DOS MIL AÑOS DE CONSUMIR PECES EN EL NAHUEL HUAPI
Si eran navegantes, ¿cómo no iban a pescar los antiguos moradores de isla Victoria?
Si practicaban la navegación y vivían en islas muy probablemente también se valieran de peces y otros recursos acuáticos para su alimentación. La apreciación es del sentido común, pero fue corroborada y difundida muy recientemente, al darse a conocer estudios arqueológicos que se hicieron en isla Victoria. En efecto, los mismos antiguos pobladores que como vimos hace poco en El Cordillerano era consumados artesanos del cuero, eran capaces de alimentarse con pescado, al menos, durante un momento del ciclo natural.
A decir verdad, para el noroeste boscoso de la Patagonia “las investigaciones arqueológicas mostraron un aprovechamiento mayoritario de los recursos terrestres y consecuentemente una menor incidencia de los recursos acuáticos”. Sin embargo, también los antiquísimos barilochenses que vivieron a pasitos de la laguna El Trébol alrededor de 10.600 años atrás, supieron enriquecer sus dietas con “peces, moluscos y aves acuáticas” desde un comienzo.
Estas aseveraciones pueden encontrarse en el artículo que sus autores titularon “Aprovechamiento de peces fluviales en paisajes lacustres cordilleranos: aportes desde estudios ictioarqueológicos en la isla Victoria (lago Nahuel Huapi, Patagonia argentina)”. Lleva la firma de Federico Scartascini, Juana Aigo y Adam Hajduk. El primero se desempeña en el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultura y Procesos de Cambio (IIDyPCa) y la segunda en Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus), dos espacios del CONICET. En tanto, Hajduk participó en nombre del Museo de la Patagonia. El texto se publicó a mediados del año pasado.
La utilización de recursos de origen fluvial se probó en Valle Encantado, en Cueva Traful, en cercanías del lago Meliquina y en varios aleros. También a nivel regional “se observó la presencia de tecnologías específicas para la explotación de recursos acuáticos en áreas boscosas, por ejemplo, posibles pesas líticas, un anzuelo recuperado en el sitio Alero los Cipreses y contenedores cerámicos utilizados como trampas para crustáceos”, informa el artículo. Además, están los testimonios de cronistas como Guillermo Cox y Bertha Koessler-Ilg.
Vista satelital de la isla Victoria.
Piensan los investigadores que los antiguos moradores de la isla Victoria usaban “ambientes acuáticos, el medio boscoso lacustre, el ecotono bosque-estepa y la estepa, en el marco de prácticas de tipo estacional y logístico a lo largo del ciclo anual”. Quiere decir que no permanecían todo el tiempo en el mismo sitio, como supondríamos desde las costumbres excesivamente sedentarias de la actualidad.
Navegación segura
La presencia humana en la isla que dio nombre al lago se remonta a dos mil años antes del presente y se vincula “necesariamente al uso de embarcaciones y al desarrollo de las capacidades técnicas por parte de las poblaciones para una navegación segura en extensos lagos como el Nahuel Huapi y otros de la región”, afirman los investigadores. En el artículo no hay mención alguna, pero evidentemente se refieren a los grupos quienes los primeros cronistas españoles llamaron “puelches” o precisamente, “puelches del Nahuel Huapi”.
En el mismo sitio que se encontraron aquellas sorprendentes costuras en cueros de guanacos, las exploraciones también hallaron considerables restos de origen acuático. “El ensamble de peces del Nahuel Huapi está conformado por ocho especies, cinco de ellas nativas: perca, bagre aterciopelado, puyen grande, puyen chico y pejerrey patagónico. Y tres especies de salmónidos, que fueron introducidos a principios del siglo XX: trucha arco iris, trucha marrón y trucha de arroyo”, encuadra el análisis.
En la superficie que abriga un alero rocoso se practicaron excavaciones en 1985 y en 1991. El sector que los arqueólogos llaman “bloque temprano” incluye “conjuntos fechados” entre 2.000 y 640 años antes del presente, mientras que del “bloque tardío” se obtuvieron materiales que se fecharon con posterioridad a los 640 años antes del presente “e incluye contextos con presencia de cerámica y restos de materiales europeos (vaca - caballo) en los niveles más superficiales”.
Según establecieron los especialistas, “puede observarse el predominio de los peces a lo largo de la secuencia de ocupación del sitio, incluso cuando se manifiestan variaciones en otras categorías taxonómicas, como los mamíferos y las aves”. Asimismo, “la variabilidad de especies identificadas es relativamente alta, considerando la oferta disponible de ictiofauna local en el lago Nahuel Huapi”.
