2023-09-08

REFUGIADOS EN LOS BOSQUES DE LLAO LLAO

El golpe en Chile y la solidaridad que pudo brindar Bariloche

 

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Mientras Gendarmería buscaba a los fugitivos de la dictadura trasandina, sectores obreros brindaron la ayuda que estuvo a su alcance. Notable incidencia en la inmigración.

El caso de Sigifredo Aros, quien encontró refugio en Bariloche después del golpe de Estado de 1973, estuvo lejos de ser el único. Si bien el cronista no pudo encontrar trabajos académicos específicos que refirieran al impacto que tuvo la irrupción del pinochetismo en la migración hacia esta ciudad, algunas pistas hay. A propósito, juega un rol importante la memoria oral, que habla de una cantidad considerable de arribos y de las redes que brindaron cobijo.

Es el caso de “Acá también pasaron cosas”, una ponencia que tiene como tema principal la “Violencia en Bariloche entre 1973 y 1976. Peronismos, represión y prácticas políticas”. Su autor es el profesor de Historia y docente Gerardo Beain, quien la compartió en un congreso de la especialidad en 2018. Si bien sus entrevistados se refirieron al nudo de su contribución, también deslizaron algunos comentarios a propósito de la coyuntura que se abrió 50 años atrás.

“Sí, vinieron muchos (refugiados) y la gente los ayudaba en la medida de lo posible. Por ejemplo, en esa época yo trabajaba en los kilómetros y había más bosque que hoy. Llegaban por esa zona escapando de Chile y se quedaban trabajando en la zona del Llao Llao y los obreros los protegían”. El testimonio corresponde a Jorge Pilquiman, quien habló con el investigador en 2005, cuando el entrevistado “se acercó voluntariamente a unas jornadas por la memoria organizadas por el Centro de Estudiantes del CRUB”, confía el texto del profesor.

Entre 1973 y 1976, Pilquiman era albañil y militante del peronismo de las Bases. Según los recuerdos que compartió con Beain, “Gendarmería los buscaba permanentemente, pero siempre se los trataba de proteger porque sabíamos que eran personas que tenían familia y que andaban disparando (escapando) de los militares de Chile. En eso había conciencia”. El fragmento de la entrevista no aparece en la ponencia, pero el historiador tuvo la deferencia de compartirlo con este cronista.

También se refirió tangencialmente a la situación que vivieron los perseguidos y perseguidas por la dictadura chilena Germán González, quien durante mucho tiempo fue secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados Municipales (SOYEM). En sus intercambios con Beain, comentó que “enseguida después del golpe, había unos contactos con los compañeros montos (por Montoneros) de Buenos Aires. Nosotros éramos los referentes, los recibíamos acá, les dábamos alojamiento, comida, unos dos o tres días, y después algunos se quedaban acá, otros se iban”.

Según el municipal, “los que eran profesores de universidad se iban a Inglaterra, España, casi todos a Europa. Y los que eran laburantes, casi todos se quedaban acá”. Fue el caso de Aros (ver aparte), quien permaneció en Bariloche. La dictadura había truncado sus estudios de Sociología en Santiago y, además, ya tenía familia en esta ciudad, como muchos otros de las y los que consiguieron cruzar la cordillera.

Otro trabajo académico brinda un marco más general al período. “Entre las décadas de 1970 y 1980 en particular, Bariloche experimentó un acelerado incremento demográfico, alentado por el aumento de la demanda de mano de obra y el crecimiento de la actividad y la infraestructura turísticas. De 26.799 habitantes en 1970, pasó a albergar a 48.222 en 1980 y a 81.001 en 1991, convirtiéndose en la ciudad más poblada de la provincia de Río Negro desde 1980”.

En este caso, el texto se titula “Exilio chileno y migración interna en Bariloche. Notas sobre la organización de las barriadas populares hacia los años 80” y tiene como autor a José Daniel Benclowicz, investigador de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y el CONICET. Para el decenio y como podía sospecharse, “el período de mayor inmigración desde Chile se corresponde con la dictadura de Augusto Pinochet”.

En efecto, el “exilio político forzado por las persecuciones, los despidos masivos y las políticas de ajuste impulsados por la dictadura pinochetista alentaron la salida de miles de trabajadores. Se ha estimado entre 500 mil y un millón el número de exiliados chilenos entre 1973-1989, tanto por causas políticas como por el deterioro de su situación económica. La principal región receptora fue la Patagonia argentina, y dentro de ella, Bariloche se ubica entre los destinos más destacados”.

En particular, el trabajo de Benclowiczs indaga en cómo la organización del barrio 10 de Diciembre estuvo íntimamente relacionada con la militancia que aportaron vecinos de origen trasandino que habían llegado a esta ciudad, con la intención de alejarse de los peligros de la dictadura pinochetista. 50 años después de aquel golpe, sus consecuencias todavía están vigentes, también de este lado de la cordillera.

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