ERUPCIÓN DEL VOLCÁN PUYEHUE
Hace 13 años el día se convirtió en noche
Hace 13 años la fuerza de la naturaleza impactó por completo en las comunidades de Bariloche y la región con la inesperada erupción del volcán Puyehue-Cordón Caulle, de Chile.
El 4 de junio de 2011 era un sábado frío pero soleado y alrededor de las 15 horas, todo comenzó a cambiar. El cielo se fue cubriendo y en pocos minutos, llegó la noche. El desconcierto fue total, la gente comenzó a enviar mensajes o a llamar telefónicamente intentando entender lo que estaba sucediendo.

No hubo tiempo para mucho más porque comenzó a caer un granizo desconocido, grande y gris y luego, llegó la lluvia de arena volcánica. En pocos minutos se fue cubriendo el maravilloso verde que rodea a la ciudad y todo fue perdiendo su color.
Pasadas varias horas ya se sabía que había entrado en erupción un volcán en Chile y los supermercados se abarrotaron de personas que, desesperadas, compraban agua mineral, papel higiénico y algo de comida. Más tarde se sumaron los barbijos.
La información que llegaba era muy poca y tan diversa que solo creaba mayor confusión. Que inhalar esas cenizas dañaba los pulmones fue una de las más alarmantes y contundentes. Había que usar el sentido común pero no era tan simple hacerlo en el medio del caos.
Mascotas a resguardo y a esperar a que esa tormenta totalmente desconocida cesara, el cielo tronaba a más no poder y solo se iluminaba con relámpagos y rayos.
Cerca de la medianoche comenzó a calmar pero muy pocos descansaron. Algo había que hacer aunque no había muchos indicios de por dónde empezar.

Bariloche quedó paralizado, sus calles, barrios y bosques quedaron sepultados bajo una profunda capa gris.
Muy pocos comercios abrieron sus puertas y de manera totalmente espontánea, vecinos se fueron agrupando con palas en mano, para despejar.
Y poco a poco la ciudad se fue levantando, se hizo cotidiano ver pasar por las calles, camiones volcadores colmados de cenizas. Meses después Bariloche y su gente se habían puesto de pie con una campaña en la que se unieron miles de vecinos para limpiar la ciudad de ceniza.
Hubo comunidades a las que les tocó otra clase de suerte por la erupción. Los pobladores de la Línea Sur vieron morir sus animales por falta de agua y alimento y aún ahora, 13 años después, se encuentra esa ceniza en el suelo, entre coirones.