Como consecuencia, “cuatro de las cinco especies nativas disponibles actualmente en el ambiente lacustre fueron identificadas en los conjuntos arqueo faunísticos. Además, se registró la presencia del bagre del torrente y dos especímenes”, es decir, dos restos “que no se corresponden con las especies identificadas previamente. La especie mayormente representada en los conjuntos fue la perca o trucha criolla, seguida por el pejerrey”.
Vértebras
El artículo incluye los nombres científicos de cada especie, a los que omitimos en este recorte de El Cordillerano para facilitar la lectura. En cuanto a los restos más antiguos, sobre todo se trata de vértebras de perca y pejerrey. Para las épocas más recientes, “se observan perfiles anatómicos equilibrados para perca y pejerrey, con todas las partes representadas. En cambio, en el resto de las especies, solo se recuperaron elementos craneales”, completa el aporte de Scartascini, Aigo y Hajduk.
Entre los elementos recuperados no se encontraron cortes, pero sí evidencias de termo alteración. “Los análisis específicos sobre la ictiofauna, aquí desarrollados, además de ampliar la muestra previamente documentada, indican el carácter mayoritario […] de los peces a lo largo de toda la secuencia de ocupación del sitio. Hasta la fecha, no existen registros a nivel local o regional con estas características y que permitan una discusión centrada en la explotación de la ictiofauna como recurso y de la pesca como una práctica desarrollada por los grupos humanos en este ambiente lacustre”, lo que una vez más, convierte al lugar de isla Victoria en un sitio muy especial.
“Las especies identificadas en el sitio, perca, pejerrey, bagre aterciopelado, puyen grande, y bagre del torrente, coinciden con casi la totalidad de especies nativas que comúnmente habitan los ambientes fluviales” en el norte de la Patagonia. Además, hallazgos en el bloque tardío pertenecen a “una especie indeterminada, que no se corresponde con ninguna de las actuales especies locales. Estos restos podrían pertenecer a alguna especie foránea -no local- o bien tratarse de alguna especie cuyo rango de distribución actual no se corresponde con su rango en el pasado, como ya ha sido observado en otros contextos de Patagonia”.
Embarcaciones en Puerto Anchorena, alrededor de 1930. Colección Mange en Archivo Visual Patagónico.
Además de enseñar sobre la cultura de los antiguos pobladores de isla Victoria y la región, el artículo también aporta en términos de historia ecológica, porque “el registro de pejerrey y perca en los dos mil años de ocupación del sitio reafirma la presencia antigua de estas especies en el lago Nahuel Huapi. Los datos oficiales históricos de principios del siglo XX daban cuenta de que la perca y el pejerrey eran comúnmente capturados en todo el lago y en cuerpos de agua aledaños”, según los archivos del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la República Argentina.
Hoy, puras truchas
No obstante, “los registros actuales en Nahuel Huapi señalan que los salmónidos representan más del 80 por ciento de la biomasa relativa de los peces en el área litoral, mientras que la perca aporta solo un 15 por ciento, siendo los registros de los pejerreyes muy ocasionales. Se conoce que ambas especies nativas hoy son mayormente capturadas en zonas litorales vegetadas durante los meses cálidos de primavera-verano, época reproductiva”.
En esa línea, “podría pensarse que las costas y los sectores litorales lacustres funcionaron no solo como puertos seguros para estos navegantes (los puelches), sino como área de captación de recursos, entre los cuales se encontraban las distintas comunidades de especies nativas de peces. La pesca posiblemente habría ocurrido en estos sectores, en donde existe una relativa alta diversidad y frecuencia de recursos y podría haber involucrado diferentes estrategias de captura y tecnologías”, concluyen los investigadores.
Por entonces, nada de cucharitas. “El repertorio tecnológico para la pesca pudo haber incluido desde artefactos diseñados específicamente para esta tarea (líneas de pesca con anzuelos, redes, trampas, nasas, etc.) ya reconocidos en áreas vecinas hasta elementos sin una formalización, como ramas, rocas o incluso sin la mediación de ningún objeto específico”, arriesgan Scartascini, Aigo y Hajduk.
En efecto, “en muchos casos los peces podrían ser simplemente recogidos sin mayores tecnologías que las manos de los pescadores. Prácticas de recolectar peces con las manos y/o con la ayuda de herramientas simples como el arpón y el huachi (una trampa) en áreas poco profundas, han sido mencionadas en memorias o relatos recopilados en contextos históricos y actuales en diferentes lagos” del noroeste patagónico, sostiene la investigación. Suma certezas y precisa la intuición del sentido común.