PÁJAROS Y AVES DE PATAGONIA SON GRANDES PRONOSTICADORES
Que los chimangos no graznen de noche y que los teros ayuden contra “daños”
A veces su presencia es tan corriente que podríamos considerarlos auténticos vecinos. Pero a diferencia de quienes están del otro lado del cerco o de la medianera, sus costumbres o cantos pueden funcionar como indicios del porvenir inmediato. En ocasiones, sus avisos pueden inquietar y despertar preocupación, pero no siempre porque en otras, quizás adelanten un corto plazo venturoso y digno de alegría.
El chimango puede molestar si tiene demasiado hambre y la recolección de residuos no pasó puntualmente, pero haremos bien en prestar atención a determinados comportamientos suyos. En la lengua del pueblo mapuche se llama tiuque y se sabe que “vuela despacio y en círculos generalmente de día”, tal punto que cuando canta de noche es mala señal. En San Juan de la Costa (una localidad que queda al oeste de Osorno) cuando escuchan que los tiuques recorren de noche un campo en bandadas y cantando es señal de que esos campos serán despojados de sus dueños y quedarán vacíos de gente”.
Imposible no asociar ese comportamiento al proceso de colonización que sufrió la zona desde mediados del siglo XIX, con consecuencias en el largo plazo en Bariloche. “Su canto en grupo anuncia la lluvia” y a propósito hay un dicho en los ambientes rurales: “el tiuque se alegra de la lluvia, aunque no tenga sembrado”. También habrá precipitaciones “si se revuelve en el polvo”, dice la sabiduría popular. No obstante, “si se paran en el techo de alguna casa al atardecer, se cree que son brujos escuchando las conversaciones de los moradores”. Hay que prestar atención.
Otro persistente vecino de los hogares de Bariloche que cuentan con patio es el chinkol o chingolo, que en la cultural del pueblo originario “representa lo pequeño y movedizo”. En zonas rurales “llega a todas las meriendas del campo y es por ello símbolo del invitado inesperado”, asevera la tradición, no sin humor. “Come de todo: insectos, granos, semillas, migas de pan” y “es pajarillo de canto muy melodioso. Si canta de noche anuncia viento”, pero “si a un viajero nocturno le canta, le anuncia desgracia o infortunio”.
La simpatía del chingolo contraste con la cara de pocos amigos que tiene el kongkong, un “búho misterioso” del que “poco sabe la gente de sus costumbres”. Es más, “se le asocia a los poderes de la noche”. El kongkong “imita sonidos de otros animales y avisa con ello si hay robo, si están robando los animales”, dice su caracterización. “Si grita de noche junto a una casa es muerte, o presencia de Policía (o carabineros o gendarmes) al otro día muy temprano (los paréntesis están en el original)”. Como contrapartida, “si cantan lejos de la casa es que anuncian tiempo bueno”.
El vigía por excelencia
Al menos en algunos barrios de Bariloche, durante el invierno se ausentan y cuando vuelven, es señal de que los rigores más duros quedaron atrás. El tero, tregl o treule en mapuzungun es el ave que “hace el movimiento de cabeza que la gente reproduce en el baile del lonkomeu”, indica la tradición mapuche. “Es el vigía por excelencia, anuncia de noche sin andan cuatreros, alerta a las otras aves sin andan cazadores”. El tero brinda además servicios de otra índole: “se considera de buena suerte para el amor guardar un espolón de sus alas” y en términos menos agradables “sus plumas se queman mezcladas con ruda y crin de caballo para anular algún daño”, entendida la última expresión en su sentido esotérico.
Además, “si (el tero) vuela sobre las casas gritando durante el día significa visitas, pero si lo hace de noche será muerte de algún morador. Si aparecen hartos (es decir muchos) en el campo es anuncio de buenas cosechas”. En su faceta de vigía, “por la noche delata a los cuatreros” y hay que observar con atención porque “jamás se detiene sobre un árbol, pero cuando lo hace es mala señal”.
No hace mucho hablamos en El Cordillerano de los jotes, cuando advertimos que dos expresiones musicales de esta ciudad (“Moro” Valeria y Quemacasas) les habían dedicado sendas canciones. En mapuzungun se llaman kanin o kelwi. “Se alimenta de animales en descomposición, su presencia en grupos avisa que algún animal ha muerto. Su color negro y su pico ganchudo intimidan. Es ave carroñera, no bien vista a veces, pero necesaria”. Antiguamente, cuando imperaban “tiempos de guerra, su presencia en el ejército significaba que correrá sangre, que este ejército perderá”.
Bandurria.
Por último, para este recorte puntual, del comportamiento de la bandurria también pueden extraerse conclusiones que harán al futuro inmediato. Su nombre en lengua mapuche es raki, “es sociable y no huye de las gentes”. Como bien sabemos los vecinos/as de esta ciudad, “su canto es estridente, metálico, parece que siempre están conversando, de a dos, de a cuatro, moviendo su pico largo y curvo”. Además, “su paso indica que el viaje será feliz. Asimismo, si grita al pasar por un lugar, el próximo viaje será feliz”, insiste la descripción.
Todas las descripciones que traemos a colación aparecen en “Wera wenu werken. Las aves en la cultura mapuche” (2009), un libro que reúne “investigación en terreno” con “supervisión académica” e “investigación bibliográfica”, además de ilustraciones. Son sus autores Wilma Aguas Deumacán, Erwin Nettig Rosales, Néstor Clavería Pizarro y Carlos Laporte. Además de edición física, hay una en PDF que se puede descargar libremente desde Internet.