2025-10-26

NO DEJARON QUE VOTARAN 43 EXTRANJEROS Y FUE DETERMINANTE

¿Elecciones? Elecciones fueron las de 1930, cuando había que ser guapo para votar

El sector que perdió la primera elección municipal de Bariloche denunció por su parte, que habían votado 132 ciudadanos que no eran vecinos.

Los/as barilochenses demoramos en adquirir el hábito de ir a votar. En primera instancia, porque la ciudad formó parte de un Territorio Nacional, es decir, el gobernador fue designado directamente por el presidente hasta la provincialización, que tuvo lugar en 1955. Además, por entonces los períodos de gobierno se extendían a seis años en el caso del Poder Ejecutivo Nacional. Por entonces, que las elecciones de medio término tuvieron tanta relevancia como en 2025 era poco probable.

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En la jurisdicción local, si bien la ciudad adquirió existencia formal en 1902 a través de un decreto, se tardaría 28 años en concurrir por primera vez a las urnas para elegir autoridades municipales. La compulsa enfrentó a los vecinos más caracterizados de entonces y la campaña adquirió tanta intensidad que no tuvo mucho que ver con la imagen idílica del pueblo de montaña. Por cuatro bancas afloraron múltiples conflictos.

El 6 de septiembre de 1929 el Ministerio del Interior de la Nación había autorizado el funcionamiento de un Concejo Municipal en San Carlos de Bariloche. A nivel nacional gobernaba el radicalismo, y para administrar el proceso se conformó una Comisión Electoral que se integró con representantes de los tres sectores en pugna. La votación iría a realizarse el 2 de marzo y el proceso previo fue problemático.

En primera instancia, eran tres los sectores en pugna. Julio Comesaña, Benito Crespo, Roberto Lamuniere y Gustavo Boiza formaban parte del Comité “Pablo Torelo”, que agrupaba a los radicales yrigoyenistas. Recordemos que ya por entonces, un sector de la Unión Cívica Radical (UCR) seguía a Marcelo Torcuato de Alvear y ya no al veterano caudillo. Otra facción que se proclamaba independiente tenía como rostros visibles a José de García, Rubén Fernández y Evaristo Gallardo. Por su parte, Miguel Penna, Pedro Longareti y Bernardo Bock se asumían como “capraristas”, es decir, seguidores de Primo Capraro.

A la hora de las formalizaciones, fueron solo dos las listas que presentaron candidatos: una llevaba a Fernández a la cabeza y la otra a Capraro. El primero se había desempeñado como jefe de Correos y Telégrafos y también como juez de Paz. Como se sabe, el segundo fue figura central en la todopoderosa Compañía Comercial y Ganadera Chile Argentina. Para la coyuntura, venía de protagonizar un fuerte enfrentamiento con la Liga Patriótica, agrupación nacionalista de derecha.

Polémica sobre el voto extranjero

Como buena parte de la población barilochense de entonces no era de origen argentino, fueron muy encendidas las discusiones sobre la cantidad de años que debían acreditar los residentes extranjeros para votar. Era una cuestión decisiva. Los contendientes tampoco pudieron acordar qué autoridad debía otorgar el certificado de “vecino” a los interesados en sufragar. Que usemos el género masculino exclusivamente no es un descuido: el voto de las mujeres no existió en la Argentina hasta 1947 y se puso en práctica por vez primera en 1951.

Primo Capraro, junto con Matilde y Luisa, dos años después de la elección. Archivo Visual Patagónico.

Ante tantos desacuerdos, Capraro reclamó una definición a la gobernación. Por decirlo futboleramente, la cuestión se resolvió en tiempo de descuento: recién el 27 de febrero el gobernador autorizó a la Comisión Electoral a emitir certificados de vecindad y confeccionar el padrón. Faltaban tres días para los comicios, en consecuencia, los trabajos preelectorales debían llevarse a cabo más que febrilmente, pero no todos los integrantes del cuerpo asumieron la tarea con la celeridad que se requería.

Para acceder al certificado era necesario contar con el voto mayoritario de los integrantes de la Comisión, requisito que provocó la protesta airada de Capraro. Es que esta tenía dificultades para constituirse, ya que algunos de sus miembros argumentaban “no tener tiempo”. El gobernador Quaglia recibió un número considerable de telegramas sin firma que acusaban a Julio Comezaña y Benito Book de obstaculizar la inclusión de extranjeros en el registro electoral.

Entonces, el secretario de la gobernación estableció que el comisario podía emitir los trabajosos certificados. El clima electoral se veía reflejado en El Mosquito, periódico barilochense que también circulaba en Esquel, fundado por Pablo Mange ese mismo año, con la inclusión de noticias políticas del ámbito local y nacional. Hoy nadie les presta demasiada importancia, pero 95 años atrás ninguna de las listas presentó programa electoral.

A diferencia de la actualidad, en aquellos tiempos era un tanto comprensible porque era verdad que se conocían todos. Las promesas no hacían falta. En definitiva, fueron 428 electores los que votaron el 2 de marzo de 1930. En la actualidad, la cantidad de votantes habilitados/as oscila las 110.000 personas. Como resultado, integraron el Concejo Municipal Rubén Fernández (235 votos), Benito Crespo (234 votos) y Evaristo Gallardo (233 votos). Por la minoría, ingresó Primo Capraro (192 votos). La lista perdidosa quedó a una distancia de 43 votos del triunfo, cifra que hay que considerar porque 100 votantes “extranjeros” denunciaron que no se los dejó votar por no contar con el tan mentado certificado.

¿Fraude?

El diario La Nación informó que se tomaron como válidos 132 votos que debieron impugnarse, ya que no fueron incluidos en sobres, es decir, no fueron secretos. O bien, fueron emitidos por personas que residían habitualmente en Comallo o en Las Bayas. Si bien eran argentinos, no vivían en la localidad y debían quedar fuera de la elección, según los alcances de la Ley 1.532. Quizás haga falta recordar que el corresponsal del diario capitalino en Bariloche era Primo Capraro.

Tantos conflictos se revelarían inútiles poco tiempo después: el 6 de septiembre de ese año se produjo el golpe militar contra el presidente Yrigoyen, primera asonada de una larga lista. Asumió la gobernación del Territorio Nacional el coronel Federico Uriburu y, curiosamente, si bien Capraro había adherido al Comité “Pedro Oyhanarte”, saludó al golpe, al que definió como un hecho “trascendental” y “memorable”.

Suspendidas las instituciones democráticas, el gobierno de la Municipalidad de Bariloche se ejerció a través de una comisión que tuvo como presidente a un teniente primero del Ejército, Ramón Ubieto, quien se encontraba accidentalmente por aquí al trabajar en el tendido de una línea telefónica a Puerto Blest. Fue el primer golpe de Estados del siglo XX y como se sabe, hubo varios más. Los/as barilochenses demoraron en adquirir el hábito de la votación democrática.

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