Proponen que los chicos atraviesen un laberinto emocional en el Puerto San Carlos
El artista plástico Diego Barreto Urruty contempla la existencia como si se tratara de un laberinto. Sus pinturas reflejan infinitas variantes de ellos. “Al laberinto lo veo como un símbolo del sentido del recorrido de la vida”, ha dicho en algún momento, explicando que su intención, con sus trazos, es ir tras “una forma laberíntica donde el humano se pierde y por momentos se encuentra”. Ahora, incluso, en el marco de la feria del libro infantil y juvenil Mundo Pichi Keche, en el Puerto San Carlos, el sábado a las 11, presentará un juego para niños donde también el eje se centrará en un laberinto, en el cual los chicos deberán enfrentar sus miedos para convertirlos en algo positivo.
Diego, en 2021, publicó un libro ilustrado titulado Da Vinci y las máquinas de las emociones, y la propuesta lúdica que llevará al Puerto San Carlos se basa, precisamente, en aquella obra (que próximamente tendrá una reedición pero desdoblada, por un lado deambulará un pequeño Da Vinvi y por otro, en un libro distinto, Ariadna, una preadolescente).
Así, el sendero a recorrer por un tablero muy particular promete ser una alternativa más que interesante para los niños que se encuentran en período de vacaciones. “Se trata de un juego donde los personajes principales recorren un laberinto y, en las bifurcaciones, aparecen emociones como la tristeza y el enojo. El camino lo transitan inventando máquinas, como lo hacía Leonardo Da Vinci, y esos aparatos convierten el temor en valor y coraje”, explica Diego, para luego añadir: “La idea es que puedan aceptar las emociones y transformarlas, ver de qué se tratan los miedos que tienen y los recursos para afrontarlos”.
Enfrentando miedos. Imagen gentileza.
“Aparte de ser profesor de artes visuales y artista, soy terapeuta, entonces quería trabajar estas cosas con los chicos; es una labor de gestión emocional”, comenta el escritor y pintor, quien reflexiona: “Las emociones duran noventa segundos, pero nosotros hacemos que se perpetúen”. El razonamiento responde a estudios que llevó a cabo Jill Bolte Taylor, neurocientífica de Harvard que, tras sufrir un accidente cerebrovascular a temprana edad, dedicó su vida a investigar las reacciones emocionales y el efecto del estrés en la salud. De esa manera, Diego indica que su intención es “trabajar lo que tiene que ver con la psicología desde los laberintos”, porque, según señala, “las emociones, precisamente, en ocasiones se recorren como un laberinto”.
Un artista que presenta una propuesta lúdica vinculada a un trabajo de gestión emocional. Foto: Facundo Pardo.
Así, en el juego que propondrá el sábado, a partir de ilustraciones que representan máquinas muy especiales, los niños podrán sortear diversos conflictos. Por ejemplo, un aparato con forma de loba transformará las sombras en luz de luna, en un homenaje al psicólogo y psiquiatra suizo Carl Jung, que decía: “Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”.
Transformando las sombras en luz de luna. Imagen gentileza.
También tocará enfrentarse a una araña IA, con patas que sostienen la tentación que ofrecen celulares y otros elementos similares, y habrá que buscar el modo de eludirla. “Las pantallas pueden atraparnos y hacernos olvidar de jugar, crear, conversar o disfrutar de la naturaleza”, manifiesta Diego, para luego afirmar: “Debemos aprender a usar la tecnología con equilibrio”.
La araña IA. Imagen gentileza.
Durante años, el artista brindo clases en primaria y secundaria, y este proyecto de acercarse lúdicamente a los pequeños lo entusiasma: “Trabajar con niños es estar con creadores que tienen la imaginación a full”. Y respecto al modo de ganar en su juego, indica: “El verdadero triunfo es descubrir que todas las emociones pueden transformarse cuando las comprendemos, las aceptamos y nos animamos a recorrer nuestro propio laberinto”.
Diego, un artista laberíntico. Foto: Facundo Pardo.