2023-09-29

BARILOCHE Y UNA ACERTADA PREMONICIÓN 120 AÑOS ATRÁS

“El clima de la Colonia tiene que modificarse cuando los bosques vayan desapareciendo”

Aunque consideraba positivo el aumento de la población y la ampliación de los campos, Apolinario Lucero acertó con su pronóstico respecto a qué sucedería con las nieves barilochenses.

En marzo de 1903 llegó al Nahuel Huapi el ingeniero Apolinario Lucero, bajo contrato con la Dirección de Tierras y Colonias de la República Argentina. Seis meses después, el profesional elevó un informe a la Sección Geodesia que, visto desde hoy, resulta una vívida descripción del aspecto que presentaba Bariloche 120 años atrás, más allá del evidente racismo del funcionario.

Nótese que, si bien el decreto que formalizó la existencia de la localidad data del año anterior, Lucero compartió que “en San Carlos y Puerto Moreno se han formado dos pequeños grupos de población, creo que sería oportuna la creación de un pueblo en San Carlos o Bariloche basándose en el plantel que hay actualmente”. Quiere decir que, según su percepción, todavía no había aquí poblado alguno que mereciera tal nombre.

Su informe está reproducido en “Las colonizaciones del Nahuel Huapi. Patagonia-Argentina” (Del autor-2017), el libro que publicó Cristian Pablo Müller, experto en consideraciones cartográficas. A pesar de su expresión anterior, el ingeniero apuntaba a sus superiores que “la población actual en estos terrenos es bastante numerosa, se compone de indígenas procedentes de Chile, de chilotes o chilenos procedentes del Archipiélago de Chiloé y de alemanes que en su mayor parte han venido también de Chile”.

Lucero consideraba que “de estos pobladores los únicos que tienen verdaderamente condiciones para colonos son los alemanes, pues tanto los indios como los chilotes se limitan a sembrar el trigo y las papas que necesitan para su consumo, empleándose después como peones a jornal. Es gente viciosa y dañina, incapaz de un trabajo continuado, que en cuanto reciben algunos fondos se entregan a la bebida y a toda clase de excesos hasta consumir el último centavo, volviendo recién entonces al trabajo”.

A partir de ese diagnóstico, apuntaba el profesional que “sería inutilizar los terrenos entregarlos a colonos de esta clase y será, además, hacer un serio perjuicio a los verdaderos colonos darles semejantes vecinos”. Obviamente, para el de Buenos Aires, debía privilegiarse a los de origen europeo, entre ellos, “los tres hermanos Book (Boock), los Goye, los Mermoud, Mulenpforth (Mühlenpfordt), Goedecke, Runge y especialmente, la casa Hube y Achelis”.

Como vimos una semana atrás, no todos los funcionarios pensaban de igual manera respecto de ese emporio comercial de capitales alemanes. Pero más allá de sus arbitrariedades, Lucero observó que “la colonia produce actualmente una buena cantidad de trigo y harina que basta para el consumo, papas y legumbres de excelente calidad, quesos y manteca”. 120 años después, si se llega a cortar el puente sobre el Limay…

Lucero consignó también “un buen número de animales vacunos y yeguarizos de crianza y labor aunque en cantidad tiene que ser limitada pues el colono tiene que reducir su número a los animales que puede mantener en invierno cuando la mayor parte de los campos está cubierta de nieve. Estos campos no se prestan para la crianza de ovejas, pero las cabras se desarrollan perfectamente”, consideró el visitante.

Todavía faltaban tres décadas para que Ezequiel Bustillo tuviera la chance de desplegar su proyecto turístico. Para el ingeniero, “esta colonia tiene que ser agrícola y pastoril, pues teniendo en cuenta la configuración del terreno y la clase de las tierras, un colono no puede vivir con una sola de estas industrias, especialmente en los lotes reservados” por las mediciones nacionales.

Párrafos más adelante, Lucero lanzó una profética advertencia, aunque en su opinión sería benévolo el horizonte. “El clima de la Colonia tiene indudablemente que modificarse y suavizarse cuando la población aumente y los bosques vayan desapareciendo, pues la principal causa de que la nieve permanezca tanto tiempo en los campos son estos bosques que atajan los vientos”.  No hace tanto, el mes del viento era noviembre. Ahora, ¿cuál no?

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