2025-02-08

ENTRE LA LIGA PATRIÓTICA Y “LOS ITALIANOS”

“Lógica de guerra” en el Bariloche de los años 20

La atmósfera se tornó tan tirante que seguidores de Primo Capraro llegaron a montar guardia armada por las noches. Tuvo que intervenir el gobernador del Territorio Nacional para que se diluyera el conflicto.

A fines de la década de 1920, una “lógica de guerra” se había instalado en Bariloche. De un lado, los referentes locales de la así llamada Liga Patriótica, una organización de tinte fascista que llevó a cabo tareas paramilitares en Santa Cruz, Buenos Aires y otros puntos del país. Del otro, el grupo de “los italianos”, que se congregaba en torno al empresario Primo Capraro. La atmósfera se puso tan áspera, que los segundos llegaron a montar guardia armada por las noches en la vivienda del hombre de negocios. Tuvo que intervenir el gobernador para poner paños fríos.

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El insólito conflicto tuvo su parangón mediático. “Las idas y vueltas de las imputaciones -entre los nacionalistas de la Liga Patriótica y la comunidad itálica- se publicaron en La Prensa y en el periódico viedmense La Nueva Era. Erra corresponsal de La Prensa José de García (quien) era miembro de la Liga, mientras que el de La Nueva Era, Pedro Alcoba Pitt, era amigo personal de (Primo) Capraro y secretario de la Comisión de Fomento que éste presidía”.

Estudió las pertenencias y alineaciones Laura Méndez en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo - 2010), libro en el que consagra unos párrafos a diferendo tan poco difundido. “Los enfrentamientos entre los dos corresponsales se remontaban a inicios de la década de 1920, cuando Alcoba Pitt denunció en el periódico a la Comisión de Fomento de ese entonces, formada por Rubén Fernández, José de García y Aníbal Teixeire por inacción y medidas arbitrarias. Las denuncias publicadas en la Nueva Era llevaron a que los miembros de esa Comisión renunciaran en pleno”, dice la reconstrucción.

Pero no se trataba de un cargo más o un cargo menos. “Las dos facciones dirimieron sus conflictos en lógica de guerra, donde todo estuvo permitido, incluso la invasión del espacio privado de los contendientes”, encontró Méndez. “Hasta tal punto llegó la pugna que, durante un tiempo sobre fines de la década de 1920, cada turista que llegaba a la ciudad recibía en el hotel un sobre a su nombre, en el que se difamaba a Capraro y se advertía sobre su voracidad de poder y falta de escrúpulos”.

Contra la reelección de Yrigoyen

Frente a la situación, el directamente involucrado “apeló al gobernador en busca de justicia, mientras que la Policía del Departamento se involucró con las acciones y reclamos de la Liga. El contexto nacional reforzaba la contienda: Hipólito Yrigoyen se postulaba a su segunda presidencia y la Liga rechazaba con virulencia un segundo mandato”. Tal era el panorama a escala local y nacional.

Las cosas fueron de menor a mayor. “El 15 de enero de 1928 comparecieron ante el comisionado de Policía los hermanos Boiza, para hacer una exposición contra Primo Capraro. Esta denuncia introdujo una nueva dimensión al conflicto, ya que acusaba a Capraro de usar su carácter de cónsul italiano para dirigirse al gobernador y culparlos de atentar contra la soberanía y respeto a Italia en escritos y publicaciones que no eran de su autoría”. El trámite denunció “amenazas de muerte para los hermanos y para el médico Luis Pastor, adjudicándole a Capraro su autoría”.

Fue una maniobra coordinada porque “ese mismo día, Luis Pastor -quien a su vez había sido acusado ante el gobernador por Capraro y otros vecinos debido a no cumplir con su rol de médico y ausentarse por largos períodos de la ciudad, dejando a la población sin atención- denunció que habían violado su domicilio y roto los vidrios de su casa. La denuncia fue acompañada por volantes aparecidos en la ciudad”.

Esos panfletos contenían conceptos cuya virulencia no condice con la imagen bucólica de Bariloche y su supuesta paz de aldeíta de montaña. “A la triple alianza formada por los mal vivientes y vagabundos, los señores: Luis Pastor, Héctor Boiza y Gustavo Boiza: a ustedes que tienen el BÁRBAJO CORAJE (mayúsculas en el original) de llamarse argentinos, de insultar y denigrar a los italianos, tomen nota que nosotros en cualquier parte del mundo donde vamos sabemos hacernos respetar y especialmente en estos lugares donde hemos traído la civilización”.

Era una amenaza con todas las letras: “nosotros le aconsejamos de tomar vuestro automóvil y salir de los límites argentinos, pues son ustedes indignos de vivir en esta patria latina. Si ustedes creen ser héroes argentinos y no quieren mandarse a mudar tendremos el gusto de tomarlos por personas indignas de estar en el mundo y sin civilización. El puñal italiano entrará en vuestras carnes para troncar vuestros corazones de miserables, dilacerá (sic) vuestras carnes que servirá de comida para los perros. Le dejaremos la sola boca para que puedan gritar en los últimos suspiros. ¡Viva Italia! ¡Viva los italianos!”

Desde ya, “el grupo partidario de Capraro negó la autoría de estos panfletos y envió un telegrama al gobernador en el cual se los adjudicaba a los denunciantes, a quienes acusó también de injuriarlo ante la inacción de la Policía local. La tensión llegó a tal extremo que partidarios de Capraro montaron guardia por las noches frente a su casa armados con escopetas por temor a un atentado”. ¡Lindo el pueblito! Finalmente, una serie de disposiciones gubernamentales logró que la tensión se disipara y nadie clavó puñal alguno en la humanidad de nadie. Al menos, por cuestiones políticas.

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