2020-07-10

EN SU LIBRO “LA CONQUISTA DE QUINCE MIL LEGUAS”

Estanislao Zeballos desautorizó en varias oportunidades a Francisco Moreno

La primera tirada de la obra fue distribuida entre los oficiales que a partir de 1879, comandaron las columnas de la Campaña al Desierto. En particular, fueron objeto de polémica las apreciaciones del futuro perito sobre el Limay.

Estanislao Zeballos desautorizó de manera categórica las apreciaciones de Francisco Moreno en relación al río Limay en su obra “La conquista de quince mil leguas”. El periodista escribió el volumen para que sirviera de guía a los oficiales que lideraron columnas en las expediciones de 1879, a tal punto que la primera tirada del libro entre ellos se distribuyó. “El señor Moreno, que es el último viajero que ha recorrido aquellas comarcas, lo hizo a caballo, y por consiguiente nada puede informarnos sobre cuestiones hidrográficas”, desmereció el futuro ministro de Relaciones Exteriores.

Sus objeciones fueron todavía más allá. “Algunos de los datos que trae no son serios ni verosímiles, debido precisamente a que no ha navegado el río ni lo ha visto de una manera continua, sino en trechos, y cuando el terreno de las barrancas permitía el tránsito de las cabalgaduras”. No obstante, hay que decir que el publicista de Julio Roca, no pasó ni cerca del río que hoy divide las jurisdicciones provinciales de Río Negro y Neuquén.

Sin embargo, sus cuestionamientos al futuro perito en Límites fueron muy enérgicos. En su descripción, apuntó que “a tres leguas de Manzana-geyú (sic) Bejarano pasó el arroyo Piquin-Puranmi, que desemboca frente al arrojo Hechicero, afluente del este del Limay; y a veinte cuadras antes de llegar a aquel arroyo, reconoció Bejarano un salto, que debe ser forzosamente el Salto de los Mosquitos de Villarino y no fue visto por el señor Moreno en 1875, pues equivocó su situación”.

Quizás haga falta recapitular. El sargento mayor Mariano Bejarano se había internado en 1872 al oeste del Limay con el ánimo de alcanzar las tolderías de Sayweke para contabilizar la gente de pelea y proporcionar a sus superiores una descripción de la geografía, por entonces desconocidas en Buenos Aires. En tanto, el viaje del piloto real Basilio Villarino databa de un siglo antes, cuando arribó hasta las nacientes del Chimehuin en el verano de 1783.

Para rebatirlo, Zeballos citó a Moreno extensamente: “pasada la sierra se halla la Pampa Morada o Cum-belfem, que con Cum-cum-geyú forma los valles extensos del Limay. Entre estas dos abras existe una colina, alta de 600 pies, cortada a pico sobre el río”. Su elevación sería de aproximadamente, 183 metros. Sigue el explorador: “Allí Villarino coloca el Salto de los Mosquitos, pero lo busqué en vano. Creo que como este río cambia muy a menudo de curso, hoy las piedras del salto están cubiertas por arena”.

Salto de los Mosquitos

Según la objeción de Zeballos, “Villarino sitúa el salto antes de las colinas. El señor Moreno no había leído al emprender su exploración el Diario del mayor Bejarano, así es que no se preocupó de verificar la situación precisa del salto visto por dicho oficial, que en nuestra opinión no puede ser otro sino el Salto de los Mosquitos de Villarino”. Para sustentar su aseveración, el autor reprodujo parte de la narración del militar.

Ésta dice: “unas veinte cuadras antes de llegar a dicho arroyo (el Piquin-Puranmi), se halla al salto de piedra formado por la aproximación de la sierra. Este salto que probablemente opondrá dificultades a la navegación, tiene próximamente (sic) un ancho de veinte cuadras y de altura un par de varas”, es decir, unos 10 metros. Para Zeballos, “los afluentes del Limay entre el Neuquén y el Colloncurá no merecen el nombre de ríos”, según estableció.

