por aquí “lo consideraban un mercenario, alguien que sólo hacia las cosas por dinero. Por ello, después de la Segunda Guerra Mundial, y al radicarse nuevamente en Europa, muy pocos lo recordaron. En Catedral no hay ningún refugio, pista de esquí, medio de elevación o calle que lleve su nombre. Pese a ser el ideólogo del principal centro de esquí de Argentina, nunca fue homenajeado”, constató Arko. Recién en 2021, Catedral Alta Patagonia emplazó “un monumento para recordar su memoria”, sito al norte de la plaza Catalina Reynal. Y… Se cosecha lo que se siembra, como suele decirse.
El libro de nuestro colega puede leerse en https://www.calameo.com/read/007729657675d38c69d90