UNO DE LOS MOMENTOS CULMINANTES DEL RECIENTE NEVADAS ESCÉNICAS
¿Qué tienen que ver Freud y C.S. Lewis con Bariloche?
“En esos tiempos pasaban / cosas que no pasan ya. / Cada cual tenía un cantar / o copla de anochecida. / Formas de curar la herida / que sangra en el trajinar”, cantaba Atahualpa Yupanqui en “El payador perseguido”. Ni Sigmund Freud ni Clave Staples Lewis tuvieron la chance de conocer el relato por milonga del músico y poeta argentino, pero a su manera hacían “cosas que no pasan ya”, como reunirse en la casa del primero simplemente a debatir, a sabiendas desde el vamos de que no iban a llegar a ningún acuerdo. El fundador del psicoanálisis y el célebre medievalista estaban firmemente parados en sus respectivos cantares y difícil que se movieran un centímetro de sus posiciones. Más allá de las famas y prestigios que cada uno acarreaba también sabían de heridas y avizoraban que el futuro no tenía nada de venturoso: el día del encuentro, Gran Bretaña entraba en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo no acongojarse ante el abrazo que, sobre el final, se prodigan los dos gigantes?
Al menos, así es la trama que plantea “La última sesión de Freud”, uno de los momentos culminantes del reciente Nevadas Escénicas – Festival Internacional de Teatro de Bariloche. Es que no existe constancia de que efectivamente se produjera la reunión entre el austríaco y el inglés, que en realidad había nacido en Irlanda del Norte. Como la ficción sitúa el cónclave el mismo día en que el Reino Unido decidió declararle la guerra a la Alemania nazi, es posible datarlo: 3 de septiembre de 1939. Otro tanto hizo Francia en forma simultánea, en ambos casos, como respuesta a la invasión de Polonia, que había comenzado con el mes.
¿Por qué Freud estaba en Londres en aquellos días trágicos? Casi toda su vida había transcurrido en Viena, la capital de Austria. Pero en 1938 se produjo la célebre anexión y por ser judío y fundador del psicoanálisis, se ganó rango de enemigo para el Tercer Reich. Libros suyos fueron quemados públicamente y si bien al principio no quiso saber nada con abandonar la ciudad, su hija Anna fue interrogada por la Gestapo. Aunque no de forma corpórea, la mujer, que por entonces contaba con 43 años y ya tenía su propia trayectoria, interviene en varias ocasiones en la acción de “La última sesión…” Es a través de conversaciones telefónicas o de menciones a su persona en las discusiones. En la historia real Martin Freud también resultó detenido durante toda una jornada, circunstancia que determinó finalmente la partida de la familia. Quiere decir que el Freud de la obra está en una situación de exilio, palabra dolorosamente familiar para generaciones de argentinos. Hermanas del doctor murieron posteriormente en un campo de concentración, o sea, efectivamente corrió riesgo su vida. El 28 de agosto de 1930, unos tres años antes de la llegada de Adolf Hitler al poder, Freud había recibido el Premio Goethe en Fráncfort.
20 días después
Para el momento del hipotético encuentro C.S. Lewis contaba con 41 años. Aproximadamente una década antes había vuelto al cristianismo, después de abjurar de la fe durante su juventud. Puntos de vista encontrados en torno a la religión afloran en varias ocasiones durante el espinoso debate entre el científico y el escritor, que era compañero de John Ronald Reuel Tolkien. Con otros colegas conformaron el grupo informal “Inklings” de la Universidad de Oxford, al cual también se menciona en el libreto de “La última sesión…”, creación de Mark St. Germain.
Al momento de concurrir con alguna timidez o más bien incertidumbre al consultorio de Freud, Lewis ya había publicado “El regreso del peregrino: una apología alegórica del cristianismo, la razón y el romanticismo” (1933) y recién lanzaba el primer volumen de la “Trilogía cósmica”, es decir, “Lejos del planeta silencioso” (1938). A los siete libros que conformaron “Las crónicas de Narnia” los comenzó a publicar en 1950. En la realidad, Freud murió 20 días después de la reunión que plantea la ficción.
En término de estricta crítica, ¿qué puede sumar un gris cronista de Espectáculos que trabaja para un medio pequeño del interior del país? La versión argentina de “La última sesión de Freud” se aproxima a los dos años en cartel y probablemente, ya se dijo todo en torno a la versión de Daniel Veronese que actúan y cómo, Luis Machín (Freud) y Javier Lorenzo (Lewis). Hasta parecía que el primero estaba efectivamente padeciendo dolor en la cavidad bucal.
“En esos tiempos pasaban / cosas que no pasan ya”. Por ejemplo, la palabra en el centro de la escena. Por ejemplo, la inabarcable erudición del texto. Por ejemplo, el respeto rayano en la admiración entre los supuestos contendientes a pesar de abrevar en universos intelectuales muy distantes. Por ejemplo, la apelación a la humanidad. Por ejemplo, ideas frente a otras ideas sin insultos ni descalificaciones. Por ejemplo, la comprensión y como ya dije, el abrazo ante el final. Hay que agradecer siempre al teatro: “formas de curar la herida / que sangra en el trajinar”. Se hizo posible en la tan postergada, pero ya apta sala pública. ¿Cómo que Freud y Lewis no tienen nada que ver con Bariloche?