Ni pequeñas variaciones ortográficas soslayó el jurista oriundo de Rosario: “a 41 millas del Neuquén halló Villarino uno de estos pequeños tributarios que llama Pichi-Picún-Leuvú (pichi, pequeño; picun, norte; leuvú río)”, tradujo Zeballos. “Este río tiene cinco varias de ancho, una de profundidad y una corriente de milla por hora. Es el mismo de nos habla el señor Moreno bajo el nombre de Picun-Lefú, que es un nombre mal escrito, porque lefú no es voz araucana, sino leuvú, río”, insiste el texto. Todas las expresiones del mapuzugun o idioma mapuche, están en itálica en el original del abogado.

Si bien se dice que originalmente el rosarino apoyó la expedición del bonaerense, quizás existiera entre ellos algún tipo de rivalidad aunque más no fuera intelectual, porque al repasar ciertas páginas de su libro, pareciera que Zeballos sólo se concentró en rebatir las apreciaciones del por entonces, joven explorador. “En cuanto a la avanzada opinión de que el Colloncurá no sea navegable, no ha sido fundada como era de esperarse”, cuestionó el autor de “La conquista de quince mil leguas”.

“Al contrario, el señor Moreno se contradice al afirmar en un mismo párrafo que no ‘cree navegable’ el río que ‘Villarino navegó en una gran extensión’. Si lo navegó el piloto español con buques pesados, de vela y mal construidos, ¿por qué no ha de ser navegable hoy que se construyen vapores de seis pulgadas de calado?” Esa medida equivale a poco más de 15 centímetros. ¿A qué embarcaciones se referiría el político?

Por nuestra parte, sumemos que probablemente Zeballos leyera un tanto por arriba el diario de Villarino. A la ida, en ese tramo de su recorrido, sus hombres debían cavar sobre el lecho del río para profundizar un tanto su cauce, de forma diaria. En un par de ocasiones, hicieron fuerza para levantar al menos una de las chalupas. El avance se produjo en la época de la bajante y la verdad, los marinos del rey se vieron en figurillas parar avanzar.

Sin embargo, es verdad que el panorama cambió sustancialmente a la vuelta, al producirse las primeras lluvias y nevadas. En pocas jornadas, los caudales del Chimehuin y el Collon Cura se incrementaron notablemente y permitieron el rápido retorno de la pequeña escuadra. En efecto, el trayecto que había demandado siete meses de denodados esfuerzos a la ida, se redujo a tan sólo 21 días para el regreso.

Por las dudas, recordemos que la fisonomía actual del segundo río nada tiene que ver con la actual, ya que se ensanchó notablemente como consecuencia de las represas que se construyeron a fines de los 60 y principios de los 70 del siglo XX sobre el Limay. No obstante, la historia le daría la razón a Moreno en su implícita polémica con Zeballos, en cuanto a la navegabilidad de los cursos de agua.

Fuente cuestionable

El autor de “La conquista de quince mil leguas” también objetó algunas de las fuentes de las que se valió Francisco Moreno para elaborar sus informes. Anotó que “el señor Moreno visitó el río Neuquén en 1875 y lo único que sobre él nos dice en su relación de viaje es lo siguiente”. A continuación, cita: “El paso del Limay se halla muy cerca de la unión de éste y del Neuquén o Comoé con el río Negro, en una playa ancha llamada Cheguan-Gueyú; en este punto el río tiene de ancho cerca de 250 m. y llevaba una corriente muy rápida por haber empezado recién el deshielo en la Cordillera”.

Con una nota al pie, Zeballos mencionó que “este nombre (Comoé) es usado por Petterman. El señor Moreno llevaba la carta geográfica de este autor, publicada en 1875 por Justus Perthes, de Gotha, carta que no es exacta en las indicaciones que se refieren a nuestra frontera y que tampoco pueden serlo puede serlo en la sección de las Manzanas, según las relaciones de Villarino, Bejarano y el mismo Moreno”. Discrepancias a cada página.

Adrián Moyano

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