2021-06-28

UN REPASO POR SU VIDA

Elma sopló 99 velitas

Elma Sara Morris es reconocida como la estudiante más longeva del sistema universitario argentino y estuvo de festejo al cumplir 99 años. De espíritu inquieto siempre intenta superarse y lo educativo, va de la mano de la calidad humana que la rodea.

En su Luna de Miel con Otto

 Ha participado de muchos talleres de Upami y entre sus preferidos están el de oratoria, inglés e historia del Arte  aunque su paso por el teatro le hizo comprender que por ahí, no era el camino.

Nació en Flores y hace más de 45 años que se vino a vivir a Bariloche, “yo era ama de casa y mi marido tenía una empresa de construcción, de los 9 años a los 23 crié a mi hermano entonces no quisimos saber nada de tener hijos”. Es una mujer muy informada, “necesito saber lo que pasa pero no me gusta la política” aseguró.

Tiene algunos problemas de salud entonces cuando es necesario utiliza lupas para lograr su cometido, porque no acepta barreras para llegar a sus metas. Ríos, lagos y montañas son la pasión de Elma, practica y ha enseñado  Tai Chi hasta la fractura de cadera que le quitó movimiento.

Son muchas las cosas que ya no puede hacer pero las ha ido reemplazando por otras, aceptando los tiempos y las posibilidades físicas.  Nada la detiene y llegar a los 99 tampoco es un impedimento.

Sus allegados la describen con una gran cualidad, el saber escuchar. Acompaña, aconseja y reprende de ser necesario, claro que tiene la experiencia suficiente como para hacerlo.

 

Aunque no pudo festejar como a ella le gusta, igualmente fue a la peluquería para un día tan especial

 

El amor

Elma nació y se crió en Flores y al recordar a ese primer hombre afirmó “era del barrio y yo lo odiaba”, con esa sorprendente primera respuesta, había mucho más para preguntar.

Cada domingo por la mañana ella se encargaba de lavar la vereda “él siempre me decía algún piropo y yo me daba vuelta para otro lado furiosa, evidentemente ya sabía mis horarios, así que un día junté bastante agua en la escoba y cuando pasó, se la sacudí y lo empapé”. Esa secuencia fue vista por su mamá quien la reprendió diciéndole ¿cómo te atreviste a hacer semejante cosa?

En esos tiempos, las jóvenes iban al baile por la tarde acompañadas por sus madres, “nosotras íbamos al Club del Banco Provincia, un día llegamos y cuando nos sentamos, veo que en la mesa de atrás estaba él con un amigo”.

Tenía ya 24 años pero al ser soltera, estaba mal visto que saliera sola “le dije a mi mamá, si me saca a bailar el rubio ese, lo voy a despreciar diciéndole que no”. La respuesta fue contundente, “bueno, si hacés eso, nos vamos a casa y no venimos más”.

Obviamente que el caballero se acercó “bailamos foxtrot y algunos tangos, él me hablaba y yo miraba para otro lado”. Después de ese primer acercamiento la iba a buscar al trabajo o la acompañaba hasta el tren “se ponía al lado mío y yo seguía sin mirarlo, aunque era muy pintón para mí seguía siendo odioso” aseguró. Seguía al lado de ella en los bailes “siempre terminaba en sus brazos aunque no quisiera pero después, esa furia se me pasó” dijo.

“Un día mi papá lo invitó a que pasara a casa y bueno, ya está, entró a mi vida y después me fui encariñando porque era tan perseverante que me ganó por cansancio”, dijo con el humor que la caracteriza.

Así Otto poco después le propuso matrimonio y estuvieron juntos aproximadamente 70 años “se terminó convirtiendo en el amor de mi vida al final” afirmó.

La pareja no tuvo hijos “mis padres se divorciaron y mi hermanito de 8 años quedó solo, Otto decidió que se viniera a vivir con nosotros así que lo criamos y convivimos hasta que tuvo 23 años”.

El viaje de bodas fue a nuestra ciudad “estaban los carteles del edificio y Otto me dijo qué me parecía si comprábamos un departamento para venir en verano, le dije ‘hacé lo que quieras’”. Fueron a ver al dueño y cerraron trato pero tardaban mucho en continuar la obra “mi marido le dijo que le diera siete obreros y él terminaba el departamento y así fue”.

Otto en Buenos Aires tenía una empresa de construcción entonces cuando finalizaba las obras, se venían a pasar un tiempo a Bariloche hasta que finalmente, decidieron mudarse de manera definitiva. “La empresa de mi esposo tuvo a su cargo la construcción del Planetario que está en Palermo, fue un encargo de la Municipalidad” contó.

 “En casa los libros no faltaban, además yo fui pupila en un colegio inglés al que iba Mirtha y Silvia Legrand, pero ellas entraron cuando yo estaba por terminar” recordó.

 

 

 

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