DESPUÉS DE LA CAMPAÑA AL DESIERTO
Ni chilenos ni alemanes fueron los primeros pobladores de Nahuel Huapi
Doce años antes de que se afincara Carlos Wiederhold y 15 antes de Jarred Jones, ya existía en las cercanías del Nahuel Huapi una población capaz de albergar a centenares de personas. Si bien tuvo finalidades militares, el fuerte Chacabuco se anticipó tanto al emprendimiento comercial que luego se hizo célebre como San Carlos y también a la estancia del texano, que prosperó bastante después.
Las que fueron las primeras edificaciones argentinas se levantaron en forma simultánea a los últimos tramos de la Campaña al Desierto y significaron el primer intento de presencia por parte del Ejército Argentino, ya que después de alcanzar el río Ñirihuau por primera vez en abril de 1881 los uniformados habían retornado a sus puntos de partida. Luego de esa irrupción, “las tropas de la 3ra Brigada llegaron al lago el 15 de diciembre (1882), instalando su campamento de acuerdo a las instrucciones impartidas oportunamente por el Comandante de la División”, es decir, el general Conrado Villegas.
“Desde allí (el coronel Nicolás) Palacios realiza una serie de batidas de todo ese sector, encargado a su vigilancia”, escribió Juan Mario Raone en su obra “Fortines del desierto. Mojones de civilización” (1969). Añadió el sargento ayudante oficinista, por entonces ya retirado: “No podemos dejar de reconocer que la base del futuro fortín que haría construir Villegas en ese lugar, lo fue el campamento instalado por Palacios”.
El neuquino consideró conveniente transcribir algunos fragmentos del diario de marcha de la Brigada. Para el 16 de diciembre, éste dice que “se ordenó a los señores jefes de cuerpo la formación de dos cuadros oblicuos fosados y con parapeto, destinado uno para cada cuerpo, en los que se colocarían las cabañas necesarias que al efecto se construirían después para las compañías”.
Casi donde termina el recorte del mapa, sobre el centro, se ve el emplazamiento del Fuerte Chacabuco.
Dispuso Palacios que “en estos cuadros de 50 metros en cada frente, además de servir de cuarteles a la tropa, serán de gran utilidad en caso de que la Brigada tuviese que desprender más comisiones, reduciendo la fuerza de este campamento a un pequeño número. En este caso, los pocos que queden reconcentrados en ellos tendrán un punto en donde defenderse con ventaja de un enemigo superior en número”.
Cabañas de madera
Parte de la Brigada siguió días después hacia el sur, con la orden de perseguir a Sayhueque y a Inacayal, que habían abandonado sus moradas habituales en dirección a la actual jurisdicción chubutense. Para el 21 de diciembre, dice el diario: “el Batallón 6, habiendo terminado el foso en su cuadro, dio principio con parte de su gente a la construcción de cabañas con madera de chacay y ciprés, y con techos de paja”.
En esos tiempos, las tropas del Ejército se alimentaban casi con exclusividad de las cabezas de ganado que arreaban en la marcha. El día siguiente, después de la carneada, “los cueros se entregaron a los cuerpos para cortar la guasquilla que debe emplearse en la construcción de cabañas”. El 2 de enero, se consignó: “los trabajos de los cuerpos adelantan considerablemente, hoy se dio principio a construir un rancho de 4 metros por 5, con destino a depósito de racionamiento”.
La anotación del 6 de enero de 1883 no deja dudas sobre la ubicación de la primera presencia argentina en la zona del Nahuel Huapi. El autor del diario, teniente Oliveros Escola la precisó así: “La tercera brigada está acampada al Sudoeste del Paso Cabo Campos (río Limay), poco menos de una legua sobre el arroyo Chacabuco, quedando por dicha situación a una legua sobre la costa Norte del gran lago”, es decir, a cinco kilómetros.
La siguiente descripción será familiar. “Nuestro campamento está señalado geográficamente por los siguientes puntos: al Sudoeste, el cerro Salinas, cuyas faldas toca; al Este Sudoeste por el del Carmen (el cerro Villegas del presente), distante 4.000 metros; al Noroeste por las serranías del Limay, sobre las cuales cruza el camino del Collón Curá”. Es la vista que tenemos siempre que retornamos a Bariloche por la Ruta 40 antes de producirse el descenso hacia el lago.
El 10 de enero Palacios abandonó el fuerte al frente de 250 soldados y 70 “indios amigos” para continuar con sus operaciones al sur. El progreso de las instalaciones no fue lineal, ya que “el día 22 se quemaron dos cabañas habitadas por un Sargento y varios soldados del Batallón 6”. Inclusive, hubo una víctima fatal. “El Sargento 2° Aparicio Salinas, que dormía en una de ellas quedó asfixiado, se quemó casi todo el cuerpo y murió al día siguiente de resultas de sus quemaduras”.
Ranchos para oficina
No obstante, los trabajos continuaron y para el 29 de enero eran 12 los ranchos que estaban en pie dentro de recinto. El recuento arrojó “dos ranchos para oficinas, palo a pique ciprés y chacai (sic)”, “un rancho para botica, palo a pique ciprés y chacai”, otro para depósito de similar construcción y uno más para el jefe de la posición. En tanto, el Batallón 6 de Línea dispuso de “un rancho para el Comandante en Jefe de la División, de palo a pique con maderas de ciprés y chacai”; de otros “tres ranchos para jefes y oficiales de paja, embarrados”; de “tres cabañas para oficiales y cadetes, ídem”; de “un cuadro foseado con parapeto” que funcionaba como cuartel del cuerpo y “dos cuadras grandes para la tropa”.
Por su parte, el Regimiento 7 de Caballería avanzó en la construcción de “un cuadro foseado con parapeto, 50 metros en cada frente”; “una cuadra para tropa, palo a pique”, de 15 metros por 4 metros y “tres ranchos para jefes y oficiales de 5 metros por 4 metros”. Cuando el grueso de los efectivos retornó a sus asentamientos sobre el río Negro, quedaron en el fuerte Chacabuco cuatro oficiales, 110 soldados y “15 indios presentados”. También permanecieron aquí 250 caballos y 200 mulas. El mando recayó en el teniente coronel Rosario Suárez. Aunque castrense, años antes de que se afincaran colonos de otros orígenes sobre el Nahuel Huapi, ya había presencia argentina e indígena en sus cercanías.