2026-03-31

CIENTÍFICOS: “ESTÁ MAL” MODIFICAR LA LEY

En años secos, los glaciares pueden aportar más del 40 por ciento del caudal de los ríos

Con participación barilochense y patagónica, My Climate Risk – Argentina objetó el proyecto de reforma que impulsa el gobierno nacional.

Los glaciares y los ambientes que se denominan periglaciares desempeñan roles fundamentales en el sistema climático, por ejemplo, al actuar “como reservas de agua dulce” y al ayudar “a regular los caudales de los ríos”. Es que liberan “agua de manera gradual” y reducen “las variaciones en su disponibilidad, especialmente durante períodos secos”. Esos funcionamientos son muy evidentes en la Patagonia durante los veranos.

Lee también: En Línea Sur, emplearse en el baño de ovejas podía marcar la diferencia entre vivir o morir

La apreciación precedente forma parte de “Glaciares bajo debate. Lo que dice la evidencia científica sobre el agua en Argentina”, documento que elaboró un equipo interdisciplinario de científicas y científicos especialistas en riesgo climático, en el marco de la Audiencia Pública que se convocó para reformar la Ley de Glaciares. Los especialistas se agrupan en My Climate Risk – Argentina. Hizo llegar el texto a El Cordillerano Santiago Hurtado, a quien meses atrás habíamos consultado al trascender que la primavera de 2025 resultó la más cálida de los últimos 60 años.

El texto recuerda que la normativa vigente se sancionó en 2010 y que “establece los presupuestos mínimos para la protección de glaciares y ambientes periglaciares, reconociéndolos como reservas estratégicas de agua y prohibiendo actividades que puedan afectarlos, entre ellas la minería”. También trae a colación que “su aprobación estuvo precedida por un proceso de alta conflictividad política y social: una primera versión de la ley fue vetada en 2008, y su sanción definitiva fue posible tras una amplia movilización de la comunidad científica, organizaciones sociales y sectores académicos”. Ocupaba por entonces el Poder Ejecutivo de la Nación Cristina Fernández de Kirchner.

Entre sus innovaciones, la norma que ahora pretende modificar el gobierno de La Libertad Avanza (LLA) instituyó el Inventario Nacional de Glaciares, a cargo del IANIGLA (CONICET), que permitió “identificar, caracterizar y monitorear estos sistemas como base para su protección”. La sigla corresponde al Instituto Nacional de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, que como se verá, funciona hace más de medio siglo.

La evolucion del glaciar Frías en Tronador. Composición: Toncek Arko.

En la coyuntura “las discusiones actuales retoman tensiones históricas en torno a su implementación, particularmente en lo referido al alcance de la protección de los ambientes periglaciares, el rol de la evidencia científica en la toma de decisiones y la distribución de competencias entre la Nación y las provincias”. Se llama de aquella manera a ecosistemas de clima frío que se caracterizan por la presencia de suelos congelados, ciclos de congelamiento y descongelamiento, además de otros procesos asociados al hielo y las rocas.

Reservas de agua

My Climate Risk – Argentina objeta que el proyecto de reforma proponga “que sean las provincias, y no el IANIGLA-CONICET como establece la ley vigente, quienes decidan qué glaciares tienen suficiente importancia hídrica como para quedar protegidos. Los glaciares y el ambiente que los rodea son reservas estratégicas de agua. En años de poca lluvia y nieve, los glaciares pueden aportar más del 40% del caudal de los ríos andinos. Decidir cuáles merecen protección y cuáles no conlleva, por lo tanto, consecuencias directas sobre el agua disponible para millones de personas”, alerta el texto.

El organismo “surgió precisamente porque una sequía prolongada en los Andes Centrales a fines de la década de 1960 dejó al descubierto la falta de información científica sobre esos recursos”. En el presente, “reúne a más de 140 integrantes, más de la mitad investigadoras e investigadores del CONICET con doctorado y posdoctorado en temas directamente vinculados a la hidrología andina. Es el único organismo del país capaz de inventariar los más de 16.000 glaciares de la cordillera argentina y de cuantificar el aporte de los glaciares de escombro, que son masas de hielo cubiertas por rocas y sedimentos que también forman parte del ambiente protegido por la ley”. En 2025 la Fundación Williams reconoció su trayectoria con el Premio a la Excelencia Científica.

