2023-09-06

APOCALIPSIS. SOBREVIVIENTES DESCARGAN SUS MENTES EN UNA SUPERCOMPUTADORA

¿Qué iremos a hacer cuando quede “Nada aquí excepto sombras”?

Se trata de una obra teatral del grupo Máquina Desnuda. Se podrá ver en dos funciones el próximo viernes (8 de septiembre) y también siete días después. Una reflexión sobre “la disyunción entre cuerpo digital y real”.

“En tres pantallas gigantes, actores virtuales interactúan en escena con actores en vivo para crear una narrativa ambientada en un futuro postapocalíptico, donde un grupo de personajes se funden y se confunden en su entorno digital. Son los sobrevivientes de una élite que ha descargado sus mentes en una supercomputadora, en un esfuerzo por escapar de una catástrofe sin nombre que ha aniquilado a la humanidad”.

Tan perturbadora trama es la que corresponde a “Nada aquí excepto sombras”, la obra de teatro que el grupo Máquina Desnuda pondrá a consideración del público el próximo viernes (8 de septiembre) a través de una doble función, a las 20 y a las 21. La acción se desarrollará en el Centro Municipal de Arte, Ciencia y Tecnología (puerto San Carlos), en el contexto de la Agenda que impulsa la Subsecretaría de Cultura.

“Nada aquí excepto sombras” tiene como autor a Andrés Vaccari, con actuaciones de Agustín Ariza, Emilia Herman, Ayax Farías Carrau, Francisco Vargas, Lucila González, Gustavo Barbato, Andrea Ramonda, Sofía Suez, Lucas Contreras, Enrique Braunstein y Luciano Levín. El diseño de iluminación es trabajo de Sebastián Cárcamo y la dirección, responsabilidad de la propia Sofía.

El Cordillerano intercambió algunas palabras con el dramaturgo para conocer más de la propuesta. “Es una obra híbrida que combina instalación, cine y teatro”, introdujo. En aquel contexto postapocalíptico que apuntábamos al comienzo, “los contenidos mentales se han degradado y mezclado con productos virales”, que son “las fantasías autogeneradas de una máquina encerrada en sí misma. Ya no es posible distinguir las individualidades originarias de los jirones de data residual”, describió.

En cuanto al elenco, informó el escritor y también académico que “Máquina Desnuda se formó en 2018 alrededor de un grupo de actores y gente de visuales. La dirige Sofía Suez. Entre nuestras producciones se cuentan los videos de Machinic Demiurge, un proyecto musical propio, y Nada Aquí Excepto Sombras. Esta obra surgió de un Proyecto de Investigación y Creación Artística de la UNRN. Máquina Desnuda es una red, más que una organización”, precisó.

La trama que propone “Nada aquí excepto sombras” nos atañe a todos y todas, porque “se propone explorar el tema de la descorporización (sic) en la cultura tecnológica contemporánea. El eje temático subtextual gira alrededor de la escisión de la mente del cuerpo” y también, “de las relaciones esquizofrénicas que la tecnología postmoderna impone entre la existencia virtual y la vida de carne-y-hueso”, cuestionó Vaccari.

En materia teatral, “estas tensiones, distancias y disyuntivas se dramatizan en el escenario por medio de interacciones entre imágenes y actores anónimos sobre los cuales se proyectan las personalidades pregrabadas, las cuales podrían describirse como los ‘personajes virtuales’ de la obra. Esta interacción entre imagen y cuerpo se articula de diversos modos para explorar los diferentes registros en los que se desarrolla la vida mediatizada”, añadió.

Como se sabe -a veces pareciera que no- “nuestra experiencia contemporánea de esta disyunción mente-cuerpo tiene como protagonista a las tecnologías de la información”. En la puesta, “la función de las proyecciones es la duplicación de los cuerpos, la producción de un actor-simulacro. Los actores en vivo de la obra, con sus trajes y máscaras, hacen referencia a los orígenes del teatro, esta vez apareciendo como actores desdoblados entre cuerpo y discurso”, explicó el escritor.

“En términos estéticos, la idea central de la obra es crear un paralelismo visible y tangible entre aspectos estéticos-técnicos y filosóficos, en los que la misma materialidad de los objetos en escena -cuerpos, imágenes, proyecciones, sonidos- presenten la imposibilidad del sueño de la transcendencia y la inmortalidad digital. La disyunción entre cuerpo digital y cuerpo ‘real’, entonces, es el eje dramático sobre el que se monta la propuesta estética de la obra”. Clarísimo.

No debieron ser pocos los desafíos que afrontó la directora para disponer tres lenguajes bien diferentes. “El de la música siempre está presente en el teatro, pero el cinematográfico fue el más novedoso y desafiante al momento de construir una dramaturgia, ya que tuvimos que articular lo que sucedía en la escena con las acciones en las pantallas”, compartió Sofía. “Parte de la idea era tomar un abordaje experimental con los actores y partir de su experiencia en el espacio, con las pantallas y demás”.

En el trayecto, “tuvimos que abandonar algunas ideas algo complejas, como usar body mapping y hologramas, para explicar un registro mucho más crudo y vacío”, redondeó la directora y también actriz. Habrá otras dos funciones el viernes (15 de septiembre) en los mismos horarios y emplazamiento, pero pareciera que ciertas reflexiones se tornan impostergables.

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