“LOS CAMPEONES INDISCUTIDOS DEL FRACASO COMERCIAL E INSTITUCIONAL”
Íconos punks, “La historia de los Ácidos Pöpulares” se escribió en Bariloche
La próxima vez que me encuentre con Mathías Rinaldelli haré una reverencia como saludo. Es que el vecino de Nahuel Hue estaba donde todo sucedía durante los 90 y también más acá en el tiempo como integrante de Ácidös Populares, banda punk de formaciones inestables, convicciones inoxidables, giras increíbles y aureola de culto. Con ilustraciones del no menos mítico Max Vadalá y un profuso registro fotográfico, Mathías editó sobre fines del año que se fue “La historia de los Ácidos”, libro que tiene como sugestivo subtítulo “tratado informal de antropología social”. El que firma admite que no entiende nada de esa disciplina, pero sí encontró en las 170 páginas de la publicación bastante de reciente y también de social, dos subgéneros de la historia.
Es que el autor no se limitó a inventariar un racconto de fechas, cambios de formación, andanzas durante sus periplos, surgimientos de canciones y momentos de grabación, entre otros clichés que suelen encontrarse en los libros sobre música. Esos elementos están, pero siempre en el contexto que se produjeron y entonces, el autor induce indirectamente un intenso ejercicio de la memora.
Entonces, aparecen en sus breves capítulos referencias a la primera década neoliberal y las consecuencias de la exclusión que practicó. En carne propia, el jovencísimo Mathías experimentó la flexibilización laboral, el deterioro salarial y otras lindezas que recogió la Argentina durante su breve paso por el Primer Mundo, entre ellas, la represión que las fuerzas de seguridad naturalizaban hacia diversos sectores juveniles disconformes. Siempre había un garrotazo disponible si se usaba una cresta o se vestía de negro.
A través de suplementos jóvenes de diarios barilochenses, programas de radio en FM Mascaró y fanzines, con mis compañeros de entonces el que firma seguía como se podía a 1.700 kilómetros de distancia los latidos de aquella escena de la que Ácidos Pöpulares era parte. Llegaban noticias de festivales en sitios ocupados, cónclaves masivos como aquel que tuvo lugar en el ahora cada vez más silencioso Parque Rivadavia, enfrentamientos no sólo a los golpes entre punks y grupos neonazis, ferias de fanzines y muchas otras expresiones que todavía creían y apostaban a la contracultura.
Los libros.
O goza de una memoria enorme o Mathías se tomó el trabajo de llevar un inverosímil diario que ahora le permitió reconstruir casi un cuarto de siglo de andadura con precisión milimétrica. Durante tanto tiempo, la banda no sólo cambió innumerables veces de integrantes -inclusive hubo un tiempo en que Rinaldelli se alejó- sino también de estilo o estética sonora: desde un sonido tal vez más mestizo -terminología de la época- a la crudeza del oi! callejero y directo.
Fun People y 2 Minutos
Sus páginas acusan registro también de innumerables bandas que compartieron escena con los Ácidos, algunas más compañeras que otras, la mayoría desconocidas para el gran público, aunque también hubo momentos en que el grupo de Max y Mathías compartió escenarios con elencos como Fun People o 2 Minutos. En el segundo de los casos fue cuando los de Valentín Alsina cumplieron un aniversario importante de su trayectoria y festejaron en el estadio Obras (ya llevaba el nombre de una gaseosa) con cofrades a los que invitaron especialmente y ahí estuvieron los muchachos.
Primera vez de la banda en Bariloche.
En varios de los capítulos, el autor incluyó sobre el final una referencia externa para que se termine de valorar a los Ácidos Pöpulares. Por ejemplo, aportó Sam, que formó parte de varias bandas, entre ellas, Cadena Perpetua y Dancing Mood: “La primera vez que vi a Ácidos, el Gringo (así le dicen a Rinaldelli) me remitía a algún personaje de Peter Punk, el Licantropunk, tiene esa estética; y por su forma de moverse, su histrionismo. Participé en la banda, tocamos en la nocturna del Pueyrredón, un colegio del Telmo que era un rejunte. Termina el show, yo intentaba andar vestido elegante, con mis chombas, mis zapatos… Y cuando bajo del escenario una piba dice: Uy, ¡qué buena la banda! Pero mirándome agrega: vos no tenés nada que ver, dedícate a otra cosa. Me mató”.
Por su parte, Seba del fanzine Alto & Claro, testimonió: “No encuentro con exactitud el momento en que los vi por primera vez, sólo recuerdo la queja constante de estos vienen a tocar de onda. Así con esa metodología, tocaron una vez que armé una fecha con bandas hardcore de Córdoba en Tortuguitas. Un bar de mala muerte minado de heavys y punks. Cuando subió Ácidos de prepo al escenario, fue un caos: se desató un pogo increíble, ahí entendí que la actitud puede más que el virtuosismo; ya que ese día creo que dos eran miembros fijos y resto un rejunte de forajidos rescatados minutos antes de tocar. Pero, así y todo, esa desfachatez fue y es una marca registrada”.
El editor tenía razón. En sus primeras intervenciones, Ácidos Pöpulares literalmente se colaba en los festivales, irrumpía en el escenario y sencillamente se largaba a tocar, hasta que comenzaron a llegar las convocatorias un tanto más formales. Y en la segunda de sus aseveraciones también: hubo momentos en que decenas de muchachos podían considerarse miembros de la banda, aunque en 2025, los históricos sean Max y Mathías. Cosas de la vida, uno vive ahora en Tucumán y el otro a la vista del cerro Carbón.
Ya se dio a conocer en Buenos Aires y quizás haya una presentación que madure durante marzo en Bariloche, pero hasta entonces, para conseguir el libro hay que contactarse con el Gringo vía mathiasrinaldelli777@gmail.com. Para cerrar esta reseña poco ortodoxa de El Cordillerano, va el texto de la contratapa, que también oficia como prólogo: “Ninguna banda resistió durante tanto tiempo y sin abandonar, la falta total de éxito. Todos los que empezaron con nosotros o bien se disolvieron o se transformaron en grupos relativamente conocidos. Jamás logramos la popularidad que yo tanto ansié, jamás he visto entradas numeradas para un recital nuestro. Hasta marzo del 76 Makinación o Ácido Camboyano lograron algún tipo de reconocimiento, pero nosotros nos mantuvimos como los campeones indiscutidos del fracaso comercial e institucional. Todo un orgullo para una banda punk”. La próxima vez que me encuentre con Rinaldelli, ensayaré una reverencia.