2026-02-01

ANTES QUE LOS AVIONES, LOS SATÉLITES O LOS DRONES

En la más espectacular de sus visiones, Don Bosco “sobrevoló” Sudamérica

El sueño que experimentó el fundador de los salesianos tuvo lugar en 1883, cuando todavía los conocimientos geográficos sobre Patagonia eran muy imperfectos. Es considerado “el más maravilloso de su vida”.

No fue la obra de algún vuelo de reconocimiento por parte de alguna fuerza aérea poderosa ni de una misión espacial ni de las evoluciones de equis satélite: el primero que tuvo una mirada desde el aire de Sudamérica fue una figura de la Iglesia que, con el tiempo, se convertiría de importancia central para el acontecer espiritual de la Patagonia. Según la fe católica, se trató de una “visión profética” que inclusive se adelantó en varios años al conocimiento geográfico.

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Sobre fines de 2025, El Cordillerano había traído a colación algunas de las visiones que hicieron célebre a Giovanni Melchiorre Bosco, es decir, Don Bosco. Fue como consecuencia de una de ellas que el fundador de los salesianos entendió -después de cruzar los resultados de su don con testimonios y lecturas- que sería la Patagonia la región adonde debía dirigir sus esfuerzos misionales, en compañía de otros integrantes de su congregación.

Pocos más de 60 años atrás, Pascual Paesa publicó su “Patiru Domingo. La cruz en el ocaso mapuche” (1964), trabajo que en realidad gira en torno al sacerdote Milanesio, quien precisamente desplegó parte de su tarea en la región. Sin embargo, sus primeros apartados refieren a Don Bosco y reconstruyen los sucesos que condujeron a los salesianos al sur del Sudamérica, cuando en Europa poco y nada se sabía de estas latitudes.

Las cursivas, mayúsculas y paréntesis que siguen en los párrafos que transcribimos, pertenecen al original. “Esta ciencia geográfica (por mitad adquirida y por mitad infusa) del Santo Visionario de la Patagonia, fue tan completa, que llega a ofrecernos en aquellos años el contraste de estos detalles (narra el biógrafo de D. Bosco): lo que principalmente le mantenía perplejo y no podía distinguir el campo del apostolado visto en sus sueños, el haber observado dos ríos a la entrada de un extensísimo desierto, que no alcanzaba a situar en las cartas geográficas; y sólo llegó a determinar que eran el Río Colorado y el Río Negro, cuando tuvo en Turín la primera conversación con el Comendador D. Juan Gazzolo, cónsul de la República Argentina en Savona”, según la reconstrucción de Paesa.

He aquí el hecho que desafía toda lógica. “Y si estos detalles fueron admirables, la extensión de la visión profética a todas las tierras de América llega a causarnos estupor”, admitía el sacerdote. “En la noche del 30 de agosto de 1883 (fiesta de Santa Rosa de Lima), D. Bosco fue iluminado con el sueño, quizá más maravilloso de su vida, en constante unión con Dios. Acompañado por un angelical alumno, Luis Colle, recorrió en vuelo toda la América hasta el paralelo 55°. En la descripción minuciosa recogida de sus labios, se sitúan pueblos, ciudades, Colegios, Misiones, industrias, minas, ferrocarriles, riquezas tan sólo hay amanecidas”.

Hasta Tierra del Fuego

Los 55° de latitud sur transcurren desde la perspectiva argentina, por el Canal del Beagle, es decir al sur de Tierra del Fuego. De manera que, a través de su visión o sueño, el religioso se convirtió en la primera persona en observar la porción sudamericana del continente desde arriba. “Pocos meses antes (en abril), el maravilloso soñador había sido premiado en la ciudad de Lion con una medalla de plata expresamente acuñada por la Sociedad Geográfica. Esta recompensa atestiguaba la admiración por sus estudios sobre la desconocida Patagonia”, suma el trabajo del sacerdote.

El gran soñador.

Por entonces, cuatro años después de que se desencadenara la así llamada Campaña al Desierto, “¡bien desconocida era la Patagonia hasta para los mismos argentinos!”, ironizó Paesa. Es más, “siete años después del sueño de D. Bosco, el doctor Adolfo Alsina, confesaba en la Memoria sobre una nueva línea de Fronteras elevada al Congreso Nacional”. Las que siguen son las palabras del predecesor de Julio Roca en el Ministerio de Guerra y Marina: “Anticiparé, sin embargo, que, a mediados de 1875, cuando hube estudiado todos los antecedentes de la cuestión, consignados en viajes, en mapas y memorias, SOLO UNA COSA ME ARREDRABA Y ERA LA IGNORANCIA, o, cuando menos, la incertidumbre sobre las condiciones del terreno en que iba a operarse y del trayecto que debían recorrer las fuerzas expedicionarias. Sobre este punto había una anarquía completa en las ideas; y como era natural de esa anarquía que engendraba la desconfianza y la duda, provenía, necesariamente, que los obstáculos apareciesen invencibles y los peligros fatales”.

El sacerdote historiador incurrió aquí en un error de datación, porque Alsina dejó de existir en 1877, es decir, seis años antes de la visión de Don Bosco. Pero más allá de su desajuste cronológico, el autor puso de relieve la importancia que le adjudicó la Iglesia de la Argentina al salesiano y sus visiones. “Sólo después de haber transpuesto el medio siglo de las siembras y ante el acopio histórico de sus mieses en la amplitud soñada por el Fundador de la Congregación Salesiana, Mons. Luis Duprat pudo pronunciar este juicio concluyente ante la memoria del Card. Juan Cagliero”, cita Paesa.

He pensado muchas veces, y vosotros coincidiréis quizá conmigo, que la fundación de la Pía Sociedad Salesiana fue un hecho singularmente auspicioso, DEBIERA DECIR PROVIDENCIAL PARA ESTA REGIÓN DE PAÍSES SUDAMERICANOS, con vastos territorios, en los que se halla diseminada una población escasa por el momento, pero destinada a crecer enormemente con el andar del tiempo, sin cultivo alguno moral y religioso, a causa de la extrema penuria del personal, y de medios de la Iglesia de nuestro país, PARA ACUDIR A TIEMPO A CONJURAR TAN EXTREMO PELIGRO”.

Para la fe católica “Dios nos deparaba el remedio muy lejos de aquí, en el seno de aquella Italia creyente y laboriosa, a la que nuestra Nación es deudora de tantos otros bienes y progresos. ¡Bendita sea esa amorosa Providencia que así ha velado por nuestros destinos! ¡Y loado sea Dios, nuestro Señor, QUE SUSCITÓ EN SU IGLESIA UN DON BOSCO PARA BIEN DE TANTOS PUEBLOS!”, decía Duprat. E indirectamente, para que terminara de redondearse el conocimiento geográfico de la Patagonia.

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