2024-12-08

SEGUNDO VIAJE DE AURELIO ANTONIO I

El rey francés de la Patagonia llegó a estar a unos galopes de Bariloche

Mejor dicho, al sitio de su emplazamiento actual, porque hacia 1870, el poblado no existía. Muy probablemente, estaba en lago Aluminé y cruzó la cordillera por el paso de Llaima.

Siete años después de proclamarse rey de la Araucanía y la Patagonia, Aurelio Antonio no cejaba en su intento de concretar su anhelo real. Y eso que había conocido calabozos en Chile y la amargura del destierro, pero golpeó y golpeó en la puerta del Senado de Francia hasta que consiguió embarcarse en un navío de guerra que, en realidad, iba a Oceanía. El persistente aspirante a sangre azul desembarcó en costas que son hoy rionegrinas y estuvo a unos cientos de kilómetros del emplazamiento actual de Bariloche.

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En efecto, “al promediar 1869” el ilustre pasajero “desembarcó sigilosamente en la ensenada de San Antonio, puerto por aquel entonces solo geográfico, situado a pocas leguas al sur de la desembocadura del río Negro”, situó Armando Braun Menéndez, autor de “ Pequeña historia patagónica” (Emecé-1945). Con un acompañante italiano, Orllie-Antoine de Tounens, se proponía llegar nada menos que a la Araucanía, viaje por demás azaroso para un hombre blanco cuando todavía faltaban 10 años para la llamada Campaña al Desierto.

“Un amanecer, Orllie y su satélite dejaron la costa patagónica y se internaron hacia el Norte, con el propósito de alcanzar las márgenes del río Negro. Llegados a sus orillas, siguieron su curso aguas arriba, y todo les salió a pedir de boca hasta llegar a la isla de Choele-Choel”, según el racconto del historiador regional. En aquel “verdadero nido de feroces indiadas pampas, Orllie cayó como un indeseable aerolito”. Palabras de Braun Menéndez…

Pasó que “inmediatamente aprehendido por los indios, su destino iba a troncharse con una muerte bien poco elegante para su augusta persona, cuando alguien escuchó sus vehementes protestas de amistad, entre las que se mezclaban, como insistente estribillo, las advertencias de que él era el rey de los araucanos de Chile y que si se había animado a pisar Choele-Choel era porque acudía a un llamado urgente de sus súbditos, para dirigir la guerra que estos tenían proyectada para recuperar sus tierras, contra el Gobierno de aquel país”.

Afortunadamente para el francés, alguien entre los presentes entendió sus diatribas. “Ese alguien, cuyos oídos pusieron allí la providencia a fin de que escucharan los clamores angustiados de Orllie, fue el cacique Lemunao, de la reducción chilena de Neculman, quien ya tenía noticias de la actividad que había desplegado el pretendiente diez años antes a esa parte”, sintetizó el autor.

Cordillera a la vista

Finalmente, Lemunao logró que los europeos continuaran con la vida y siguieran su viaje. Es más, “se ofreció de protector y de baquiano para los que quedaban aún por hacer del largo trayecto”, que era bastante. El grupo de viajeros siguió el camino que “orillaba la margen norte del río Negro; y luego de cruzarlo en un buen paso, tomado por la costa del río Limay, la que abandonaron más adelante para encaminarse hacia la cordillera -cuyos picos blancos despuntaban en el horizonte- siguiendo una línea paralela al curso del afluente del Limay: el Picun- Leufú”.

Quiere decir que el monarca patagónico y sus compañeros de viaje llegaron a estar a unos 300 kilómetros de donde hoy se emplaza Bariloche. Los párrafos que siguen encierran una serie de inexactitudes, no sabemos si responsabilidad de Braun Menéndez al transcribir las observaciones de su biografiado o bien de ambos. “Hubo un alto en la jornada cuando llegaron a orillas del lago que desagua en el Picún-Leufú, en el lugar en que Reuque-Curá tenía levantados sus toldos”.

En realidad, el río que hoy se conoce como Picún Leufú nace del cordón de El Chachil, una cadena que corre al oeste de Zapala, en el centro de la provincia de Neuquén en dirección noroeste-sudeste. Al hacer referencia al lago donde tenía sus tolderías el lonco hermano de Kalfükura , muy probablemente se refirieran al francés e historiador al lago Aluminé. La hipótesis cobra cuerpo al observarse que después los viajeros cruzaron la cordillera a través del paso de Llaima.

En esta oportunidad, la presencia de Aurelio Antonio coincidió con un período de enfrentamientos entre el ejército de Chile y los lanceros mapuches que resistían los avances de la línea de fortificaciones. La presencia de un navío francés en las costas a la altura de Lebu reforzó suspicacias, entonces las autoridades trasandinas pusieron precio a su cabeza y el europeo juzgó mejor volver por donde había venido.

Emprendió el cruce de la cordillera, volvió a pasar por las rucas de Rewke Kura, quien envió tan incómodo huésped a la casa de su hermano en Salinas Grandes. A su vez, este lo remitió hacia Bahía Blanca, donde finalmente, el rey sin trono se embarcó en los “Patagones”. El 2 de julio de 1871 llegó a Buenos Aires, donde fiel a su costumbre, se abocó a visitar redacciones periodísticas. El redactor de La Tribuna se extrañó de que “no se le haya hecho la recepción debida a su alto rango”.

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