2025-01-24

El régimen nazi también persiguió a los que llamó “artistas degenerados”

En memoria de las víctimas del holocausto.

Prohibió exposiciones y venta de obras, los alejó de cargos docentes y si eran de origen judío, los envió a campos de concentración. Faceta poco difundida de la barbarie fascista.

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La obra de arte se titula "Vista de París desde Nôtre Dame”, creación del austríaco Sergius Pauser (1896-1970). Se trata de uno los primeros artistas de ese país que alcanzó reconocimiento en el exterior durante la década de 1930, a tal punto que recibió premios sustantivos. Había estudiado en la Academia de Bellas Artes de Múnich entre 1919 y 1924, pero cuando el nazismo se hizo del poder en Austria, sus cuadros fueron calificados de “arte degenerado”. Años después, el artista fue a parar a un campo de concentración.

Así llamó el régimen nazi a prácticamente todo el arte moderno que se había hecho en Alemania en los años previos. Su maquinaria prohibió la exposición de obras y los “artistas degenerados” sufrieron sanciones de diversa índole, entre ellas, despidos en puestos de docencia, la imposibilidad de vender sus creaciones y en algunas ocasiones cuando los perseguidos eran de origen judío, persecución y muerte.

La expresión se instituyó en Alemania a partir de 1937 y, como contrapartida, la dictadura puso de relieve el así llamado “arte heroico”. Para el andamiaje cultural nazi, el “degenerado” era arte “no alemán”, porque muchos de sus pintores eran precisamente judíos o pintaban bajo influencia “bolchevique”. Al parecer, el propio Hitler se encargó de pontificar que las hipotéticas distorsiones del arte moderno eran consecuencia de la degeneración mental de los artistas y su vocación por pervertir a la Gran Nación.

Los cuadros de Pauser estuvieron en el lugar equivocado en el peor momento. Hitler se perturbó al verlos en la Casa del Arte Alemán de Múnich en 1939 y él mismo se encargó de arrancarlos de la pared. Se comenta que el mandamás nazi se enojó al observar las miserables condiciones de trabajo que padecían los obreros alemanes descriptas en las obras del austríaco. Allí terminó su carrera internacional.

El polaco Jan Rubczak terminó peor que su colega. Fue un pintor y grabador postimpresionista que primero se graduó en la Academia de Bellas Artes de Cracovia y luego en la Academia de Artes Plásticas de Leipzig (Alemania), entre otros logros académicos. Exponía individualmente desde 1913 y como viajó varias veces por Bretaña y Normandía, pintó escenas costeras francesas.

"Puerto en Bretaña", de Jan Rubczak.

Vivió un tiempo en París, donde abrió una escuela de dibujo. Cuando su país accedió a la independencia en 1924, retornó y enseñó en la Escuela Libre de Pintura y Dibujo. Al año siguiente, fue uno de los cofundadores del gremio de artistas Unicornio. A comienzos de la década que terminaría de manera fatídica para Polonia, se convirtió en miembro de la Sociedad de Amigos de las Bellas Artes de Cracovia, donde desempeñó funciones organizativas.

Redada fatal

La Segunda Guerra Mundial iba por su tercer año cuando tuvo serios problemas de salud de índole cardíaca. Después de una larga convalecencia, salió de su casa para visitar un café que frecuentaban artistas y escritores, pero cayó en una redada de la Gestapo que buscaba artistas “degenerados”. Junto a otros colegas, primer fue llevado a una prisión y luego, al campo de concentración de Auschwitz, donde fue fusilado.

Cinco años antes, Joseph Goebbels había intentado reunir a todo el “arte degenerado” en una sola exposición, también en Múnich. El catálogo incluyó alrededor de 700 obras que se habían pintado principalmente entre 1910 y 1933, período al que régimen llamaba de la Decadencia de Alemania. Se trataba de trabajos que formaban parte de colecciones públicas porque el nazismo quiso acusar a los gobiernos anteriores de malgastar fondos en tiempos de crisis.

Las obras se exhibieron intencionadamente de manera caótica y desorganizada para sumar a la supuesta decadencia. Se acompañaron con textos que las ridiculizaban y se combinaron con fotografías tomadas a pacientes psiquiátricos para acusar de locura a sus creadores. El mismísimo Hitler se encargó de redactar subtítulos para acompañar sus nombres: Obscenidad, Locura, Blasfemia y Negritud (sic).

Entre muchos otros y también otras, fueron considerados por el nazismo artistas degenerados Marc Chagall; Max Ernst; Wassily Kandinsky y Paul Klee. Si bien cayeron en la volteada represiva el dadaísmo, el cubismo, el expresionismo, el fovismo, el impresionismo, el surrealismo y la nueva objetividad, el régimen puso especial énfasis en perseguir y destruir a la corriente del expresionismo alemán.

Cuando ocupó países vecinos, la persecución se profundizó. Leon Weissberg había nacido en Ucrania, pero sirvió en el ejército austríaco durante la Primera Guerra Mundial. La vida artística lo condujo a Francia, donde se instaló en un pueblito cercano a la Costa Azul, pero el espíritu bucólico no lo distrajo e impulsó la fundación de la Asociación de Artistas Judíos de París en 1937. Cuando la capital francesa cayó, buscó refugio en Aveyron, localidad que quedó en jurisdicción del gobierno francés colaboracionista.

"Braumalle", de Leon Weissberg.

Con la excusa de su extranjería, se dictó su arresto domiciliario. Cayó enfermo, se mudó de pueblo y volvió a pintar, pero el 18 de febrero de 1943 fue arrestado junto con otros 1.999 judíos como represalia ante el ajusticiamiento de dos oficiales de la fuerza aérea alemana. Su estudio sufrió saqueo y destrucción. El 6 de marzo del mismo año le escribió una última tarjeta a su hija: “Parto hacia un destino desconocido”. El trayecto de 1.500 kilómetros, a bordo de vagones de ganado, finalizó en el campo de concentración y exterminio de Sobibor (Polonia).

En conjunto, 959 hombres, 39 mujeres y dos niños fueron ultimados el 11 de marzo en las cámaras de gas. El próximo lunes (27 de enero) se cumplirán 80 años de que el campo de concentración y exterminio de Auschwitz fuera liberado por tropas soviéticas. Se conmemorará entonces el Día Internacional de Homenaje a las Víctimas del Holocausto. Entre ellas, muchos artistas que como Weissberg y Rubczak habían cometido el pecado de pintar “arte degenerado”.

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