2025-10-12

LA DIRIGIÓ EL HISTÓRICO DANIEL TINAYRE

Conozca entretelones de la película que se filmó en Bariloche en 1936

La protagonizaron celebridades de la época, pero la crítica no tuvo piedad con el director, por entonces, muy joven. Solo zafaron los paisajes del Nahuel Huapi.

Debió ser el beso menos natural de la historia del cine argentino, no tanto por la falta de química de actriz y actor, sino más bien por la llamativa elección del director. Nótense el calzado de él y ella y dónde debieron pararse para prodigarse el abrazo y dejar que los labios de uno y otra se encontraran. ¿Cuántos metros hacia abajo habría hasta las frías aguas del Nahuel Huapi? ¿Quiénes fueron los que tuvieron que protagonizar escena tan forzada?

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Si en la actualidad, cada vez que llega Netflix a Bariloche para rodar una de sus producciones se genera una considerable conmoción, imagínese qué no habrá sucedido en 1934 o 1935, cuando se instaló el equipo que iría a filmar “Sombras porteñas”, película que se estrenaría en febrero de 1936. Por entonces, recién empezaba la transición desde pueblo agrícola ganadero a localidad turística a instancias de Parques Nacionales, que precisamente se instituyó el primero de aquellos años. Recordemos también que en sus últimos meses fue que arribó por primera vez el ferrocarril a estas latitudes.

Quienes se besaron en el roquerío que da al lago fueron Maruja Gil Quesada y Pedro Laxalt, dos de los protagonistas de la película que tuvo como director a Daniel Tinayre. Era un momento clave del cine argentino: tres años antes del estreno había comenzado la sonorización y atrás había quedado la época de las películas mudas. Quizá gracias a esa posibilidad también integró el elenco Mercedes Simone, cuya trayectoria mucho tuvo que con el tango y no solo con el cine.

Obviamente, se filmó en blanco y negro a partir de un guion de Epifanio Aramayo. La breve sinopsis que pudo encontrar El Cordillerano asevera que “un asesino se refugia junto con su amiga en un pueblo al borde del lago Nahuel Huapi, pero ella se enamora de otro hombre y volverá sola a la ciudad”. El elenco se completó con Pedro Maffia; Alberto Anchart (padre); Hilario Bello; Antonio Corrado; y María Rosa Larraura, entre otras celebridades de la época.

Panoramas bellos, dirección inhábil

Desde la perspectiva de Tinayre fue segunda película, apenas precedida por “Bajo la Santa Federación” (1935) y la crítica especializada hizo trizas su trabajo. El diario de ese nombre, el histórico Crítica, fue lapidario: “Argumento flojo, panoramas bellos, dirección inhábil”. Al menos, zafaron los paisajes barilochenses. Por su lado, el colega que escribía para El Mundo sostuvo: “es de lamentar el ritmo monótono de la película”.

Maruja Gil Quesada bastante después del rodaje en Bariloche.

Estudios bastante posteriores sobre cinematografía argentina disculparon a “un Tinayre joven” y consideraron que “Sombras porteñas” debería quedar “para la arqueología del cine”. El director había nacido en una localidad francesa en 1910, quiere decir que para el momento del estreno apenas si contaba con 26 años. Después, se rehízo con creces: en conjunto filmó nada menos que 23 películas y entre otras, se destacó “A sangre fría” (1947), con Amelia Bence y Tito Alonso en los roles protagónicos.

Después del traspié de la película que se rodó en Bariloche, su talento como director se consolidó a través de producciones como “Deshonra” (1952) o “En la ardiente oscuridad” (1958). En la primera trabajaron Fanny Navarro, Mecha Ortiz, Tita Merello, Jorge Rigaud, Guillermo Battaglia y Francisco de Paula. En la segunda Duilio Marzio, Lautaro Murúa, Luisa Vehil y la actriz que se había convertido en su esposa. Tinayre también fue el director de la recordada “La Mary” (1974) con Susana Giménez y Carlos Monzón.

Obviamente, su apellido sonará familiar, aunque no seamos especialistas en las primeras décadas de cine nacional ni seamos relativamente veteranos. Es que, en 1946, Tinayre se casó con una joven actriz cuya trayectoria iba en ascenso: Mirtha Legrand. Al momento de las nupcias, él contaba con 36 años y ella con 19. Del matrimonio nacieron dos hijos: Daniel Andrés, quien falleció prematuramente en 1999, y Marcela, que también es conductora televisiva.

¿Y quién fue la actriz que debió mirar con aprehensión el pedrerío cercano a las aguas del Nahuel Huapi? Maruja Gil Quesada tenía 29 años al momento de estrenarse la película y durante toda su vida, consolidó una trayectoria como directora de teatro, dramaturga y actriz, tanto en cine como en radio. Es más, en 1936 integraba el elenco del Teatro Nacional Cervantes, de manera que no era ninguna improvisada.

Había debutado en cine dos años antes con “Mañana es domingo” y después participó en varias películas más. Su último trabajo en los estudios fue “Del brazo y por la calle” (1966), es decir, 30 años después, aproximadamente, del rodaje que se hizo en Bariloche. No obstante, quizá se la recuerde más con directora de Teatro, en una época en la que precisamente, no había muchas mujeres desempeñando esa función en el quehacer dramático.

Pedro Laxalt, el que hizo equilibrio sobre esas botas tan poco patagónicas, también hizo sus primeras armas en el teatro, aunque ya en 1935 se estrenó “Monte criollo” la película que marcó su ingreso al ámbito cinematográfico. Se lo consideró un “actor de fuerte personalidad cuyo estilo contenido se fue perfeccionando hasta ser capaz de sugerir corrientes ocultas y tensiones interiores de sus personajes”. Después del paso en falso de Tinayre, brilló en “La fuga” (1937) y “Prisioneros de la tierra” (1939).

La tercera protagonista de “Sombras porteñas” no salió en la foto. Mercedes Celia Simone contaba con 32 años al momento del estreno y ya era por entonces, una figura emblemática del tango porteño. De hecho, tres años antes había participado de la cinta sonora “¡Tango!”, un sainete musical que dirigió Luis Moglia Barth. Allí compartió elenco con Tita Merello, Libertad Lamarque el mismísimo Carlos Gardel, Azucena Maizani, Rosita Quiroga, Ada Falcón, Luis Sandrini y Pepe Arias. No tuvo que hacer equilibrio en la costa del lago a instancias del director, pero con tanta fama a cuestas, debió provocar no poca conmoción y suspiros entre los pocos barilochenses de entonces. ¡Otra que Netflix!

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