Jabalíes en Bariloche: detectaron huellas en la helada, cerca de Puerto Moreno
La presencia de jabalíes en las zonas urbanas de Bariloche sigue siendo una constante que asombra y preocupa a los vecinos. Aunque lógicamente se podría pensar que la llegada del frío extremo frenaría su avance hacia los barrios, la realidad climática actual produce el efecto inverso.
Este sábado por la tarde, un vecino que realizaba una caminata compartió imágenes exclusivas con El Cordillerano tras detectar huellas frescas marcadas sobre el suelo congelado. El hallazgo ocurrió a aproximadamente 500 metros de la avenida Bustillo, ingresando por el camino vecinal desde el sector de Puerto Moreno.
Con la caída drástica de la temperatura, las intensas heladas y la acumulación de nieve en las zonas más altas de la montaña, estos animales se ven obligados a modificar drásticamente sus hábitos para sobrevivir, conservar energía y conseguir alimento.
El invierno los vuelve diurnos y comunitarios
En esta época del año, los jabalíes se encuentran en plena etapa de reproducción. Las piaras quedan conformadas principalmente por las hembras y algunos lechones, mientras que los machos grandes son expulsados y suelen moverse en grupos independientes.
“Las hembras, por lo general, tratan de alimentarse bien para gestar tranquilas y tener buena leche para sus crías”, detalló Martín Abad, médico veterinario y técnico del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria).
Abad explicó que esta especie es sumamente sensible al frío, por lo que buscan zonas de vegetación densa para descansar, encontrando en los cañaverales cerrados de los kilómetros el lugar ideal para refugiarse. Por este motivo, durante el invierno se vuelven mucho más diurnos: aprovechan las horas centrales del día —cuando el sol calienta un poco y se levanta la helada— para salir a alimentarse. Al bajar tanto la temperatura de noche, prefieren quedarse resguardados para no perder calor corporal.
El frío también los obliga a cambiar radicalmente su dieta. Ante la escasez de frutos de estación como la rosa mosqueta o los piñones de araucaria, que ya escasean o quedaron completamente enterrados bajo la nieve, el jabalí se transforma en un excavador implacable.
Utilizando su potente disco nasal, rompen las capas de suelo congelado o la nieve en busca de raíces, bulbos, tubérculos, larvas e insectos.
Evitan a toda costa las zonas altas donde la nieve es muy profunda. Debido a sus patas cortas, el desplazamiento en el manto níveo les genera un gasto de energía enorme que podría ser fatal. Para combatir el congelamiento, duermen todos juntos en "camas" o parideras armadas con ramas, pasto seco y hojas, abrigándose mutuamente contra las temperaturas bajo cero reinantes.