MARCOS CARRERAS HABÍA PARTICIPADO DE UN CURSO EN ENERO
El nuevo “niño prodigio” de la música argentina, una vez más en Bariloche
La fecunda relación que hace décadas mantiene Bariloche con la música académica hace que Marcos Carreras ande seguido por acá, aunque a la luz de su calendario 2026 es probable que pase un tiempo antes de volver a contar con su presencia. El nuevo “niño prodigio” de la Argentina tenía previsto presentarse en un cotizado hotel al momento de redactar estas líneas para El Cordillerano, pero afortunadamente, se hizo un ratito entre ensayo y ensayo para responder algunas inquietudes merced a los oficios de papá Lisandro.
“En Bariloche hay un montón de cosas de música y de acá salen muy buenos músicos”, ponderó el jovencísimo violinista, que vino al mundo en 2013. “Vamos viendo qué cursos puedo hacer, al EPI (Encuentro Internacional de Piano) lo hice dos veces porque es increíble, una experiencia hermosa”, consideró. La última edición del acontecimiento que dirige José Luis Juri tuvo lugar en enero. “No es que venga muy seguido, pero más o menos”, concedió Marcos. “El primero que hice fue en 2025 con el maestro Rolando Prusak y ahora, en 2026, repetí con Pablo Saraví”, precisó.
Mientras la mayoría de los pibes de 12 o 13 años acaba de empezar el ciclo lectivo, nuestro interlocutor debe hamacarse. “En mi vida cotidiana me voy repartiendo entre la música y el colegio, pero te cuento: formo parte del Programa de Artistas de Alta Dedicación, una ley que sacó el Ministerio de Educación y posibilita a los chicos dedicarle mucho tiempo a la música o al arte en sí sin descuidar el bachillerato o la escuela, con una cursada un poco más sencilla”, informó. “De hecho, en estas dos semanas que los chicos están en el colegio y yo por acá, me permite seguir cursando vía virtual, con trabajos prácticos y todo eso. Voy al colegio Juan Pedro Esnaola, que está orientado a Música”, compartió. En Buenos Aires, claro.
Con papá Lisandro y mamá María José.
Cuando el que firma preguntó si fue Marcos quien eligió al violín o más bien, fue el instrumento el que tomó la decisión, nuestro pequeño interlocutor compartió una vivencia. “Mi papá, Lisandro Carrera, y mi mamá, María José Camacho, son violinistas y tocan en orquestas profesionales. La anécdota es la de siempre: un día, mamá estaba estudiando, yo estaba haciendo la nada misma en mi pieza y entonces, entré a escucharla, como hacía todos los días en ese entonces. Después, entró papá y le pareció buena idea preguntarme si quería empezar a estudiar violín, porque veían que yo siempre me interesaba en escuchar. Así fue la elección, no fue nada forzado. En cierto sentido, yo elegí al violín, pero también por el entorno, el violín me eligió un poco a mí”, admitió.
Sin presión
A pesar de los elogiosos comentarios que despierta en la prensa especializada y las expectativas que sobre su futuro se depositan, “la verdad, no soy un chico que sienta mucha presión”, compartió. “Todo eso lo convierto en alegría y diversión, pero me doy cuenta, por otra parte, que me están empezando a salir muchas cosas y estoy adentrándome más en el mundo de la música de lo que ya venía. Es natural, pero también me motiva a estudiar más”, replicó.
Si bien parece estar recién al comienzo de una prolongada trayectoria, Marcos ya tiene sus predilecciones. “En cuestión de interpretar, me encanta el tango: Piazzolla o Gardel. Y de la música clásica me gustan mucho Beethoven y Mozart. En realidad, la música clásica tiene muchísimos compositores, pero me siento muy cómodo interpretando Beethoven, por ejemplo. Y de violinistas favoritos me tendría que quedar con muchos: me encanta Hillary Hahn, me encanta (Maxim) Vengerov, me encanta (Itzahk) Perlman… La música tiene tantos intérpretes y autores que hacen cada uno lo suyo y me encantan todos”, concedió.
Quizá comprensiblemente, el violinista no vibra demasiado con los sonidos que disfruta el piberío de su edad. “La verdad, la música de ahora -trap, reguetón o cumbia- no me gusta mucho, no estoy muy adentrado”, reconoció. “Si tengo que escucharla la escucho porque la música es hermosa en todos sus aspectos, pero tal vez el reguetón y todo eso, son más ritmos que canción sin letras profundas. No me gustan mucho a mí, pero entiendo a la gente que le gusta”.
En el Teatro Colón.
El año que en un punto recién se inicia será de intenso trajín para el pequeño Carreras. “Estoy super emocionado por todos los conciertos que me van saliendo, como este en Bariloche (Semana Musical Llao Llao). Estoy super ansioso por cómo va a salir y para el resto de 2026, clasifiqué para tomar unas masters clases con el maestro Pierre Amoyal en Milán (Italia), creo que a mitad de abril. Y también conseguí una beca de la Sociedad Albéniz para irme a estudiar al Reina Sofía (Escuela Superior de Música) en Madrid (España) en junio o julio. Esos son los planes grandes y estamos viendo que más conciertos vamos a hacer. Pronto voy a tocar en Paraná (Entre Ríos) un repertorio un poco más amplio que en el Llao Llao”, auguró.
Para su compromiso en el histórico establecimiento, Marcos Carreras tenía previsto hacer dupla con la pianista Tamara Benítez e interpretar “unas piezas de tango, Gardel, Piazzolla, la Sonatina de (Antón) DvoÅ™ák al completo y otras cosas. Estoy super emocionado”, insistió. Un “niño prodigio” visita periódicamente Bariloche, pero tiene los pies en la tierra y no se corre ni un poquito de “la alegría y la diversión”. Enhorabuena.