EL MOMENTO MÁS DIFÍCIL PARA LA CULTURA Y EL ARTE DE BARILOCHE
Cinco años atrás comenzaba la suspensión de espectáculos por la pandemia
La última actividad en La Llave se llevó a cabo el 11 de marzo de 2020 y al lunes de la semana siguiente, se suspendieron las clases.
En los últimos tiempos se admite que en una variante del periodismo al que llaman narrativo se escriba desde la primera persona del singular. Esa posibilidad era mal vista para quienes nos sumamos a la profesión a mediados de la década de 1980 y que la vaya a utilizar en estas líneas de El Cordillerano no quiere decir que me sume decididamente a la tendencia, más bien implica que me tocó ser protagonista parcial de la historia que voy a refrescar: cinco años atrás tuvieron lugar en Bariloche las últimas actividades artísticas y de la cultura antes de la repentina suspensión que las autoridades decidieron para enfrentar la pandemia.
Tengo muy precisa la fecha porque había acordado con la Escuela Municipal de Arte La Llave una presentación del que por entonces era mi libro más reciente en su sala. Corría el 11 de marzo de 2020 y ante las noticias que llegaban desde Buenos Aires y Viedma cundió la duda. Mis interlocutores me informaron momentos antes de la hora prevista que mi actividad seguía adelante, pero que desde el día siguiente se suspendían todas las previstas, inclusive los talleres y clases que a esa altura del calendario recién arrancaban o estaban por comenzar.
A pesar de la incertidumbre medio centenar de personas asistió al cónclave, que además de contar con mis palabras sobre una historia mapuche vista desde el lago Nahuel Huapi, reunió la participación musical de Fernando “Moro” Valeria y Anahí Rayen Mariluan. No hubo más presentaciones presenciales -valga la cacofonía- para “Por su valentía se llaman tigres” (Carminalucis – 2019), las siguientes fueron virtuales y en lapsos de tiempo reducidos.
Antes que las clases
Por entonces gobernaba Río Negro Arabela Carreras. Llamativamente, decidió la cancelación de los espectáculos en toda la geografía provincial antes de la suspensión de clases. El anuncio generó desolación: recuerdo el amargo comentario de un titiritero, cuya compañía tenía previsto un ciclo anual de presentaciones y de golpe, se encontró sin funciones y sin los ingresos monetarios que preveía.
Esa incoherencia fue la que hizo que al viernes siguiente, 13 de marzo, se llevara a cabo en la sede de El Brote una nueva edición de la FEAS (Feria de Editoriales Autogestivas del Sur). Con lógica, los anfitriones entendieron que, si todavía era posible continuar con el ciclo lectivo con alguna normalidad, no tenían por qué suspender una propuesta que incluso exitosa, jamás iba a implicar tanta concentración de gente como a la entrada o salida de una escuela, sin contar la permanencia de las niñeces durante cuatro o cinco horas en un ambiente cerrado.
La FEAS tenía como organizador a Leandro González, por entonces un inquieto gestor cultural que precisamente, durante la pandemia dejó de residir en Bariloche. Las alternativas que previó se llevaron a cabo con normalidad, pero el epílogo resultó un tango angustiante: la poeta Roxana Miranda Rupailaf, que había llegado desde Osorno para ser de la partida, casi se queda por meses de este lado de la frontera: el ómnibus que abordó para retornar a su ciudad fue el último antes de que la Argentina y Chile cerraran los pasos fronterizos.
Después, la desolación. Para las huestes del metal fue particularmente dolorosa la cancelación del Sin Fronteras Sur Fest que estaba a días de concretarse y preveía la presentación en Bariloche de Los Antiguos, la super banda que tenía como cantante a Pato Larralde. Sucedió que, al año siguiente, más precisamente en junio, el también fundador de Sauron perdió la vida a raíz de la combinación nefasta entre el Covid19 y un accidente cardiovascular. Como consecuencia, nunca fue posible que Los Antiguos sonara en esta ciudad.
Además de los estragos irremediables que la pandemia provocó en términos de vida, se llevó varios meses de actividad artística y cultural: no hubo chances de hacer teatro, las bandas que suelen tocar en pubs y demás ámbitos céntricos debieron recluirse en cuarteles de invierno si bien todavía no finalizaba el verano, los músicos callejeros también debieron guardar la gorra y no hubo oportunidad de inaugurar más muestras. Parálisis total y absoluta.
Si bien ya funcionaban desde tiempo antes, fue el momento de las plataformas. Los grupos se las arreglaron para que cada músico grabara por su lado y después, editar el resultado final para subirlo a YouTube. Desde el Instituto Nacional del Teatro (INT) se lanzaron estímulos para que elencos idearan obras para el streaming y hasta la Provincia lanzó programas para que los cineastas no quedaran inactivos.
El Festival Audiovisual Bariloche (FAB) se hizo en 2020 de manera virtual y unos meses después de su fecha habitual. La Primavera Teatral se alcanzó a concretar cuando orillaba el verano, con rigurosos barbijos y capacidades limitadas en las salas. ¿Se acuerdan de que había que dejar una serie de asientos vacíos? ¿De los grupos en burbuja? Y desde La Cueva Producciones, Pablo Suárez y equipo hicieron las mil y unas para que a través del streaming, bandas y solistas de Bariloche pudieran volver a sonar.
Quizá parezca más tiempo, pero apenas transcurrió un lustro y hay cosas que llegaron para quedarse, entre ellas, la alternativa presencialidad / virtualidad, aunque en materia de teatro, música, plástica, letras y cualquier otra disciplina artística, quedó claro que el vivo es insuperable. Yo no tengo mucho que ver con el arte, pero créanme, las presentaciones de libros por vía remota también son un bodrio.
Cinco años atrás se tocó fondo, pero desafortunadamente, pareciera que no se tomó debida nota sobre las auténticas razones que condujeron a la catástrofe. Es más, con el panorama que presenta el sector público en 2025 en la Argentina, más vale que en el corto plazo no se le ocurra volver a pandemia alguna.