2025-08-14

UN HECHO POCO CONOCIDO QUE TUVO LUGAR EN 1820

¿Qué tan cerca de Bariloche combatieron soldados de San Martín?

Cuando el futuro libertador pensaba en terminar su trabajo en Perú, las cosas se pusieron feas para los patriotas no muy lejos del Nahuel Huapi.

Como el área del Nahuel Huapi nunca fue efectivamente conquistada por la corona española, no se desarrollaron por aquí enfrentamientos en la dilatada guerra por la independencia que sostuvieron las Provincias Unidas del Río de la Plata contra los partidarios de la monarquía. Sin embargo, no tan lejos de donde hoy se levanta Bariloche tuvo lugar un episodio que protagonizaron célebres lugartenientes de San Martín, cuando el vencedor de Chacabuco y Maipú estaba sobre todo preocupado por terminar su faena en Perú.

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Aunque cordillera de por medio, Valdivia queda más cerca de esta ciudad que Neuquén. Unos kilómetros más al oeste se levanta Niebla, uno de los puntos más hermosos del sur de Chile. Además de sus bellezas paisajísticas, la localidad respira historia porque sobre sus alturas se levanta un fuerte de nombre un tanto pomposo: Castillo de la Pura y Limpia Concepción de Monfort de Lemus. En ocasión de visitarlos, ¿quién no apuntó imaginariamente a los barcos holandeses o ingleses con los cañones que todavía permanecen en su sitio?

Por diversas razones que se explican por la formación que recibimos en las aulas e inclusive en claustros universitarios, en general se desconoce que Valdivia y todo su sistema de fuertes permanecieron en manos realistas hasta bastante después de la Batalla de Maipú (1818) y que, a la hora de la verdad, tantos cañones no alcanzaron para evitar su caída. Otro tanto sucedió con Osorno y Chiloé, es decir, demoraron en arriar la bandera del rey.

Las cosas no eran fáciles para los patriotas 205 años atrás. Los realistas los habían batido estrepitosamente en la Batalla de Pangal (1820) y, en esa coyuntura, el camino a Santiago desde el sur quedó prácticamente expedito. Dos semanas antes, la expedición que lideraba San Martín había desembarcado en las costas peruanas, pero la capital chilena estaba casi inerme. Además de retener Valdivia y Chiloé, la contrarrevolución monárquica controlaba el norte de la actual Araucanía.

Arribo de San Martín a Perú. Por acá las cosas no iban bien para la causa patriota.

En ese contexto, a fines de 1819 regresaba a los puertos de Chile el tan célebre como polémico lord Cochrane, después de probar suerte frente al puerto peruano del Callao, con pobrísimos resultados. Se encontraba a la altura de Valparaíso cuando le espetó al por entonces mayor Miller: “¿Qué dirían en Santiago, si yo con este solo buque, me hiciese dueño de Valdivia?” El segundo, que también era inglés, forjaría amistad con San Martín y había participado del Cruce de los Andes. Como tenía experiencia marinera, comandaba a los “sesenta mulatos del batallón Infantes de la Patria que guarnecían la fragata”.

Un veterano de Waterloo

La reproducción de la escena corrió por cuenta de Benjamín Vicuña Mackenna, autor de “La guerra a muerte”, voluminoso libro que ventila los sucesos que tuvieron lugar entre 1819 y 1832 en el actual sur de Chile, con repercusiones al este de la cordillera. La primera edición de su trabajo se publicó en 1868 y la que consultó El Cordillerano data de 1972. A pesar de formular la pregunta, Cochrane no esperó respuesta alguna, aunque contó con el asentimiento de su paisano, aún herido de un combate en Pisco (Perú).

El marino comandaba la fragata “O’Higgins” y, mediante una estratagema, izó bandera realista en la bahía que hace de ingreso a Valdivia, de manera que pudo reconocer previamente el terreno. Luego, se dirigió a Concepción, en manos patriotas, donde solicitó al comandante Ramón Freire refuerzos y otras embarcaciones para llevar adelante su propósito. Freire sería más tarde presidente de Chile. El 22 de enero de 1820 puso a las órdenes del inglés otros 250 soldados, a pesar de que nada le sobraba. Al mando de las tropas quedó Jorge Beauchef, veterano de Waterloo que se sumó a la revolución americana desde Buenos Aires. Las Provincias Unidas también contribuyeron a la conquista de Valdivia con el bergantín “Intrépido”, que inicialmente navegaba para sumarse a la flota expedicionaria en Perú.

En el Fuerte de Niebla 100 cañones apuntaban hacia el mar, demasiados para la flota de tres barcos que comandaba lord Cochrane. Entonces, los jefes patriotas optaron por desembarcar a sus hombres al sur de la temible fortaleza. La cuestión no se dirimiría a cañonazos. El 3 de febrero de 1820, dos días después de que porteños, entrerrianos, santafesinos y correntinos se mataran en Cepeda, a 340 kilómetros del futuro emplazamiento de Bariloche comenzaba a librarse una batalla por la libertad de América.

El complejo sistema de fuertes y torreones, que databa del siglo XVII, estaba pensado para repelar con artillería las incursiones de los corsarios ingleses y holandeses que solían merodear por las costas del Pacífico Sur. En parte de su relato, Vicuña Mackenna cede la palabra al propio Beuchef. “Mientras más avanzaba, más aumentaba mi sorpresa al ver la confianza de los enemigos, pues con veinticinco hombres en estos desfiladeros, podían sujetar, no digo trescientos, sino tres mil enemigos”. Se refería a los senderos que unían al Fuerte de Corral con los demás bastiones realistas, en la orilla sur de la bahía.

A punta de bayoneta

La sorpresa fue absoluta. Volvamos a Vicuña Mackenna: “Beauchef, en efecto, había seguido a paso de carga, ensartando uno en pos de otros en la punta de sus bayonetas todos los castillos que iban internándose por la banda del sur de la bahía hasta el surgidero del Corral, donde existía por ese rumbo el más formidable de aquellos”. La caída del fuerte que hoy es atractivo turístico se produjo a la 1 de la mañana del 4 de febrero.

Después de capturar aquellas fortificaciones y según el plan de lord Cochrane, las tropas patriotas volverían a embarcarse en dos de sus buques para dirigirse hacia la ciudad de Valdivia propiamente dicha, donde no aguardaba encontrar oposición significativa. El Fuerte de Niebla sería atacado por retaguardia, aunque sin exponerse a sufrir nuevas bajas y a la espera de rendir a su guarnición ante la falta de víveres.

El 10 de febrero, el marino inglés escribió a Santiago: “el éxito de la empresa sobre Valdivia ha sido tan completo como yo me lo prometía. Las formidables fortalezas y baterías que habría desafiado el ataque descubierto del más poderoso armamento naval han caído. El golpe fue repentino e inesperado porque se ejecutó con tanta rapidez cuando había sido secreta su concepción”.

Cochrane tenía el pecho henchido. “Los cañones montados en las diversas fortificaciones pasan de cien, además de las piezas de campaña y una enorme cantidad de municiones existentes en los diferentes almacenes, todo lo que está ahora pronto para el servicio de V.E. y el sostén de la causa de la independencia”. La victoria final se alcanzó en 1824 aunque San Martín se había retirado de la contienda en julio de 1822, después de ceder el mando de sus tropas a Bolívar. Por aquí cerca también se peleó por la libertad de América.

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