2026-01-04

NO SOLO HACIA CHILE FLUÍAN LAS MERCADERÍAS

Cien años atrás, el Nahuel Huapi era nodo comercial para Línea Sur y Neuquén

 Donde hoy se levantan un tradicional restaurant y dependencias de fuerzas de seguridad, bullía la actividad mercantil e incluso administrativa.

Suele suponerse que en las primeras décadas del siglo XX la totalidad de la actividad comercial de Bariloche se volcaba hacia las ciudades chilenas del sur, pero aproximadamente 100 años atrás algunos establecimientos del Nahuel Huapi funcionaban como pívot entre la Línea Sur, localidades del norte de Chubut e inclusive Neuquén. Donde actualmente se erigen un histórico restaurante y dependencias de una fuerza de seguridad, el paraje bullía de quehaceres mercantiles y también oficiales.

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En efecto, “la demanda de lana de firmas comerciales de Buenos Aires fue intensa durante toda la década del 10 y del 20 -salvo el interregno 1920/22- tendiendo los precios a mantenerse si la lana era de baja calidad o a incrementarse, si el producto que ofrecía la región del Nahuel Huapi era de calidad superior”. Hacía de pasamanos mercantil un célebre tejano que dejó su huella en el pasado regional.

“En algunos casos (Jarred) Jones buscaba intermediarios de confianza para establecer contactos con gente de la Línea Sur y a través de ellos comprar novillos y lanares”. Cabe recordar que, si bien el ferrocarril finalizó en Bariloche en 1934, los trenes llegaban hasta Ingeniero Jacobacci desde 1917. Exactamente 100 años atrás, “llegaban dos trenes semanales a Pilcaniyeu, punta de rieles, quedando allí detenidos los trabajos hasta 1932”.

Puede consultar la cronología en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo Libros, 2010), de la historiadora barilochense Laura Méndez. En ubicación geográfica inmejorable “una vez provisto de hacienda, cueros y lanas, Jones comenzaba un circuito de distribución que incluía Bariloche, Chile y poblaciones de los territorios neuquino y rionegrino”.

El predomino de los productos ganaderos era considerable. “Desde Ingeniero Jacobacci, en 1927, Salomón Bugamen compraba a Jones cueros vacunos, y José Brondo, propietario de la carnicería La Puntual, capones y novillos”, puntualiza la investigación. El ex cowboy estadounidense “proveía de pieles silvestres a la firma Gómez Echeguren, de Zapala, en tanto que Osvaldo E. Hechenleitner, de la misma ciudad, le solicitó en 1934, 2.000 ovejas para llevar a su campo y criarlas junto a un nuevo socio”.

El área de influencia de Jones llegaba hasta las cercanías de la capital neuquina. “A Senillosa enviaba cueros vacunos en consignación para la firma Carlos N. Vivot y Cía., dedicada al acopio de frutos del país y consignación de cargas. También tuvo vinculaciones con vecinos de Comallo, como en el caso de la barraca Aguirrezabala Hnos., a quien proveía de lana, cerda y cuero de diversos tipos”, completa la enumeración.

Señala la historiadora que si bien “no existen registros de los volúmenes comercializados, sí hay suficientes evidencias para afirmar que las actividades comerciales interregionales eran intensas y dinámicas, y que Jones era una pieza fundamental para el comercio de hacienda, lanas y cueros, actuando a veces como comprador y otras como proveedor”. En la práctica y “en poco más de un decenio, el almacén se convirtió en un centro social: allí recibían sus sueldos los policías del departamento de Los Lagos y los docentes de escuela, incluidas las de Bariloche”.

Las dependencias estaban a pasos del nacimiento del Limay, paraje que por entonces se conocía con el nombre del lago: Nahuel Huapi. “Muy cerca del almacén estaba el registro civil del departamento, la Comisaría y también la Oficina de Correos. Como no siempre se encontraba allí su personal, en el almacén de Jones se recibían y entregaban correspondencia, avisos de nacimiento, requerimientos de la presencia del Juez y se daba almuerzo a policías y detenidos”. Un auténtico centro administrativo y algo más.

Lejos de contentarse con tanta efervescencia, “Jones organizó también un continuo servicio de fletes que iba y venía desde punta de rieles hasta las diferentes localidades del sur rionegrino y el norte de Chubut. Según el testimonio de Ítalo Paolí, uno de los pioneros de la región, los primeros transportes eran carros de seis ruedas tirados por mulas con capacidad para cuatro personas, propiedad de Francisco Sánchez. Estos carros hacían la ruta Neuquén-Bahía Blanca, desde donde traían comestibles y ropas, tardando entre tres y cuatro meses para ir y venir”. Evidentemente, eran otros los tiempos.

“La frecuencia de los viajes realizados por Jones entre Ñorquinco, Comallo, Maquinchao, Bariloche y Nahuel Huapi era intensa y de modalidad dual: a veces Jones cobraba el flete a las firmas de esas localidades por mercaderías traídas desde otros puntos de la provincia y de Chubut, mientras que en otras oportunidades pagaba por servicios de transportes realizados por las firmas de Gariglio, Brussino y Cía. (Maquinchao) y Carro San Martín y Cía. (Ñorquinco)”. En definitiva, un nodo comercial que, si bien miraba a Chile, no descuidaba el tráfico al este de la cordillera.

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