Volver a la infancia en la nieve: el culipatín le ganó al frío en Bariloche
Nevó en Bariloche y, por unas horas, el tiempo pareció detenerse para regalarnos una postal que viaja directo al corazón. Para los barilochenses que guardan en la memoria las nevadas de antaño —aquellas de veredas cubiertas y días eternos de juego—, este domingo trajo un dejavú inevitable y hermoso.
Tanto turistas deslumbrados como residentes de toda la vida salieron a las calles con un solo objetivo: disfrutar. Quienes tenían un culipatín guardado en el galpón lo desempolvaron como un tesoro; quienes no, echaron mano a la creatividad patagónica y convirtieron bolsas de alimento para mascotas o de consorcio en los mejores trineos. Porque cuando la nieve llama, la creatividad vuela y nada puede impedir el disfrute.
Calle Prayel, casi en la ladera del cerro Otto.
En los barrios del Alto, el silencio inmaculado que suele traer el manto blanco se vio interrumpido por la mejor de las melodías: las risas contagiosas y los gritos de entusiasmo de chicos y grandes desafiando las pendientes. Sin celulares de por medio ni prisas, la calle volvió a ser ese patio de juegos colectivo.
Es verdad que las grandes nevadas exigen paciencia y traen sus complicaciones operativas, pero también tienen ese superpoder único: ablandar la rutina, despertar la nostalgia y recordarnos lo lindo que es volver a ser chicos, aunque sea por una tarde. El video es gentileza de Sisi Spiegel, filmado en John O'Connor, entre Moreno y Mitres, la "El Zig Zag del Hospital).