ESPAÑOL DE ORIGEN, LLEGÓ A JACOBACCI EN LOS 80
Rescatan legado de sacerdote muy querido en Línea Sur
En 1983 volvieron a usarse las urnas en la Argentina, pero poco tiempo después quedó claro que aquella consigna hermosa, “con la democracia se come, se cura y se educa”, era precisamente eso, fragmento de un gran discurso. Más aún en la Línea Sur de Río Negro, donde la nevada de 1984 dejó al desnudo que el retorno institucional por bienvenido que fuera, no alcanzaba a transformar carencias. En ese contexto, se instaló en Ingeniero Jacobacci un cura que, si bien hablaba una forma extraña de castellano, al poco tiempo supo meterse en el corazón de la gente. Si preguntan en localidades o parajes por Francisco Fernández Salinas, muy poca gente sabrá de quién se trata, pero si se invoca al padre Paco, probablemente se reciba una sonrisa junto con la categórica afirmativa.
Cuarenta años después de sus andanzas por estas latitudes, un libro rescata su legado. Tiene como autor a Mariano Páez, vecino de Jacobacci hasta no hace tanto y desde hace unos años, barilochense. Se titula “Peñi Paco. Artesano del Reino” y si bien se centra en la figura del religioso, pinta una época. “Había nacido en España, ingresó a la congregación de los Sagrados Corazones, se ordenó como sacerdote y fue enviado a Roma, donde vivió mucho tiempo”, introdujo Páez en intercambio con El Cordillerano.
“Cada tanto, la orden daba la posibilidad de que sus integrantes eligieran un destino para vivir la experiencia de un año y él eligió la Argentina. Conoció Buenos Aires y después la Línea Sur, en particular Ingeniero Jacobacci. Esa realidad lo impactó, se conmovió y al tiempo, pidió estar destinado en Jacobacci, adonde llegó a comienzos de los 80 un hombre español pero que hablaba una mezcla con italiano, un tipo muy amable, simpático y querible. Así se empezó a meter en el corazón de la gente de la Línea Sur”, compartió el autor, quien se desempeña en el sector educativo y en la comunicación.
Como podía preverse, “ese hombre no dejaba de tener una cabeza europea, pero estaba comprometido con la Iglesia que empezaba a transitar con fuerza el post Concilio Vaticano II”, contextualizó nuestro interlocutor. “También eligió venir a Río Negro porque el obispo de la diócesis era monseñor Miguel Esteban Hesayne, muy comprometido con las causas sociales y con aplicar el Concilio Vaticano II. La posibilidad de vivir la Iglesia de esa manera lo llamó. Se podría decir que era de la línea que conocemos como Teología de la Liberación, si bien fue un tipo más de acción que de la palabra o el estudio”, describió Páez.
Aquella nevada inolvidable
No tan lejos de Bariloche, Paco “abrazó una realidad distinta a la que conocía. Tuvo que aprender por qué la gente vivía como vivía, pero hubo un hecho, la nevada de 1984, que terminó de impulsar su manera de ser sacerdote. Esa nevada dejó sin casi nada a todos los productores de la Región Sur y acá en la cordillera también fue compleja la cosa”, recordó Páez. “Ahí empezó a vivir de cerca cuáles eran las necesidades de los productores y cómo los trataban de una manera casi esclava al comprarle su producción”.
Páez (izq.) durante la presentación, junto a un superior de la congregación.
Nunca estará de más contar la historia, por conocida que fuera. “En ese momento, cuando se quedaron sin nada, les soltaron la mano”, cuestionó el docente. “Junto con el obispo Hesayne impulsó la campaña Una oveja para mi hermano, que era pedirle a los que todavía tenían algo una oveja para los que habían perdido todo o el monto en dinero para poder comprarla”, evocó. “A partir de esa experiencia, gente que no era de la Iglesia se empezó a a sumar para hacer los arreos y se armó un grupo a partir de un programa de promotores que trabajó junto con los sacerdotes comprometidos en el reparto de ovejas”.
