2025-08-06

EN NEUQUÉN SE APROBÓ SU LIMITACIÓN

Celulares en las escuelas rionegrinas: ¿sí o no?

Para una licenciada en Comunicación y docente en dos IFDC de la provincia, hay que ampliar la mirada y detenerse en el conjunto de los entornos digitales. “El rol de la escuela” no es “prevenir enfermedades”, ironizó.

En ámbitos educativos rionegrinos se dio la bienvenida a la ley neuquina que limitó el uso de celulares en los niveles Inicial y Primario, pero se consideró necesario ampliar la mirada y analizar con detenimiento el conjunto de los entornos digitales. Como en esta provincia hay proyectos que están en la Legislatura a la espera de tratamiento, no parece un buen momento para rehuir un debate que se torna cada vez más imperioso.

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Natalia Grossenbacher es licenciada en Comunicación Social y profesora de Lengua en los Institutos de Formación Docente de General Roca y Villa Regina. La suya es una de las voces que se alzó para “analizar un poco más el bosque y no solo el árbol”. Con ese cometido trajo a colación que Ley 3520 de la vecina provincia limita el uso del celular “salvo que medie algún proyecto educativo debidamente planificado y que cuente con la autorización de los padres”.

Si bien en sus fundamentos la norma neuquina reconoce el “potencial pedagógico” de las tecnologías digitales, también puntualiza que aparejan “una serie de peligros, riesgos y problemas que conllevan su uso: dependencia, mal uso, interrupción del aprendizaje, afectación de las capacidades de recordar y comprender información, impacto en el bienestar físico, ansiedad, depresión, alteraciones en el comportamiento, distracción y dificultad de la gestión del aula”.

Para la especialista, aquello del “mal uso” es una “expresión puramente moral sin referencia a nada concreto” y, por otro lado, arriesgó que la ley sólo podrá incidir en los últimos problemas de la lista, es decir, “distracción y dificultad de la gestión del aula”. También inquirió Natalia: “¿por qué si hay tantos riesgos a la salud la reglamentación sólo es para el campo educativo? ¿Por qué la Sociedad Argentina de Pediatría celebra las leyes educativas y no promueve el control del niño sano en relación con el uso excesivo del celular?”

Aclaró que lejos está de poner en duda “los riesgos que puede haber si dejamos a un niño solo en un ambiente -en este caso el digital- que tiene no sólo entretenimientos, relaciones y la posibilidad de aprender y desarrollarse, sino también muchos peligros y -como bien justifica la ley- dependencias. Vuelvo a preguntarme, ¿el problema es el celular o que hayan dejado solo al niño? ¿Lo resuelve la escuela a este problema?”

Para Natalia Grossenbacher hay que analizar el entorno digital en su conjunto.

Al respecto, “si bien la ley prevé que haya concientización para el uso del celular en el hogar, la responsabilidad vuelve a depositarse en la escuela, más precisamente en el equipo directivo, quien debe autorizar su uso en el aula”, cuestionó.

Parangón histórico

Llamativamente, algunas de las objeciones que hacemos hoy ante la omnipresencia de los dispositivos electrónicos también se ventilaron en otros momentos de la historia occidental, por ejemplo, cuando se generalizó la imprenta. Según Roger Chartier, experto francés en la historia del libro y la cultura, “los discursos médicos del siglo XVIII hablaban de los efectos destructores de los excesos de lectura: inmovilidad del cuerpo, excitación, imaginación, aislamiento y rechazo de la realidad”, parangonó Natalia.

En curiosas coincidencias con el presente, “los síntomas eran: palidez, inquietud, indiferencia, frustración. En el exceso de la lectura radicaban toda una serie de enfermedades. ¿Les suena? Estos argumentos -antes adjudicados al libro- se parecen mucho a los que usa la Ley 3520”, ironizó nuestra interlocutora. No obstante, en el presente “no se nos ocurriría sospechar esos riesgos para las personas que leen muchos libros. Sin embargo -tal vez ante lo inexplicable-, se han reeditado aquellos antiguos diagnósticos”.

