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NI EL FREY NI EL JAKOB

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27/07/2026

El refugio más viejo del Club Andino ya tiene escrita su historia

Está en línea “Refugio Cerro López Carlos Sonntag”, el libro más reciente de Toncek Arko. Se puso en funcionamiento 93 años atrás, cuando todavía ni se esquiaba en Catedral.
Otto Meiling y Heriberto Tutzauer se tomaron muy a pecho la construcción del refugio. Foto: gentileza Toncek Arko.
Otto Meiling y Heriberto Tutzauer se tomaron muy a pecho la construcción del refugio. Foto: gentileza Toncek Arko.

Ni el Jakob ni el Frey. El primer refugio de montaña que se levantó a instancias del Club Andino Bariloche (CAB) está bastante cerca del centro de la ciudad y, de hecho, en el presente el sendero arranca a la vera de una cinta asfáltica muy concurrida. Tres años atrás cumplió 90 de existencia y desde el último domingo cuenta con un libro que cuenta su dilatada historia. Como no podía ser de otra manera, tiene como autor a un especialista.

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El volumen se titula simplemente “Refugio Cerro López Carlos Sonntag” y es la obra más reciente de nuestro colega Toncek Arko. Ya puede leerse en línea, pero además estará la chance de solicitar ejemplares impresos vía mail, en contacto con el especialista. El título se explica porque “Carlos Sonntag y su familia lo administraron durante más de 40 años y lograron que los ascensos al refugio estuvieran incluidos, durante 20 años, entre las excursiones turísticas tradicionales de Bariloche”.

La accesibilidad cambió porque “en la actualidad el refugio y toda la ladera donde se ubica son tierras privadas, pero mantiene el espíritu de antaño y se puede subir a disfrutar de la naturaleza sin problemas”, recuerda el autor. Claro que la edificación del presente no es la primigenia: “el antiguo refugio López fue inaugurado el 15 de abril de 1933, a menos de dos años de haber sido fundado el CAB, el 13 de agosto de 1931”.

Como podía sospecharse, “Otto Meiling y Heriberto Tutzauer fueron dos de los socios del CAB que trabajaron con entusiasmo durante su construcción. Pero también colaboraron otros numerosos socios. Todos lo hicieron con entusiasmo para tener una casita en lo alto de la montaña”, aporta el relato de Arko. Precisamente, “el primer refugio tuvo solamente 4 paredes de piedra de un espesor que variaba de 50 a 70 centímetros, en un formato rectangular de 4 x 6 metros, con techo a dos aguas recubierto por tejuelas”.

La inauguración fue todo un acontecimiento. Foto: gentileza Toncek Arko.

Según se desprende de las imágenes que pudieron conservarse, “en su frente estaba la puerta y dos ventanas y otras dos ventanas en las paredes laterales. También tenía una ventanita auxiliar en el costado sur, cercana al techo, para ser usada durante los inviernos de grandes nevadas, cuando el refugio quedaba sepultado”. Literalmente… “En el interior el piso era de tierra apisonada, con una cocina a leña, una mesa y bancos y un lugar improvisado para un eventual pernocte”, completa la descripción.

Para tener un parangón, mencionemos que el refugio empezó a construirse dos años antes de que se pusiera en funcionamiento el Parque Nacional Nahuel Huapi y también, se anticipó por el mismo lapso a la llegada del ferrocarril. En efecto, “los trabajos se llevaron a cabo entre diciembre de 1932 y abril de 1933. En primer término, se tuvo que mejorar la picada de acceso, para que pudieran subir caballos”.

Paisanos anónimos

Desafortunadamente, no quedaron en las actas las identidades de aquellos trabajadores: “la tarea estuvo a cargo de dos paisanos que posteriormente también colaboraron con el traslado de materiales. Los mismos se subieron en primer lugar a las inmediaciones de los mallines inferiores del refugio, donde se armó el campamento”. La tarea tuvo bastante de ciclópea porque “en total se llevaron cerca de 10 toneladas de materiales”, según las indagaciones de Arko.

En este caso, sí llegó a nuestros días la discriminación: “entre ellos se destacan los 4.000 kilos de arena, 2.200 kilos de cumbreras y 800 kilos de tejuelas. Es interesante observar que solo se compraron 400 kilos de cemento, lo que significa que la mezcla se hacía en una proporción de 1/10, cuando lo normal es 1/3”, objeta el relato del montañista.

