2025-09-21

MEDICINA ESPONTÁNEA EN LOS CAÑADONES DE LA PATAGONIA

El cuchillo del asado era buen bisturí para operaciones de emergencia en la cordillera

Un personaje del 1900 a quien Bariloche rinde homenaje con una de sus calles más importantes, tuvo que desempeñarse como imprevisto cirujano ante un doloroso imprevisto.

Algo más de un siglo atrás la infraestructura sanitaria era insuficiente en Bariloche y no existía en los alrededores. En aquellos tiempos más valía no tener un inconveniente de salud serio en los cañadones cordilleranos, porque se corría el riesgo de no contar el cuento o bien, de quedar lisiado para el resto de la existencia. Inclusive, gente que no necesariamente se consagraba al ejercicio de la medicina tenía que consagrarse a la atención de emergencias de dudosa superación.

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Fue el caso de un activo personaje de aquellos tiempos que recibe permanente homenaje por parte de una populosa arteria barilochense. Hacia fines de 1902 o comienzos de 1903 Clemente Onelli integraba la Comisión Argentina de Límites que trabajaba en la demarcación de la frontera con Chile. Cuando formó para de una de las subcomisiones en el valle del río Manso, tuvo que sacar a relucir conocimientos médicos para atender a un trabajador chileno que apareció de improviso en su campamento.

La circulación que circula sobre su persona indica que fue “científico, naturalista, conservacionista, geógrafo, arqueólogo, paleontólogo, zoólogo, botánico, explorador y escritor”, aunque académicamente solo -es un decir- estudió Ciencias Naturales en la Universidad de Roma, donde había nacido. Se orientó especialmente a la paleontología y la geología, pero quizá de tanto andar se hizo baqueano en otras lides.

Aquel hombre perdió una mano después de la intervención a la que tuvo que someterse, pero probablemente, salvara su vida. El ítalo argentino dejó una florida constancia de su actuación quirúrgica: “al segundo día llegué al valle del Río Manso, donde a la tarde, apareció en mi campamento un hombre herido en la mano para que la observara y curara; la herida, no atendida a tiempo, amenazaba gangrenarse, y la mano reseca de un color ferroso colgaba casi separada de la muñeca”, consignó el por entonces explorador.

La descripción la dejó el propio Onelli en “Trepando los andes”, una de sus obras que puede encontrarse en cualquier librería. A su turno también la rescató Juan Martín Biedma en su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche – 2004), en el apartado que corresponde al paso de Cochamó. Es el sitio por donde atraviesa el río Manso la cordillera. Después del trabajo del futuro director del Zoológico de Buenos Aires y de sus pares trasandinos en las respectivas subcomisiones de Límites, se estableció allí un hito fronterizo.

Ante la encrucijada imprevista que se encontró, “convencí al herido que llevaba una prenda inútil y peligrosa”, observó el romano, en relación con la mano de su inesperado paciente. El trabajador trasandino dio muestras de un conmovedor estoicismo. “Tírele al fuego entonces, me contestó sin pestañar”. La descripción que sigue quizá impresione un tanto, pero así eran las cosas en la cordillera: “Y mi cuchillo, el del asado, y de las mil necesidades de la vida de campo fue el bisturí que cortó en un segundo pocos tendones”.

Después, “una pastilla de permanganato de potasio y emulsionada con un aceite emulsionado que llevaba en mi montura, fueron el hemostático y el desinfectante con que pude terminar la operación”. Con alguna ironía, sumó Onelli en su relato: “el flamante manco, a pesar de la operación, comió con apetito envidiable; me contó cómo le había ocurrido el percance hachando el monte a poca distancia de allí, donde el gobierno de Chile desde la boca del Reloncaví, venía abriendo camino en el territorio entonces discutido”.

Por entonces, ni ART ni nada que se la pareciese, por más grave que fuera el accidente. No obstante, la atención de Onelli se centró en la cuestión de los límites que se estaban fijando, porque según consignó a raíz de los acuerdos que regían por entonces, desde la perspectiva argentina el país vecino estaba transgrediéndolos al disponer la apertura de la senda que le había costado la mano al hachero.

Quien unos años después se frustraría al no encontrar al monstruo del lago Epuyén, compartió: “fue así como se tuvo la primera noticia de esos trabajos que tanto conmovieron entonces a la ya agitada opinión de los dos países. Me hice acompañar por el herido al lugar del desmonte, que fue juzgado más tarde camino estratégico, violación de territorio y tratados. Y la máquina fotográfica tomó sus vistas para comprobar el hecho, la casita, la rambla están consignados en la vista como recuerdo, pues me imagino que las inundaciones y las nieves hayan ya hecho desaparecer todo aquello”, escribió, unos años después del suceso. Onelli falleció en Buenos Aires en 1924. Del hachero no se supo más nada.

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