EL LAGO QUE IDENTIFICA A BARILOCHE Y ZONAS ALEDAÑAS
¿Desde cuándo el Nahuel Huapi se llama así?
Si bien Nahuel Huapi se suele traducir como isla del tigre, esa traducción que se acuñó a comienzos del siglo XVII entraña problemas porque no queda claro si los españoles y los antiguos puelches que moraban en el lago se referían al mismo animal. La hipótesis según la cual el vocablo nawel designaba a un felino extinto a la llegada de los primeros europeos nunca se corroboró y no faltan quienes arriesgan que, en realidad, la denominación no aludía a un ser concreto sino más bien a una actitud.
En su “Historia General del Reyno de Chile”, el sacerdote Diego de Rosales abonó esa posibilidad, porque al describir a los puelches de “la famosa laguna de Naguel-guapi”, señaló que en sus islas habitaban “indios rebeldes” que por su “valentía se llaman tigres”. El religioso afirmaba en su extensísimo volumen que arribó a las costas del lago en 1653 y según el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, escribió su libro 20 años después.
El valor histórico del testimonio vale su reproducción: “Y así paso a la otra banda de la cordillera, el oriente, desde Chiloé a la famosa laguna de Naguel-guapi, que quiere decir su nombre: Laguna de tigres, a la cual pasé el año de 1653 por la Villarrica cuando fui a poner de paz y dar noticias del Santo Evangelio a los Puelches de la otra banda de la cordillera nevada. Es célebre esta laguna porque tiene de vox más veinte leguas y contiene en su ámbito muchas islas habitadas de indios rebeldes, que ni en la fortaleza de sus islas ni en las murallas y fosos de sus lagunas están defendidos del valor de los españoles y de los indios amigos de Chiloé. Y aunque por su valentía se llaman tigres, los españoles son leones, y pasan a maloquearlos por lagunas y cordilleras, sin embarazarse en su fragosidad ni estorbarlos las lagunas que atajan el paso, porque deshacen las piraguas que, que son embarcaciones de tres tablas cosidas, como arriba dije, y las llevan cargadas de unas lagunas en otros por las cordilleras”.
El párrafo aparece en el Libro II del extenso tratado, cuyas páginas consagró el autor a describir la “Geografía e historia natural” del Reino de Chile y Nueva Extremadura. Que incluyera en su estudio territorios que actualmente están en jurisdicción estatal de la Argentina se explica porque ni los diversos grupos mapuches y ni siquiera los españoles de entonces participaban de las representaciones territoriales que recién se instituyeron dos siglos y medio más tarde. En las páginas de su Capítulo XI, Rosales venía de describir las geografías aledañas a los llanos de Osorno, de ahí que afirmara “y así paso a la otra banda de la cordillera”.
Descubridor irrelevante
No fue el jesuita el primero entre los españoles que se refirió a los puelches ni al Nahuel Huapi. Tanto en Chile como en la Argentina se discutió durante mucho tiempo quién fue el descubridor del lago, pero en un punto, no tiene tanta importancia saber si efectivamente, fue Diego Flores de León o bien su jefe, Juan Fernández, el primer español en divisar el contraste entre las aguas azules y las laderas verdosas. Además, los dos conformaban la misma expedición y si bien tocó que Flores de León escribiera la crónica, muy probablemente la inmensidad de las aguas se desplegara ante sus respectivas miradas de forma simultánea.
El lago, una de esas tardes. Foto gentileza.
En este caso, dice la crónica: “Salimos del puerto de Calbuco cuarenta seis hombres en piragua y navegamos hasta la boca del Purahilla siempre al puelche; de allí rompe la mar siete leguas la falda de la cordillera hacia el norte entre dos ríos, y habiendo navegado otras siete, varamos las piraguas tres leguas de camino por tierra que hay hasta llegar a una laguna que se llama Qechucavi, en cuyos contornos había mucha gente, que ahora está despoblada, porque los soldados de aquella provincia la asolaron; allí cosimos las piraguas y navegamos por la dicha laguna hasta nueve leguas, siguiendo la derrota siempre al puelche, buscando paso para la cordillera, y subimos por un río que se llama Peulla hasta tres leguas, donde rompiendo la cordillera dimos en la otra banda, habiendo caminado por ella hasta cinco leguas de mal camino, por no estar abierto, donde topamos otra laguna muy grande que se llama Navalhuapi en la cual volvimos a coser nuestras piraguas navegando por ella hasta ocho leguas, que dimos en unos indios puelches los cuales examinados, nos dijeron que los caciques más principales de la tierra se llamaba Ilaquilé y Llaquilloy, y que estos indios servían a las ciudades de Osorno y Villa Rica, cuando estuvieron pobladas, los cuales se sustentaban de caza y de algunas legumbres de la tierra, diferentes de las del Reino de Chile. Confinan estos indios con una nación muy belicosa y corpulenta, cuyos indios llaman poyas y el principal cacique que esta nación obedece, se llama Yaguapana, y tiene diferente lengua”.
La incursión tuvo lugar en 1620 y llegó hasta el Nahuel Huapi desde la zona de influencia de Chiloé, por entonces bastión austral de la dominación española que, desde la gran insurrección mapuche de 1598, estaba aislada por tierra del resto de las posesiones españolas. Nótese que la “laguna muy grande” ya ofrecía nombre en mapuzungun 405 años atrás. Aludiera a un animal concreto o más bien a la actitud de sus pobladores, vaya a saberse desde cuándo era conocida con la denominación que perdura hasta nuestros días.