El pronunciamiento también sostiene que “la gobernanza del agua en Argentina se caracteriza por una alta fragmentación institucional y por marcadas asimetrías en las capacidades técnicas entre las jurisdicciones. Estudios recientes señalan que la descentralización requiere mecanismos adecuados de coordinación y fortalecimiento institucional ya que de otro modo debilita la gestión integrada de los recursos hídricos y dificulta la toma de decisiones basadas en evidencia”.

Hay una grieta más importante que la social. Foto: Toncek Arko.

En consecuencia, “trasladar a las provincias la responsabilidad de definir la relevancia hídrica de los glaciares —sin garantizar capacidades técnicas homogéneas ni marcos de articulación interjurisdiccional— no solo incrementa el riesgo de decisiones inconsistentes, sino que puede comprometer seriamente la protección efectiva de sistemas clave para la seguridad hídrica de la población argentina y de los ecosistemas, así como afectar diversas actividades económicas”, alerta el documento. De manera que “se hace evidente el rol insustituible del IANIGLA-CONICET para intervenir como única autoridad competente reconocida por la ley”.

Doble rol

Como planteábamos al comienzo de esta síntesis, “los glaciares y los ambientes periglaciares cumplen un doble rol fundamental en el sistema climático: por un lado, regulan el agua disponible (regulación hidrológica) y, por otro, influyen en el clima (regulación climática). Actúan como reservas de agua dulce y ayudan a regular los caudales de los ríos, liberando agua de manera gradual y reduciendo las variaciones en su disponibilidad, especialmente durante períodos secos. En este sentido, los ambientes glaciares y periglaciares sostienen el caudal de los ríos y la disponibilidad de agua en la temporada seca, por ejemplo, en verano en Patagonia”.

En forma simultánea “influyen en el clima regional, por lo que su impacto puede extenderse más allá de los límites provinciales. Contribuyen a la regulación climática al reflejar la radiación solar (efecto albedo), lo que ayuda a mantener temperaturas más bajas y a moderar los extremos térmicos. Además, intercambian calor y humedad con la atmósfera, influyen en los patrones de viento y, en consecuencia, en las precipitaciones, tal como se ha observado tanto en estudios del clima pasado como en simulaciones actuales en diferentes regiones del mundo”.

En contextos de sequías prolongadas, “el aporte de los glaciares y de los ambientes periglaciares ha actuado históricamente como un amortiguador frente a la variabilidad climática, ayudando a sostener los caudales cuando las precipitaciones son escasas. Sin embargo, los cambios en estos ambientes pueden alterar esa capacidad de regulación y, en consecuencia, afectar la disponibilidad de agua y aumentar la intensidad de eventos extremos como sequías e inundaciones”.

No hace más falta que mirar el Tronador, pero el informe también puntualiza que “los glaciares están respondiendo rápidamente al calentamiento global y han disminuido de tamaño de manera acelerada en las últimas décadas. Este proceso se ve reforzado por mecanismos de retroalimentación positiva: la pérdida de hielo expone superficies más oscuras que absorben mayor cantidad de calor, mientras que el deshielo del permafrost (suelo congelado) puede liberar gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono y metano, intensificando aún más el calentamiento global”.

De manera que “los glaciares y los ambientes periglaciares desempeñan un papel clave en la regulación del clima, el balance energético y el ciclo hidrológico en su conjunto, además de constituir reservas estratégicas de agua dulce. Su protección —tal como ya establece la legislación argentina— se basa en evidencia científica sólida: estos sistemas no solo contribuyen a la seguridad hídrica de las comunidades locales y provinciales, sino que también son componentes activos y estratégicos en la regulación del clima regional y global”. El informe se extiende por ocho páginas y plantea otras objeciones el proyecto de reforma, al que, en buen romance, considera que “no está bien. Está mal”.

Te puede interesar