2024-12-05

VIVIÓ EN BARILOCHE ENTRE 1984 Y 2012

Andrea Wolf propone que “Matemos al difunto coronel”

Así se titula su primer libro de poesías, que publicó Ediciones Las Guachas. “Es un intento de liberación”, dice Claudia Masín en el prólogo. “Matémoslo y que empiece la fiesta”.

Con el sello de Las Guachas salió de imprenta “Matemos al difunto coronel”, el primer libro de Andrea Wolf, profesora de inglés que supo ser vecina de Bariloche hasta que los rigores climáticos y las búsquedas de ritmos más citadinos indujeron su retorno a Buenos Aires. No obstante, no es un dato menor que su poemario gane la calle a través de una editorial con bases en San Martín de los Andes y esta ciudad. Ya se irá a presentar por aquí.

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“Es un libro de poemas inspirado en la narrativa de escritoras de habla inglesa”, introdujo Andrea en intercambio con El Cordillerano. “La idea surgió de unos talleres sobre cuentistas como Katherine Mansfield, Virginia Woolf, Carson McCullers, Flannery O´Connor y Lucia Berlin, entre otras. Empecé en 2017 en librerías de Buenos Aires, luego continué online y aún sigo con otras autoras y autores”, enmarcó.

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Precisamente, “soy profesora de inglés, por eso doy el taller en lengua inglesa. Es de lectura y debate. Se aprende además de literatura, el idioma a través de lecturas y luego se comenta. También y tal vez sea lo más importante, la posibilidad de leer a las y los grandes escritores de lengua inglesa en el idioma original, evitando las traducciones, a veces engorrosas”, justificó la flamante poeta.

Así las cosas, “cansada de enseñar de forma tradicional, trabajo que realizo desde los 18 años en instituciones y de forma particular, se me ocurrió armar un taller de lectura de mujeres escritoras”, relató. “Escritoras que han rechazado las definiciones estrictas de una esencia femenina y se abrieron a una visión del mundo a partir de la marginalidad, aquella que ha hecho la experiencia del silencio, de la oscuridad y de lo vedado, y que no trata de imponer su discurso desde el género ni desde la ideología, sino a través de la literatura de ficción, hoy tan denostada”, cuestionó.

Presentación en Buenos Aires.

Tanto con el taller como con la poesía, “se trata de intentar una alternativa clara al canon patriarcal. De este intento surgieron las voces que me acompañaron en este libro”, explicó la autora. “Eran los años de la efervescencia feminista, el resurgimiento de las olas que se unieron en una marea verde, los años de lucha por los derechos y por el aborto. De manera que mis talleres se poblaron de estas señoras escritoras. ¡Y el aire era una fiesta! Gozamos tanto de esa fiesta que nos la están haciendo pagar con creces”, dijo, en relación con la coyuntura.

Aquellas escritoras “abrieron camino. Donde había maleza y arbustos espinosos, encendieron luces, oficiaron de faros, reinventaron el lenguaje de las mujeres: hablaron del cuerpo, de sexo, de homosexualidad, de guerras, de hijos, de viejas, de trabajo, de abusos, de pasiones, de arte, de deseo, de infidelidades, de la finitud del tiempo… En fin, quebraron la literalidad de un mundo victoriano y patriarcal”, resaltó.

Poesía que modifica cuento

El llamativo título “hace referencia a un cuento de Katherine Mansfield, escrito en 1920, que se llama Las hijas del difunto coronel. Trata de dos mujeres grandes solteras que han envejecido a la sombra de su padre, a quien acaban de perder. Un militar anciano que las condicionó hasta convertirlas en sumamente inseguras y absolutamente carentes de contacto con el mundo, inhabilitadas para funcionar en él. Las protagonistas son en realidad un solo personaje, ya que se han vuelto tan interdependientes que no saben hacer absolutamente nada que les permita sobrevivir, ni siquiera han logrado una identidad propia”, describió Andrea.

En la obra de Mansfield, “a través de sus diálogos, que se mueven entre la palabra y el pensamiento, ofrecen un retrato de su existencia”, sumó la poeta y evidentemente, especialista. “El terror que sienten hacia la figura del padre continúa, tal vez con mayor intensidad después de su muerte. Tan intenso es el miedo que tienen que hasta sienten culpa de enterrarlo porque temen que el padre se vengue y les inflija aún más dolor e impotencia”. En su propio libro, “la voz poética reivindica y libera a estas hermanas trastocando el cuento original, entonces las protagonistas quedan prisioneras del difunto y lo matan”, adelantó, sin temor a revelar el final.

Para Andrea Wolf, la poesía “más que un lugar es una forma de mirar el mundo y de hacerlo más soportable, más respirable. Es un intento de romper con la linealidad desafiando al lenguaje y sus limitaciones, recreando e inventando otro nuevo cada vez. En cada intento hay una pequeña o una gran liberación, una voz que nombra lo indecible. Una tarea imposible, claro”.

La autora encuentra que la poesía es “lo más parecido al juego de la infancia, porque muchas veces se logra esa intensidad del juego, no por su felicidad -aunque por momentos sí- pero sobre todo por esa posibilidad de estar presente con todos los sentidos, pensamiento y emociones, poniendo el cuerpo en una tarea que no tiene ninguna utilidad, ni siquiera la de entretener que tienen otros géneros, pero sí la de conmover”, resaltó. “Es también la posibilidad de estar acompañada de otras voces externas e internas y al hacerlas jugar, resignificarlas en algo que es propio, pero también colectivo”.

En cuanto a su historia, “vine a Bariloche a los 22 años ni bien terminé el Profesorado. En primer lugar, porque a pesar de ser tan joven, estaba viviendo un momento muy duro y creí que en un lugar de semejante belleza natural iba a ser posible reconstruir una parte de mí muy frágil. Una visión muy ingenua de la realidad, muy Heidi, si nos referimos a personajes de la literatura”, ironizó. “Pero al mismo tiempo fue una búsqueda de libertad e independencia”.

Fortaleza

“Después te das cuenta de que para vivir en la Patagonia hay que ser fuerte”, consideró. “Creo que algo de eso finalmente se logra: la perseverancia y firmeza de la montaña, mirar al lobo feroz de frente, temerle menos al bosque y sus peligros. Y la vuelta a Buenos Aires: una necesidad enorme de vida citadina, de una vida social y cultural más amplia. Salir del pueblo y la necesidad de un clima más benigno. El clima fue muy determinante”, justificó.

En sus palabras finales para El Cordillerano, trajo conceptos que Claudia Masín plasmó en el prólogo. “Matemos al difunto coronel es un intento de liberación. Sí, matémoslo y que empiece la fiesta. La fiesta de no tener amo ni dueño, de que no nos encuentren donde vayan a buscarnos, donde se supone que estamos: en la pieza de atrás, en la celdita, atadas al poste, sonriendo siempre. La misma rabia, la misma alegría. Porque diga lo que diga la gente de bien, la fiesta es de quien no tiene miedo, aunque las balas pasen cerca. ¿Pero por qué seguir bailando? ¿Qué hay para celebrar? Nada probablemente, excepto una cosa. Que la fiesta es nuestra”.

Se consigue a través de las redes sociales de Ediciones Las Guachas o vía edicioneslasguachascontacto@gmail.com 

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