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13/04/2026

A un año de su muerte, recuerdos vinculados con Vargas Llosa

De la amistad con Sabina a sus “demonios”.
Un artículo donde los recuerdos fluyen y convergen, a un año del fallecimiento de Vargas Llosa (fotos gentileza de Noelia López).
Un artículo donde los recuerdos fluyen y convergen, a un año del fallecimiento de Vargas Llosa (fotos gentileza de Noelia López).

El año pasado, el 13 de abril cayó domingo. Y casi que podría haber sido martes 13. Al menos para la literatura, debido a la relación que se suele hacer entre ese día y la mala suerte. Porque en esa fecha falleció uno de los últimos bastiones de las letras. El 13 de abril de 2025, tras haber cumplido ochenta y nueve años pocos días antes (había nacido el 28 de marzo de 1936), Mario Vargas Llosa murió.

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Recuerdo cuando Joaquín Sabina me mostró, durante un encuentro en su casa de la calle Relatores, en Madrid, un ejemplar del Ulysses dedicado por su autor a Cyprian Beach, hermana de Sylvia, quien fue propietaria de la librería Shakespeare and company y primera editora de aquella obra de James Joyce. Joaquín, más allá del orgullo de bibliófilo por contar con aquel texto en su biblioteca, destacaba el hecho de que Vargas Llosa lo había contactado cuando se enteró de que ese libro estaba en sus manos. Así, refería que el Nobel fue a su hogar sólo para constatar que era cierto, que efectivamente lo tenía, y, al toparse con esas páginas añejas, sentía su aroma como si del papel emanara el más dulce de los néctares. De esa manera, Mario y Joaquín comenzaron una gran amistad, que tuvo su punto de partida en el amor por la escritura y la lectura.

Asimismo, en otro momento, durante una charla acerca de sus novelas preferidas, Joaquín Sabina ubicó Conversación en la Catedral, de Vargas Llosa, en su top five, elección que completó con todos, al igual que Mario, autores latinoamericanos, citando también 62 Modelo para armar, de Julio Cortázar; La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce Echenique; El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez; Boquitas pintadas, de Manuel Puig. 

Primera edición firmada del Ulysses, de James Joyce, en la casa de Joaquín Sabina.

Por otra parte, ya no recuerdo cómo, en 2005, conseguí ingresar en una función teatral especial, en Buenos Aires, de La señorita de Tacna, puesta a la que Vargas Llosa, autor de la obra, asistió. Además, participé de un encuentro que el escritor mantuvo con la prensa.

—¿Cómo definiría a los demonios que lo impulsan a escribir? –le pregunté en aquel momento, recordando la expresión que solía utilizar Vargas Llosa para referirse a las sensaciones que lo invadían y lo llevaban a la creación literaria.

—Bueno, si uno los conoce y puede hablar con ellos con tanta facilidad, ya no son demonios —sonrió Vargas Llosa, para luego señalar: —Creo que, para ser eficaces, los demonios tienen que ser esas fuerzas, tensiones o presiones escurridizas, amorfas, que uno no conoce bien, pero que, desde la sombra, empujan a la imaginación en determinada dirección. Con esta metáfora me refiero a que, en la creación —no sucede sólo en la literatura, sino también en cualquier ámbito creativo—, hay fuerzas que no son racionales, que no están controladas exclusivamente por la inteligencia, por el conocimiento, sino que vienen del instinto, de esos fondos que de pronto se abren y le entregan a uno ciertas imágenes. Cuando escribo algo creativo, justamente, espero con gran impaciencia y curiosidad esas contribuciones misteriosas de mi propia sinrazón: una idea para crear un personaje, para moverlo en cierta dirección, para vincular episodios, un tipo de fraseo para narrar determinada historia… Yo me doy cuenta de que no es algo que resulta naturalmente de un raciocinio. Es una intuición, un movimiento profundo que escapa a lo puramente racional. Creo que procede de un núcleo seguramente reprimido por la propia conciencia, pero que, desde las sombras, alimenta la creatividad humana.

Vargas Llosa, en 2005.

Sus lectores, a un año de su muerte, lloramos su ausencia. Y lamentamos ya no poder ir a la librería a pedir “el nuevo libro de Vargas Llosa”. 

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