2025-03-02

ESTÁ UN TANTO ESCONDIDO, COMO EL BARILOCHE QUE SE ESFUMA

El kilómetro 0 de todos los caminos en Parque Nacional Nahuel Huapi

Entre los imperativos tecnológicos y la interminable voracidad inmobiliaria, casi nadie presta atención a los resabios arquitectónicos del pasado que permanecen en pie en el centro del pueblo.

Es difícil dar con algún peatón o peatona que deje de mirar su celular mientras camina, aunque que conozca a la perfección el rumbo a seguir. Y salvo contadísimas excepciones, pareciera que el turismo se limita ahora a conocer el destino a través de las imágenes que devuelven las redes sociales o aplicaciones, en lugar de experimentar sin la intermediación de pantalla alguna el paisaje en vivo y en directo.

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Si sumamos la omnipresente tecnologización de la vida a la impiadosa modificación que sufrió el centro de Bariloche en los últimos cinco años, costará reconocer la semblanza que nos legó Hans Schulz apenas 15 años atrás. Su libro se publicó en 2011 y probablemente, apurara sus últimos párrafos el año anterior. Volver a sus páginas periódicamente sirve para dimensionar las enormes transformaciones urbanas que se experimenta, la mayoría de las veces infelices.

En Moreno frente a la YPF de Morales “se levanta el Edificio Capraro, construido en 1952, que a pesar de su dimensión y de haber sido construido en mampostería, sigue siendo, en su estructura general y con sus techos de fuertes pendientes y su revestimiento de madera, un claro ejemplo de cómo una nueva generación de arquitectos mantuvo la continuidad de estilo con la arquitectura tradicional de los pioneros chilenos”, advirtió Hans década y media atrás.

“Hacia el oeste de esta construcción, comienzan las plazas que rodean al Centro Cívico y toda una serie de edificios históricos que no vamos a enumerar”, se disculpó en su oportunidad. Ojalá todavía perduren. “Ocupan el lugar mítico sobre el cual, según los decretos de la burocracia oficial, fue fundada la ciudad europea, es decir, el lugar donde se construyó el antiguo almacén de Karl Wiederhold y, unos pocos años después, el aserradero de Primo Capraro”.

Cabe recordar junto con el antropólogo y escritor que “aquí no hubo un árbol de la justicia ni un Garay que lo plantara, como en Buenos Aires, y nadie blandió su espada a las cuatro direcciones ni dio un tajo a la tierra para señalar la posesión y comenzar a repartir las tierras. Fueron colonos chilenos de origen alemán los que aquí descendieron de los barcos, se asentaron y comenzaron con el comercio”, puntualizó.

“Hace muchos años, cerca de allí (del Centro Cívico) sobre la calle Mitre y un poco escondida todavía, estaba la antigua casa de madera de Karl Wiederhold, algo que recuerdo como uno de los rincones más pintorescos del imaginario perdido de la ciudad. Pero desde la esquina que describo ya no se ven esas casas”, lamentó. La infancia del autor transcurrió en el Bariloche de 1960 y ya adulto, nunca se ausentó demasiado tiempo.

“A mis espaldas está el edificio de la Administración de Parques Nacionales, una obra del arquitecto Bustillo inaugurada en 1936 y que es hoy Monumento Histórico Nacional. En una esquina de sus jardines se conserva, algo escondido, uno de los clásicos señaladores de caminos, diseñados por aquel legendario arquitecto. Es el kilómetro 0 de los caminos del Parque Nacional Nahuel Huapi y un ejemplo del afán del arquitecto en darle una identidad estética uniforme a la región del Nahuel Huapi, durante la segunda o tal vez la tercera fundación de la ciudad”, ironizaba Hans.

Otro de los característicos indicadores. 1945. Archivo Visual Patagónico.

Desde la Intendencia del PNNH, “mirando hacia el sur, se levanta la pequeña edificación del Club Andino Bariloche, fundado en 1931, construida en 1935 en un claro estilo alpino por el arquitecto Godofredo Hacker”. Según sus observaciones, “éste encierra en sus paredes, al igual que el colegio alemán, una gran parte de la historia de la ciudad europea. Los destinos de las familias se entrelazan entre ambas instituciones. Ingresar al salón de reuniones de la planta baja del Club es como comenzar un viaje en el tiempo. Pareciera que allí nadie se atrevió a molestar a los espectros que convocaron a la montaña sagrada. Sobre el antiguo hogar reposa un cuadro con uno de sus legendarios fundadores, Otto Meiling”, describió.

Schulz se molestaba cada vez que el mal llamado desarrollo inmobiliario se lleva por delante el patrimonio del pueblo de antaño. “Más atrás, sobre una calle transversal, todavía se conserva el triste simulacro de la que algún día fuera la primera vivienda de la familia de don Primo Capraro, uno de los pioneros europeos de la región del gran lago y personaje emblemático de la colonia agrícola, ganadera y forestal de las primeras décadas del siglo XX”.

Según pudo indagar, “en antiguas fotos, esta vivienda estaba rodeada de bosques y a su costado corría el arroyo del molino”, es decir, el que se conoce hasta como el Sin Nombre. “En la actualidad, el simulacro histórico y la serie de edificios modernos de departamentos que la rodean convierten a ese sector de la calle Neumeyer en un triste ejemplo del desorden estético que está devorando a la ciudad”. Banquete al que no está invitada la historia.

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