2025-07-26

FALTÓ ACLARAR DOMICILIO DEL DESTINATARIO

Conocé la historia del piano que cruzó tres veces el Atlántico antes de llegar a Bariloche

En las primeras décadas del siglo XX era difícil disfrutar de la música a orillas del Nahuel Huapi sin contar las guitarras. Hasta que llegó un médico que además, era gran intérprete.

Alrededor de 120 años atrás disfrutar de la música era una extravagancia en Nahuel Huapi, más allá de las guitarras que probablemente sonaran en los fogones o quizás al anochecer de los pocos boliches. A tal punto que cuando en 1907 llegó un médico que además era pianista, la noticia corrió como reguero de pólvora. Para reconocer sus servicios o tal vez garantizárselos en adelante, una empresa de capitales foráneos quiso agasajarlo con un piano. Debe ser el único en la historia que cruzó tres veces el Atlántico para recién después, adentrarse hasta la cordillera.

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José Emmanuel Vereertbrugghen y su compañera María Julia abandonaron Bélgica para que el primero pudiera, paradójicamente, mejorar su salud. Después de un paso por Canadá que no resultó atractivo para la pareja, decidieron mirar hacia el sur, a instancias de una hermana de la mujer que ya conocía la Argentina. Cuatro meses les demandó el periplo entre San Francisco (costa oeste estadounidense) y un pequeño pueblo cordillerano que por entonces, la mayoría conocía simplemente como San Carlos y después, fue apellidado Bariloche.

“La llegada de los belgas es un acontecimiento memorable para el villorrio acunado por las olas del Gran Lago”, escribió Manuel Porcel de Peralta en su “Biografía del Nahuel Huapi” (Marymar – 1969). Es que “de aquí en adelante habrá médico. Es de verdad una manifestación de progreso. Pero lo que no pueden suponer los desprevenidos lugareños es que no sólo ha llegado un médico”, el que arribó era “un apóstol de la medicina social”, según la calificación del autor.

No sin ironía, Porcel de Peralta consignó que “por aquellos tiempos los enfermos pudientes son pocos. Parecería que por tacañería los vecinos acomodados no se enfermaran nunca”. Como contrapartida, “en los ranchos de los pobres no faltan pestes o partos. La gente sin recursos asegura que cada hijo que nace viene con un pan bajo el brazo; lo que no siempre es exacto”. No obstante, el “médico del Gutiérrez”, como comienzan a llamarlo porque en ese lago se aquerenció, no tenía mayores inconvenientes en “galopar a todo trapo y a todo rumbo”. Más bien parecía disfrutar de esa manera de ejercer su profesión.

José Emmanuel. Fuente: La Nación.

En verdad, “entre la renovada aventura de sus viajes para atender enfermos, heridos, realizar autopsias, no todo resultará monótono ni agobiador para este misionero de la salud”, sumó el biógrafo del lago. “Le gustan las flores silvestres, los pájaros, los árboles. Conoce los mejores lugares para guarecerse de la lluvia o de la ventisca. Es un enamorado de las bellezas renovadas o incomparables de la cordillera”.

También gustaba de la música, entonces, “cuando tiene la suerte de que los dueños de casa donde aloja tengan piano, entonces se deleita y deleita a sus anfitriones con prolongadas sesiones musicales. Así lo hace cada vez que es huésped de los esposos Mac Donald, en Alí-Cura. Es un músico de excepción”, resaltó Porcel de Peralta. El matrimonio belga no era el único de origen europeo por estas latitudes.

“Tan pronto como el personal de la compañía que tiene grandes estancias en la zona: Leleque, Pilcañeu y Maquinchao, sabe que al médico le gusta el piano, se cotizan y encargan uno por intermedio del directorio, en Londres”. Se trataba de la célebre Argentine Southern Land Company Limited, que tenía todo a su alcance. “El piano es despachado desde Inglaterra, a bordo de un carguero, con destino a San Antonio Oeste, consignado a nombre del doctor José Emmanuel Vereertbrugghen. Descargado en el puerto, como el destinatario es desconocido, el piano es devuelto a los remitentes”. Alguien olvidó consignar la dirección del facultativo.

Alrededor de 12 mil kilómetros más tarde, “menuda sorpresa experimentan los ingleses cuando ven el fardo de vuelta. Ignoran lo que ha ocurrido, y piden telegráficamente instrucciones a Buenos Aires. Realizada la investigación pertinente, nuevamente el fardo es reexpedido rumbo a su destino primitivo. Otros 12 mil para redondear 36 mil kilómetros, solo por vía marítima. “Ahora ya están avisados en San Antonio para descargarlo, ponerlo sobre un carro con todas las recomendaciones de rigor y despacharlo a San Carlos”.

Abajo a la izquierda, el "médico del Gutiérrez". Fuente: La Nación.

Aun le faltaban al noble instrumento centenares de leguas antes de descansar en destino. “Como es natural, el piano tarde más en llegar de San Antonio a Nahuel Huapi que de Londres a San Antonio. Y, por supuesto, también el flete cuesta mucho más que el piano. Cosas de aquellos años”, bromeaba Porcel de Peralta. “El regalo, en verdad, es simbólico por el lugar y la época”.

José Emmanuel retornó a Bélgica en 1922, aunque el resto de su familia aquí permaneció. De manera que el piano viajero debió llegar aquí entre 1907 y aquel año. “No importa el valor, el costo en sí del presente”, juzgó el relator de esta historia. “Es el gesto lo que tiene significación, lo que compromete al obsequiado. Es preciso, también, que de tarde en tarde ocurran acontecimientos memorables como éste para hacer llevadera la vida en estos lugares desconectados de la civilización, de esa misma civilización de la que el belga está (estuvo) exiliado”. ¿Quién habrá conseguido afinar al instrumento después de tamaño periplo?

 

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