Por otro lado, Grossenbacher puso bajo análisis “el potencial pedagógico nombrado” por la norma de la vecina provincia. “En este caso, el celular es visto como un recurso que -sólo- facilita prácticas de aprendizaje. Es decir, es entendido como un medio, al igual que un libro, un mapa, un ábaco, un microscopio, etc. Pero el celular es muchísimo más que un buen o mal medio: es el dispositivo que concentra todos los aspectos de la revolución digital y donde hoy tienen lugar gran parte de las prácticas de lectura y escritura en la vida cotidiana. En este rotundo cambio de escenario, la escuela sigue siendo la principal responsable en nuestra sociedad de enseñar estas prácticas que están cambiando radicalmente”, advirtió.

Prácticas diferentes a la era predigital. 

En este contexto, “las prácticas letradas necesarias para la sociedad actual son muy diferentes a las predigitales” y también “a las que se están enseñando en la escuela”. En efecto, “en nuestra vida social predomina la lectura hipertextual, no lineal; así como la lectura extensiva más que intensiva”, es decir, “se lee mucho, pero a modo de escaneo superficial”, señaló la licenciada.

Simultáneamente “en estos tiempos se lee más en todos los intersticios de la vida cotidiana: mientras se viaja, se espera” o “se comparte una reunión. Hay una hibridación de las prácticas letradas: se lee a la vez que se escribe”, facetas que “antes incluso se aprendían por separado: hace dos o tres siglos era normal que mucha gente supiera leer, pero muy pocos sabían escribir”, ejemplificó. Además, “se leen nuevos textos nacidos en el hogar digital y esto es lógico, porque todos los géneros son históricos y nacieron de un contexto social que los necesitó”.

Cambios en el cerebro

Desde ya, “la lectura hipertextual y todos estos cambios moldean el cerebro humano”, ratifica Grossenbacher, al tomar como fuente al colega suyo Francisco Albarello. No debería llamar la atención porque otro tanto sucedió con “la lengua escrita desde sus inicios” que “también modificó la cognición y facilitó el pensamiento lógico y racional y luego la ciencia. Sin embargo, Sócrates se oponía a la lengua escrita, decía que destruiría la memoria y la enseñanza. De hecho, la escritura y el texto escrito tuvieron que ganarse un lugar en la sociedad occidental, donde valía más la palabra hablada”, recordó. “Con esto pretendo insinuar que está pasando algo similar con las prácticas letradas digitales”.

La cuestión es que “este objeto de enseñanza de la escuela -necesario a su vez para otros saberes- ha cambiado radicalmente y es urgente que el sistema educativo se ocupe de ello. Por lo tanto, lo que hay que pensar hoy es qué lugar ocupará la escuela y la enseñanza de las prácticas letradas, es decir, cuáles son los nuevos alfabetismos que se deben brindar a la sociedad en función de promover ciudadanos críticos y competentes”, avisó.

En el tercer lugar de su análisis, consideró Natalia que “es necesario pensar profundamente en cuáles serán los contenidos de aquellos proyectos pedagógicos que sí contemplarán el uso del celular según la ley. ¿Será sólo un medio para facilitar aprendizajes o la escuela alfabetizará en un sentido amplio para la sociedad en que vivimos hoy? Porque ese es el rol de la escuela, no el de prevenir enfermedades: para eso están otras instituciones”, ironizó.

En Río Negro hay varias propuestas legislativas que, en algún punto, se relacionan con la iniciativa neuquina. La que presentaron los legisladores del oficialismo Lucas Pica y Facundo López promueve la inclusión en contenidos curriculares de “fundamentos de programación, inteligencia artificial, robótica y otras disciplinas afines, con énfasis en el desarrollo de conocimientos, habilidades y competencias para su uso responsable, crítico, reflexivo y creativo”, entre otras innovaciones. También hay iniciativas conexas de la oposición, pero Natalia nos confió que no se advierte apuro por tratarlas. No parece la mejor alternativa.

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