Para complicar más las cosas, “también usaron 500 kilos de cal, lo que tampoco es recomendable en la construcción. Y columnas con hierro tampoco se hicieron. Las paredes se levantaron con piedras del lugar, pegadas con esta mezcla, y si bien fueron anchas, con el paso de los años se desgranaron. La falta de una estructura de hierro y de un buen cemento fue evidente. Por ello, el refugio después de dos décadas comenzó a desmoronarse”, advierte el racconto.

Antaño, el refugio podía quedar sepultado por la nieve. Foto: gentileza Toncek Arko.

Pero inicialmente, todo fue entusiasmo. “La construcción del refugio comenzó el 2 de febrero. En el relato de obra se consigna que el 18 de enero y el 8 de marzo los trabajos debieron interrumpirse por dos grandes nevadas, frecuentes antaño. Los materiales fueron trasladados hasta el inicio del sendero con camiones de Reynaldo Knapp y Guillermo Hill. A partir de allí fueron subidos con los caballos y peones de Alfredo Mermoud”.

Dada su cercanía, “las cumbreras y la madera del techo fueron cortadas en el aserradero de la familia Goye, en Colonia Suiza. Las tejuelas, ventanas, postigos y otros materiales fueron subidos por los socios en sus excursiones. La obra fue financiada por donaciones de pobladores barilochenses y también con lo recaudado en reuniones sociales organizadas para tal fin”. Un auténtico emprendimiento colectivo.

“Los fines de semana mucha gente subía carga en forma voluntaria, obviamente sin un honorario. Todo se hacía con mucho sacrificio, pero con gran voluntad”, celebra la reconstrucción histórica. Si se tiene en cuenta los medios y la época, los trabajos llegaron a buen término relativamente rápido, porque “el 3 de marzo la obra se comenzó a techar. También se instalaron la puerta y las ventanas”.

Protagonismo de Meiling

El prócer del montañismo barilochense se empeñó a fondo. “Otto Meiling fue el encargado de subir la cocina, un tacho redondo con una tapa de hierro. También se subieron dos mesas, bancos y tarimas que se usaron como camas. El 11 de marzo de 1933 los trabajadores se retiraron y Otto Meiling y Carlos Tribelhorn tomaron posesión del inmueble en nombre del club”, celebra la narración.

Ya en sus primeros tiempos “el refugio comenzó a ser muy visitado por residentes y turistas. No tenía encargado fijo, los socios que concurrían se ocupaban de mantener el orden y la limpieza. Las contribuciones por el uso se hacían en Bariloche, en el consultorio del doctor Neumeyer, donde funcionó la primera sede social del CAB. La mayoría de los visitantes se quedaba a dormir”, no como en el presente.

Es que “en esos años llegar hasta el refugio demandaba mucho tiempo. Fue complicado acceder hasta su base, pues no había un buen camino y tampoco muchos vehículos. Se hacía generalmente a pie, desde la ruta al Llao Llao, que sí estaba trazada. Lo mismo sucedía al regreso, había que caminar muchas veces hasta la ruta al Llao Llao pues no pasaba ningún vehículo”, recuerda el texto.

Los archivos demuestran que la afluencia inicial fue importante para los parámetros de la época. “En los anuarios del CAB se publican datos de los primeros refugios: López, Tronador y Dormilón. El más concurrido fue el primero, por estar muy cerca de Bariloche. Así, en el anuario que reseña el invierno de 1934 y verano de 1935 se informa que visitaron el refugio 210 personas, de las cuales pernoctaron 40. También se comunicó que se había colocado el piso en el refugio y una estufa nueva”.

Para posibilitar el alojamiento, “en el altillo se ubicaron los colchones para pernoctar. Si bien el refugio era utilizado principalmente durante la primavera y el verano, también en invierno se subía para practicar esquí. Es importante recordar que Catedral recién comenzó a desarrollarse a partir de 1938 y con anterioridad se esquiaba en los cerros Otto, Ñireco y Ventana. También en el López, considerada una montaña para expertos”.

Hay muchísimos más relatos en el transcurso de las 252 páginas que totaliza “Refugio Cerro López Carlos Sonntag”. En versión digital puede leerse en línea a través de la plataforma Calameo.com vía https://www.calameo.com/read/00772965772d2a327138b Habrá una pequeña tirada de ejemplares impresos, que se pueden encargar al correo electrónico [email protected] Un retazo importante de historia montañera.

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