Descripción de “un coleccionista de historias olvidadas”
Jorge Ramírez se describe como “un coleccionista de historias olvidadas”. Desde pequeño, reúne elementos que llaman su atención. “Es una pasión que me viene desde chico; cualquier cosa que encontraba, que me parecía rara, la juntaba. Podía ser incluso un clavito o un tornillito”, comenta.
Pero ese gusto por el coleccionismo recién se transformó en un recurso de vida hace aproximadamente dieciochos años. “Cuando mi madre murió, dejó muchas cosas. Como yo no las iba a usar, empecé a venderlas. Y, después, todo esto me fue gustando”, cuenta.
Así, en la actualidad, vende y canjea antigüedades en la calle Albarracín, entre Elordi y Ruíz Moreno, donde también ofrece semillas de plantas autóctonas. Pero, además, se sumó a la Feria vintage, el proyecto que surgió desde el Municipio el año pasado, impulsado por la Subsecretaría de Cultura, que promueve la exposición y venta de productos de otros tiempos.
Si bien una de las fechas en que se desarrolló, los coleccionistas estuvieron en el Gimnasio Nº 5, ubicado en el kilómetro 13200 de la avenida Bustillo, las exhibiciones se han realizado mayormente en el Puerto San Carlos. De hecho, la propuesta quedó tan vinculada con ese sitio que el titular de Cultura municipal, Martín Iriarte, adelantó que la intención es continuar durante todo el año con la Feria vintage, realizándola una vez por mes en ese espacio.
Además, figura la alternativa de sumarse a otros proyectos culturales. Por ejemplo, el domingo se llevó a cabo, en la plaza Belgrano, Territorio de bandas, donde diversos grupos musicales brindaron recitales, a la vez que emprendedores locales comercializaron sus productos. Y, en ese ámbito, también puedo verse a los integrantes de la Feria vintage, entre ellos, Jorge Ramírez, quien presentó algunas de las cosas que vende. De esa manera, mostró pequeños faroles, relojes despertadores, cámaras fotográficas, vinilos, radios, monedas…
Todo ubicado sobre una pequeña mesa cubierta por un manto verde con adornos en negro, y, también, en una lona roja a cuadros que colocó sobre el césped.
Cosas que atravesaron los años.
Ahí, además, había un par de teléfonos, uno de ellos especialmente antiguo, que, según señala, en algún momento fue parte de un tren. Y ese no lo vende. Porque hay cosas por las que siente particular apego, que las exhibe, pero de las que no quiere desprenderse. En el mismo sentido, menciona una máquina de escribir Royal, así como almanaques con ilustraciones de Florencio Molina Campos, aunque en el último caso aclara que alguno ha vendido (“Porque tengo varios”, apunta).
"Jugando" con un teléfono antiguo.
“Siempre me gustó lo que tiene historia, porque tenemos que saber de dónde venimos, quiénes fueron aquellos que trajeron las cosas que usábamos”, indica Jorge, que nació en Temuco, Chile, y hace sesenta y ocho años, cuando tenía ocho, llegó a Bariloche. “Cuando la ciudad tenía diez mil habitantes”, sonríe.
Uno de los despertadores de Jorge.
“Soy un apasionado de las antigüedades, porque siempre ‘dicen’ algo”, expresa Jorge, quien también se describe como “reciclador”. En tal sentido, expresa que raramente se compra algo nuevo. “Ni la ropa”, afirma, apuntando que, en ese caso, suelen obsequiársela conocidos, cuando dejan de utilizarla. “Hay que reusar; no hay que traer tanta basura al planeta”, sostiene.
Jorge, en la plaza Belgrano, el domingo, a pura sonrisa.