A 50 AÑOS DE SU ASESINATO, ES FIRME SU TRASCENDENCIA COMO CREADOR
Víctor Jara, “un hombre que es realmente quien dice ser”
Su canción “Manifiesto” fue incluida en una “historia de la canción protesta” en la que casi todas y todos los mencionados son estadounidenses o ingleses. Dolorosa excepción.
En un libro de casi 900 páginas en el que sobresalen figuras como Bob Dylan, James Brown, John Lennon, Stevie Wonder, The Clash, U2, Rage Against the Machine, Green Day y otros emblemas, es el único sudamericano. El volumen se titula “33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta” (Malpaso Ediciones-2016) y tiene como autor al británico Dorian Linskey, quien se tomó la molestia de advertir que, sobre todo, su monumental trabajo tiene como referencia al universo anglosajón. Sin embargo, allí está Víctor Jara, de cuyo asesinato se cumple el 16 de septiembre de 2023, medio siglo. Para Linskey, por su canción “Manifiesto” no podía estar ausente en la exhaustiva compilación.
El capítulo correspondiente hace mención al interés que despertaron en Phil Ochs los sucesos que tenían lugar en Chile. Se trataba de otra figura de la escena folk estadounidense, contemporánea y similar a Dylan, aunque sus canciones no tuvieron mayores repercusiones por estas playas. El 31 de agosto de 1971, Ochs y unos amigos “andaban paseándose por Santiago cuando divisaron un hombre guapo de cabello rizado que sostenía una guitarra y charlaba con una mujer”. Después de acercarse, supieron que “se trataba del cantante folk Víctor Jara y de Joan, su mujer inglesa”, reconstruyó Linskey.
Ese día, el autor de “Te recuerdo Amanda” brindaría un concierto en el intervalo de un partido de básquet que disputarían el elenco de una universidad y mineros del cobre. Propuso que Ochs cantara dos canciones y la relación se estableció, a tal punto que semanas después, los dos actuaron en la televisión. Después de esa experiencia, el estadounidense le dijo a su hermana: “Acabo de descubrir lo auténtico de verdad. Pete Seeger y yo no somos nada comparados con esto. Este es un hombre que realmente es quien dice ser”. Días después, Ochs siguió viaje por la Argentina y Uruguay. Nunca volvería a ver a su colega cantautor.
Víctor vino al mundo en 1932, en Lonquén. “El padre de Jara, Manuel, era un campesino analfabeto, pero su madre Amanda era una cantante folk leída que deseaba un mejor futuro para sus hijos y decidió mudarse a Santiago con toda la familia cuando Víctor todavía era un niño”, contextualiza la semblanza de Linskey, que publicó la primera edición de su libro en 2011. Dos años después de llegar a la capital, Amanda falleció y el futuro músico la pasó mal. Después de hacer el servicio militar, “se vio impelido a explorar el legado musical de su madre y viajó por el campo para estudiar las canciones populares”. Además, en 1956 empezó a estudiar Teatro en la Universidad de Chile.
En la bohemia de la capital trasandina conoció Violeta Parra y también se unió a Cuncumén, “cuyo nombre indígena era un indicio de sus auténticas aspiraciones”, especula el texto del británico. Pero esa es historia más o menos conocida. Veamos por qué el otrora fundador de Quilapayún ingresó en la trama global de la “canción protesta”: a comienzos de septiembre de 1973, la suerte quizá ya estuviera echada pero los partidarios de Salvador Allende se propusieron festejar el tercer aniversario de la elección.
“El matrimonio Jara fue avisado de que debía hacer planes para huir cuando sucediera lo peor, pero Víctor decidió quedarse y luchar. De modo inesperado, su último álbum fue el menos politizado, se trataba de una colección de osadas canciones campesinas llamado Canto por travesura”, historió el británico. En aquella oportunidad, justificó Víctor: “Nosotros los chilenos somos gente jovial con gran sentido del humor. Y necesitamos recordarlo”.
Iba a salir durante ese mes fatídico, pero apenas si alcanzaron a imprimirse las tapas. “Jara también había grabado algunas canciones para su próximo álbum, que se compiló de manera póstuma. En el tema que lleva el título del disco, 'Manifiesto', Jara explica por qué canta, emplazándose como Pete Seeger, ya no como estrella sino como vehículo para el mensaje”, subraya la aseveración de Linskey.
Dice la canción “que el canto tiene sentido / cuando palpita en las venas / del que morirá cantando”, entre otras cosas. Para el inglés, “la interpretación es tremendamente triste: suena como un adiós”. Fue un adiós… El 11 de septiembre Víctor fue a la Universidad Técnica y le dijo a Joan: “Volveré tan pronto como pueda”. No pudo cumplir con su palabra. Para diciembre de 1973, la flamante dictadura había ultimado a 1.500 civiles. Entre ellos, Víctor Jara fue el único músico de trascendencia. Tanta, que es el único sudamericano en las casi 900 páginas de “33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta”. Dentro de poco, mil guitarras y mil voces sonarán por él. Tal vez sean más.