CREACIÓN DE PABLO BERNASCONI
Farmacia de Bariloche homenajea a René Favaloro con una obra de arte
A pesar de su especialidad, una farmacia también es un comercio y admitamos que el sector comercial de Bariloche no se caracteriza por su inclinación al arte. Poquísimos son los locales que reciben a sus clientes con alguna obra pictórica y menos aún, creación propia de un vecino de la ciudad. Además, detrás de la que exhibe con orgullo la farmacéutica hay una historia entrañable que remite a una suerte de prócer de la medicina y la vocación de servicio.
“Vengo de una educación en la que me enseñaron a apreciar el arte”, justificó inicialmente Marcela Coretti, la titular de Farmacia Quilmes, con domicilio en Pasaje Gutiérrez y Miramar. El cronista de El Cordillerano ingresó como cliente un día como tanto otros y mientras esperaba atinó a levantar la mirada. En las alturas del local, una obra de Pablo Bernasconi homenajea al inolvidable René Favaloro. Sorpresa.
Para la farmacéutica es más bien un lógico corolario. “Mi abuelo era artista. Tengo obras suyas, las hacía en tinta china con rayitas y puntos”, le dijo al que firma mientras las señalaba. “Mi farmacia se llama Quilmes porque ahí nací, en la Secundaria tuvimos a un profesor, Aldo Severi, que también era artista y tengo una obra suya en mi escritorio. Representa a la estación de Quilmes, que para nosotros es muy significativa”, describió nuestra entrevistada.
Es que “ahí tomaba el tren todas las mañanas para ir a la facultad de La Plata. Él enseñó a nuestra generación a apreciar mucho el arte, a reconocer artistas y definir nuestros gustos personales”, contextualizó Marcela. El siguiente capítulo se escribió en esta ciudad. “Cuando llegué a Bariloche en 1993 conocí la obra de Pablo. No me preguntes cómo fue que llegué a su atelier, porque en esos momentos no estaba publicado en ninguna parte, pero quedé maravillada por la forma en que plasma la interpretación de la realidad. Uno no para de descubrir detalles en sus obras. En mi escritorio también está lleno de obras suyas”, indicó.
La farmacéutica amiga del arte y otras obras de Bernasconi. Foto: Eugenia Neme.
Sucedió que “un día llegó él a mi farmacia a comprar, cuando ya tenía mi proyecto de farmacia nueva y el espacio donde quería poner algo muy especial”. Por entonces, el local era más modesto y estaba exactamente enfrente del emplazamiento actual. “Para mí, la farmacia es mi casa. No es mi trabajo, es mi vida y mi vocación de servicio en salud. Entonces, sus espacios fueron pensados desde el corazón”.
Afortunadamente, “cuando apareció Pablo, dije: es para ese espacio… Caradura y charleta como soy, le dije que me gustaría poner algo suyo. Se quedó mirándome, no dijo ni sí ni no ni blanco ni negro”, sonrió Marcela. “Pensé que lo había avasallado o asustado, pero después me dijo: Tania (Gatti) se va a comunicar con vos”. La gestora cultural es la compañera del artista en su vida. “Pasaron los días y pensé que no le había gustado la propuesta, hasta que Tania se comunicó y me dijo que iba a hacer un Favaloro de tal y tal medida. Nos pusimos de acuerdo y lo hizo”.
Emoción y coincidencia
La definición del personaje “fue suya, pero fue lo mejor que se le pudo ocurrir, porque coincido plenamente”, admitió la farmacéutica apasionada por el arte. “Favaloro me emociona, era platense como mis padres y mis abuelos. Además, coincido plenamente con su forma de trabajar en el área de salud. Más allá de la vocación de servicio, uno tiene que vivir de lo que trabaja y Favaloro fue ejemplo de que se puede sin robarle a nadie y ayudando muchísimo, porque da el triple de satisfacción”, proclamó Marcela.
Un día el encargue estaba listo. “Cuando lo fui a buscar me temblaban las manos y las piernas”, compartió. “Está alto, pero paso y lo miro, los detalles están y me emocionan cuando hay gente que levanta la cabeza y lo descubre. Hay personas que vienen muchas veces y por ahí, no lo ven, y un día levantan la cabeza y ahí está. Preguntan y con orgullo cuento esta historia, más lo importante que es la obra para mí”.
La obra que evoca a la estación de Quilmes. Foto: Eugenia Neme.
El cuadro es valioso para Marcela por varias razones: “primero porque la hizo Pablo, con su entrega y corazón. Y después por lo que implica Favaloro en el área de la salud, es mi norte en el sistema médico”, ilustró. “Los farmacéuticos sufrimos un poco lo que sufrió él a raíz de este sistema tan perverso de facturación y obras sociales. Como profesionales nos atrapan, nos cosifican y eso fue lo que hizo que perdiera la vida. Él dio todo: su corazón, su intelecto y su inteligencia, pero, por otro lado, el sistema lo mató. Es mi norte, como un montón de farmacéuticos formulistas fueron mis maestros”, agradeció.
En definitiva, “ese cuadro tiene un significado maravilloso, no tiene marco ni nada para ejemplificar sencillez y majestuosidad en todo sentido”, resaltó Coretti. Que no haya más presencia de arte en el área comercial de Bariloche es “básicamente falta de educación”, comentó. “Yo la tuve y en una escuela pública, porque toda mi formación desde el jardín de infantes hasta la universidad fue en instituciones públicas”, destacó.
Enseñar a mirar
Aquellas clases en la secundaria quilmeña resultaron decisivas. “Ya tengo 60 años, pero con los compañeros nos seguimos viendo y como grupo en particular, nos pegó mucho ese profesor y todos seguimos por el camino del arte, independientemente de la profesión que tengamos”, aclaró. “Hay una amiga de ese grupo que tiene ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) y pinta con la boca”.
Entonces, “al arte hay que enseñar a mirarlo, te tienen que guiar para después tener tu propia interpretación, mirada o gusto. Creo que, si hubiera más espacios, por ahí la gente se asombraría más. Yo lo disfruto enormemente, por eso estoy rodeada de obras, aunque también de cajas y otras cosas”, ironizó, en relación con el primer piso de la farmacia. “No me importa, yo las tengo. Por ahí habría que hacer más hincapié en las escuelas y mostrar obras de artistas nacionales para saber apreciarlos”, sugirió Marcela. En su farmacia vale la pena levantar la mirada.