Todo largo camino comienza con el primer paso. “Después, se decidió profundizar y trabajar en la conformación de cooperativas para la venta de la producción lanera, la compra de alimentos para la gente y empezar a exigir que su cultura fuera respetada”, relató el autor. “Más allá de las cooperativas se empezó a impulsar algo más profundo: el reconocimiento de sus tierras a los productores, que eran mayoritariamente del pueblo mapuche. Empezó el proceso de creación de la ley terminó sancionándose a fines de los 80, la Integral del Indígena, un hecho importantísimo para la provincia de Río Negro porque fue previa a que la Constitución de 1994 reconociera a los pueblos indígenas y sus derechos”, valoró Páez.
No fue un ciclo de encuentros para tomar el té, “fue una pelea muy, muy grande que se relata en el libro con el gobernador que estaba en ese momento, (Osvaldo) Álvarez Guerrero, sus funcionarios, los legisladores y los promotores. Y como siempre pasa con la Iglesia cuando pone el foco en las injusticias, hubo acusaciones de ser comunistas, rojos y todo lo demás”, ironizó. “La ley se logró, el hecho que más hay que destacar de todo ese proceso, en el que Paco participó”.
Consejo Asesor Indígena
“No es que la redactó ni hizo nada demasiado particular por la ley, más que trabajar todo el tiempo con la gente que laburaba en eso: acompañar, dar fuerza, brindar el espacio para juntarse y poner la cara como Iglesia, que no es poca cosa”. Aquellos fueron también los albores del Consejo Asesor Indígena (CAI), organización pionera de lxs mapuches en Río Negro. Desafortunadamente, el sacerdote enfermó de gravedad, su familia consideró conveniente que retornara a Europa para atender la situación y allí expiró, poco tiempo antes de que la Legislatura diera forma a tantos esfuerzos.
La portada de la edición.
Para elaborar su trabajo, el docente y comunicador combinó métodos. “Hubo un libro previo que fue escrito por un sacerdote español de la congregación, que relata su historia y la de su familia en España y en Italia. Después se enfoca en la Línea Sur, pero sobre todo a partir de la correspondencia que se enviaba con sus amigos cuando él estaba acá. De hecho, conformaron un grupo de solidaridad que enviaba fondos y donaciones para el trabajo que hacía Paco en la Línea Sur. A mí me pareció que faltaba el testimonio de quienes habían vivido con Paco toda esa experiencia, sobre todo, con el contexto histórico que se vivía en Río Negro y en la Argentina con el pueblo mapuche, porque si no quedaba todo de alguna manera en eso de ayudar al pobre… A eso le sumé mucho del archivo del diario Río Negro y de una revista que se publicaba en la diócesis de Viedma que se llamaba De pie”.
Páez también es creyente. “No deja de ser un libro pensado o escrito desde la espiritualidad, pero para aquel que no comparte la fe católica, puede ser una buena lectura para ver por qué muchas veces la Iglesia se asoma y asumimos un compromiso político. Y para los que somos de la fe y de la Iglesia, para entender que vivir el Evangelio de Jesús no es solamente una serie de preceptos, sino pensar en el otro como un par, como lo hizo Paco. Y para ambos (sectores), más allá de las diferencias que pueda haber por las situaciones históricas que se fueron dando, que nos podemos encontrar en puntos en común y a partir de ahí trabajar para que todos podamos crecer, sin desconocer las diferencias”, exhortó.
Su trabajo se presentó en el verano último en Jacobacci y meses después, “quedan muy poquitos ejemplares, pero si se lograra hacer una reedición quizás intentemos hacer una presentación en Bariloche porque acá hay mucha gente que vivió ese proceso. Ojalá que el texto pueda circular para que se conozca y se ponga en discusión”, se esperanzó. No sólo para aprender más sobre “el peñi Paco”, sino también para comprender que algunas de las situaciones que hoy se registran en las profundidades de Patagonia tienen raíces muy profundas.