DÍA DEL ESTATAL: UN TRABAJO FUNDAMENTAL
Mientras todos duermen, ellos recolectan nuestra basura
Testigos de un Bariloche que duerme, los recolectores de residuos recorren las calles, cargando en el camión lo que descartamos. Los vemos correr, subir y bajar del camión pero muy poco sabemos de lo que significa este oficio tan sacrificado.
Ismael Gallardo tiene 40 años y a sus 18 entró a trabajar a Cliba, la empresa privada que en ese momento tenía a cargo el servicio, ahora es chofer de uno de los camiones. “El trabajo en ese entonces era mucho más exigente, el que aguantaba una semana quedaba y el que no, se iba”.

“Antes las rutas eran más largas, hacíamos desde las 7 de la mañana hasta las dos o tres de la tarde, del 98 al 2001 no había trabajo así que no quedaba otra que aguantar”. Al retirarse esa empresa, el municipio tomó a algunos de los empleados.
Es un oficio de gran exigencia física, “mentalmente también porque tenés que estar muy alerta todo el tiempo, yo jugaba mucho al fútbol cuando era chico y tuve que dejar porque tenía que estar muy bien físicamente para mi trabajo”.
Culturalmente se cree que los muchachos recolectores son indestructibles en la cancha, “todo lo contrario, tenemos compañeros que juegan pero llega un momento en el que hay que elegir entre estar bien en el trabajo o seguir con el fútbol”.

El mejor trabajo
Ismael detalló “hay que levantarse muy temprano, abrigarse en el invierno pero solo lo suficiente porque el calor del cuerpo se hace sentir al correr, es complicado aunque para mí, es el mejor trabajo que pude haber encontrado”.
Agregó, “te mantenés bien, saludablemente, obviamente estás siempre al límite por los riesgos, pero lo vivo con mucha libertad, no podría estar ocho horas adentro de una oficina”. Tienen un horario de entrada y un recorrido, y una vez que lo finalizan, ya disponen de su tiempo.
Acompañado por Agustín García y Gonzalo de la Hoz, amigablemente dialogó con El Cordillerano bajo el frío del vertedero, al finalizar su tarea diaria.

Peligros
Subir y bajar del camión en marcha, recolectar las bolsas de los cestos de basura con elementos punzantes, latas o vidrios, los perros sueltos y los automovilistas... no es simple. “Corremos el riesgo, hay conductores que mantienen la distancia del camión pero otros no, los chicos se cruzan de calle, el tema de los perros no va a terminar nunca porque la gente no toma conciencia”, dijo.
El vidrio va en cajas
Antes lo más peligroso estaba relacionado a los residuos patógenos, eso ya no sucede pero siguen encontrándose con botellas rotas “pedimos a la comunidad que si tiene que tirar vidrios, los pongan adentro de cajas o si son pocos en tetras, todo lo punzante lo encontramos con nuestras manos”.
Los recolectores deben ponerse determinadas vacunas, “la antitetánica, la de la gripe, hepatitis y ahora, según nuestras edades, la de COVID”.
Anécdotas
Luego de tantos años de trabajar en la recolección de residuos, son miles las anécdotas que Ismael ha ido acumulando. “Una madrugada encontramos en su auto a un muchacho que estaba sufriendo un ataque al corazón, había escuchado por ahí que podía ayudar así que lo bajé y lo puse de costado y el poco tiempo reaccionó”.
Han visto choques, “asaltos y cosas que la gente no nos cree, una vez vimos un auto tirado en una zanja con la gente adentro borracha y durmiendo y hemos despertado a algunos que quedaban tirados en las veredas”. Ahora -dice- Bariloche está más calmado.
Lunes y martes son los días que más horarios de recorrido tienen, “en temporada sube mucho el volumen de basura pero si las unidades funcionan bien, no hay problema”.
El sistema de trabajo de un chofer no es apto para impacientes, “tengo que ir parando cada tres o cuatro metros y me conozco los tachos de todos los rincones de la ciudad, hasta me doy cuenta cuando cambian alguno” dijo bromeando.
En la parte trasera del camión van dos muchachos “todo el tiempo soy consciente de que llevo dos vidas a mi cargo y que corren riesgos, más las vidas que me rodean como chofer, y sé que un minuto de distracción podría ser irremediable”.
Muchas veces se tienen que cruzar en contramano, “hay gente que no lo entiende pero prefiero hacerlo y no que se lastime uno de mis compañeros, son dos segundos”.
Ismael antes de ser chofer corrió durante once años. “Lagos, Martínez y Oyarzo trabajan conmigo desde Cliba y corrieron mucho más”, reconoció.
La experiencia ha llevado a que aprenda cómo debe manejarse para evitar accidentes y eso lo transmite a los que recién ingresan.
No levantan
Al ser consultado acerca de cuáles son las cosas que no levantan, dijo “por ejemplo los escombros, el tema del pasto la gente no entiende pero si lo llevamos al vertedero, con el resto de los residuos genera gases que después provoca incendios”.
Pidió que en la basura la gente no ponga comida mezclada “son segundos que le lleva en sus casas el separar lo seco con lo húmedo, eso evitará que los perros rompan las bosas”. Las pilas en lo posible, pide que se pongan en una botella de plástico y luego se recubran con algo de cemento para que no contaminen el suelo.
“Si la gente tomara la basura con más responsabilidad, sería mejor para la ciudad porque ya no hay lugar donde tirar los residuos”, recordó.
A pesar de sufrir el frío y todas las contrariedades que uno no llega a imaginar, nunca se arrepintió del trabajo que realiza. “Mucha gente dice que ganamos una fortuna y es mentira, pero es un trabajo que hay que valorar porque no todos se animarían a hacerlo”.