INNOVADOR
Así es la exótica casa de barro de Momo, el hijo de Julian Weich que se hizo “hippie”
Entre montañas, tierra húmeda y el sonido del viento, Jerónimo “Momo” Weich encontró su manera de habitar el mundo. Lejos de la vida urbana y del ritmo de la televisión, el hijo de Julián Weich se instaló en las sierras de Córdoba y decidió levantar con sus propias manos una casa hecha casi por completo de barro. Un proyecto que combina filosofía, ecología y una búsqueda profunda de conexión con la naturaleza.
El conductor, orgulloso del camino que eligió su hijo, fue quien mostró en redes parte del proceso de construcción. En los videos que compartió, se lo ve a Momo mezclando barro, acomodando piedras y moldeando las paredes con paciencia artesanal. “Mi hijo el hippie”, escribió entre risas Julián, dejando ver la admiración con la que sigue cada paso de esta aventura.
La vivienda, completamente sustentable, fue construida con técnicas de bioconstrucción y permacultura. Momo utilizó madera reciclada, vidrios recuperados y materiales naturales que encontró en la zona. La estructura se sostiene sobre una base de piedra conocida como “pata de elefante”, que evita la humedad del suelo y mantiene la temperatura interior estable.
Por dentro, la casa sorprende por su calidez y diseño. El techo de machimbre funciona como aislante térmico y estético, mientras que los amplios ventanales permiten aprovechar la luz solar durante todo el día. Los muebles, elaborados con madera reutilizada, conservan el estilo rústico y acompañan el espíritu simple del lugar.
La cocina, iluminada de forma natural, tiene una barra de madera maciza, estantes empotrados y detalles coloridos en las paredes, donde Momo incorporó pequeños vitrales que filtran la luz y crean un ambiente sereno. Cada espacio fue pensado para ser funcional y a la vez armonioso, respetando el entorno y evitando el uso de materiales industriales.
Actualmente, Momo vive en una comunidad dedicada a la agroecología y coordina un proyecto de “santuario de agua”, orientado a proteger fuentes naturales y promover el uso responsable de los recursos. Su rutina combina trabajo físico, meditación y aprendizaje constante sobre la tierra, la energía solar y los cultivos orgánicos.
De este modo, el hijo de Julián Weich eligió un estilo de vida que rompe con lo establecido y apuesta a lo esencial. Su casa de barro no solo representa una forma de vivir distinta, sino también un manifiesto silencioso: que es posible construir belleza, abrigo y sentido sin alejarse de la naturaleza.